domingo, 24 de mayo de 2015

Semana del 25 al 31 de Mayo.




Dena

 

Intenciones de las celebraciones Eucarísticas. De lunes a sábado a las 21:00 horas.

 
Lunes: Por Dolores Álvarez Salgueiro y Dolores Casal Souto.



Martes: No habrá Misa.
Miércoles: Por Manuel Valladares Rial, adre y abuelos.

Jueves: Por Chicho do Forcado y su hijo José Manuel. A las 21:30 Reunión del grupo sinodal.

Viernes: Por Dolores Limeres Outón, padres y hermano.

Sábado: Por Elvira Touriño Pombo, esposo José Manuel y Carmen Soutulo, Jorge Vidal Camiña; Olvido Ozores Larriba; Juan Carlos Padín Castro y su tío Alberto Daniel.

Domingo: Primera a las 9:00 por Milagros Vidal Riveiro, esposo Horacio, madre Eladia; Ángel Moraña, padres y hermanos. Albino González Fernández y su hijo José González Padín. Segunda a las 12:30 por los niños que reciben la Primera Comunión.

 

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Por la semana a las 20:00 horas.

 

Jueves día 28: Por Manuel González Dosil y su hijo, da Touticeira; Albino Camiña García, de Gondar, esposa e hijo; A todos los Santos a intención de Carmen González Cacabelos; Aurora Buezas Pérez, esposo José Antonio y sus hijos Gerardo y Videlina.

Sábado día 30: Por Manuel Cacabelos y esposa Rosa, da Lomba; José Manuel Pérez Fernández e hijo Antonio; Nélida Outón Torres y sus padres José y Josefa y abuela María Fernández Tacón; Manuel Pita Souto y esposa Claudia, da Salgueira; Manuel Casal Torres a intención de su hija; Simón Domínguez Touriño, de Gondar; Juan Méndez Tacón, Cielo Basdedios, de Peai.

Domingo día 31: Primera a las 10:30, por Delfina González Torres, de Roxique, padres y difuntos de la familia. Vicente y Dorinda, do Novello. Segunda a las 11:30 por las intenciones de la Parroquia.

domingo, 17 de mayo de 2015

Glosa dominical


Reflexión a modo de notas, hacia dónde nos orienta la liturgia del domingo
FUERA DEL ALCANCE DE LA VISTA, CERCANO AL CORAZÓN
¡Misión cumplida! Es hora de volver al Padre. Ahora os toca a vosotros. “Vosotros seréis mis testigos en Jerusalén, en Samaría, en Judea y hasta los extremos confines de la tierra”. Y cuando hubo dicho esto, se levantó a vista de sus ojos hasta que una nube les privó de su visión, sus ojos llenos de asombro, fijos en el cielo en dirección hacia el lugar de su desaparición. ¿Pero dónde había ido tan lejos de sus ojos?
Con la Ascensión, Jesús se convierte en invisible. Y la invisibilidad es peligrosa, porque a menudo nos aleja. Fuera de la mirada y lejos del corazón, como si la ausencia afectara a la relación. ¿Pero es verdad que el tener a Jesús fuera del alcance de la vista nos lo hace tener lejos del corazón? No, porque nuestra historia de creyentes, que es la historia de la Iglesia, nos demuestra que el hecho de tener a Jesús en la aparente lejanía no lo ha borrado de nuestro corazón.
 
La invisibilidad de hecho no es una ausencia, sino otro tipo de presencia, la del Espíritu, a través del cual Jesús está hoy más cercano a nosotros, que antes cerca de sus discípulos: antes estaba con ellos, ahora está dentro de nosotros. La Ascensión cambia todo: Jesús está fuera del alcance de la vista pero cercano a nuestro corazón. Desde aquel día tenemos un Dios al alcance en cada esquina de nuestro camino. Jesús no nos abandona, sino que nos da cita fuera del estrecho núcleo de nuestras pertenencias. El mundo es la plaza del Evangelio, las calles del hombre son las direcciones, toda la sed de amor, de paz y de verdad que anida en el corazón del hombre, es una invocación a buscar nuevos horizontes.
Los apóstoles marcharon todos. ¿Y nosotros? A menudo sucede que cielo y tierra, vida eterna y acontecimientos humanos son colocados por algunos en contraste en una relación de  mutua exclusión. La fe cristiana los acerca y los une. Corremos tras el Señor que sube; y no pudiendo alcanzarlo permanecemos en la tierra, en el seno de su Santa Iglesia, imitando a los apóstoles que se reunieron en el Cenáculo para implorar al Espíritu Santo. Todo lo hacemos, cada día, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. (San Juan XXIII)
Fr. Tomás M. Sanguinetti

Semana del 18 al 24 de mayo.




Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: Por José Manuel Dadín Salgueiro y a las Ánimas a intención de una devota.

Martes: No habrá Misa.

Miércoles: A las 20:00 horas por Aquilina Castro Casal, madre y esposo Antonio. Adonis García Dopazo y esposa Dolores.

Jueves: Por Cándido, Diamantina, Valentina, Elisa y Ángel. Pepe, Alfredo y difuntos de la familia. A las 21:30 Reunión de Catequistas.

Viernes: Por Emilia Piñeiro Piñeiro y Amparo Ares Regueiro.

Sábado: Por José Manuel Suárez Abuín; Consuelo Basdedios Rey; Justa Blanco Domínguez y difuntos de la familia a intención de su prima Julia; Manuel Vázquez Galiñanes e hijos fallecidos.

Domingo: Primera a las 9:00 h; por Carlos Laredo, esposa, padres y hermanos. Rafael Basdedios García, Nélida Gándara y Arturo Pérez Bouzada.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Por las semana a las 20:00 horas.

Jueves día 21: Por José Manuel Camiña García y su madre Dolores. María Dolores Carballa Pérez, da Salgueira.

Sábado día 23: Por Victoria García Carballa, da Tomada; Pedro Velón González Pardo, esposa Luz de Francisco, hijos Juan, Morris y Mercedes Ororbia Robatto, de Velón; Simón Domínguez Touriño, de Gondar; Arturo Garrido Oubiña, de Peai; Sebastiana Vidal Otero y esposo Francisco.

Domingo día 24: Primera a las 10:30 por Manuel Amador Padín Castro y Arturo Rey Méndez. Segunda a las 11:30 por las intenciones de la Parroquia.

domingo, 10 de mayo de 2015

Glosa dominical




Reflexión a modo de notas, hacia dónde nos orienta la liturgia del domingo
PRECEDIDOS Y GUIADOS POR EL AMOR
Estamos recorriendo el camino de la Pascua: este nos invita a reconocer a Jesús vivo y vencedor de la muerte, capaz de dar vida nueva a cada uno de nosotros. El Resucitado que se aparece a los discípulos les lleva a recordar todo lo que había dicho antes de entregar su vida. A la luz de la muerte y la resurrección sus palabras asumen otro espesor, son más claras y elocuentes, llegan hasta nosotros. Y se convierten cada vez más fuertes con el pasar de los años cuando nos acompañan en las experiencias gozosas y tristes de nuestra vida. También hoy escuchamos algunas palabras pronunciadas por el Señor en la hora del testamento, del último saludo, cuando se hace esencial y verdadero.

En los domingos precedentes ha hablado de sí mismo y de su relación con los discípulos mediante bellas y conocidas imágenes: el pastor y las ovejas, la vid y los sarmientos. Para Jesucristo el sentido de su vida es la relación con nosotros, no se puede pensar si no en relación (tanto el pastor como la vid no tienen sentido sin las ovejas y los sarmientos), y nos invita también  a pensarnos en este modo, como alimentados por la relación vital con Él.

C:\Users\FRANSESC\Desktop\187399237_c616a87da0_m.jpgHoy, continuando el discurso de la vid, deja de lado las imágenes y va al corazón de la revelación de Dios, que no consiste en comunicación de ideas y mucho menos de normas, sino en una relación de amor: lo que Jesús vive con el Padre es lo que ha querido vivir con los discípulos. Antes de dejar a los suyos los exhorta a permanecer en esa relación, es decir a corresponder con la propia y concreta vida al don de amor que han recibido. Esta relación de amor tiene una condición: “cumplir los mandamientos”. Como Jesús, obedeciendo al Padre, ha hecho una experiencia de su amor, de la misma manera invita a los suyos a ser obedientes a su mandamiento: amar a los hermanos como Jesús ha amado a sus amigos. La condición para continuar recibiendo el don del amor de Dios es esparcir ese don entre nosotros, no cerrarnos a los demás, relacionarnos con los demás de la misma manera que lo hemos visto en Jesús, superando otras maneras humanas que son diferentes, hasta el punto de dar la vida por los otros. Este es el fruto que Jesús espera de nosotros, sus amigos. La consecuencia, el fin por el que Jesús nos llama a entrar en esta relación que parte del Padre es la alegría: en vistas a que podamos participar de su alegría, tener una alegría plena.

Este proyecto de amor con la humanidad, contempla aún san Juan en la epístola de hoy, donde encontramos la famosa frase breve que dice todo lo que de más sublime se puede decir de Dios: “Dios es amor”. Juan desarrolla esta definición con algunos aspectos de este misterio: Dios ha tomado la iniciativa, ha sido el primero en amar, y lo ha hecho cuando la Humanidad estaba lejos de Él, cuando amar ha significado perdonar el rechazo, el pecado. Entonces el camino para conocer a Dios es amar, sabemos que somos sus hijos si amamos. Y no hace falta ir a no se sabe bien donde o cuidarnos de quien sabe quién. Basta amar a quien está cerca.

C:\Users\FRANSESC\Desktop\8635512384_457b14e9db_o.jpgConocemos bien este “corazón” de la revelación cristiana (el amor), conocemos también la condición que Jesús pide y la promesa ligada a la obediencia. Pero al mismo tiempo conocemos cuán difícil es seguir al Señor en este camino. Este es idéntico para todas las vocaciones y las formas de vida cristiana; en cada una nos ofrece cada día algunas renuncias, pasos valientes que dar, elecciones difíciles que nos cuestan. Detengámonos y preguntémonos: ¿en mi vocación, como estoy amando día a día al que tengo cerca, de la misma manera que me ha amado Jesús? ¿Hay algún otro paso, algún gesto concreto, alguna elección importante, que me permita caminar en la dirección que Jesucristo me enseña?
Si cada uno de nosotros está encamina en esta dirección, también es posible preguntarnos como comunidad, como Iglesia, porque damos testimonio de Jesús no sólo personalmente, sino también en la manera que vivimos entre nosotros. En la primera lectura, de los Hechos, se nos narra un paso importante llevado a cabo en los primeros años de la Iglesia: Pedro entra en casa de Cornelio, un romano gentil, que vivía en Cesarea Marítima. Dios había enviado a sus mensajeros tanto a Cornelio como a Pedro para que se encontrasen. Después de haber anunciado a Jesús, Pedro entiende que el Espíritu Santo desciende también sobre las personas allí reunidas, es decir reconoce que Dios va por delante de él, abre nuevos caminos, hacia donde Pedro por sí solo no hubiera jamás pensado. Si como Iglesia no estamos a la escucha del Espíritu, Él nos abre caminos insospechados para que el amor de Dios pueda llegar a todos aquellos que lo esperan. 

Fr. Tomás M. Sanguinetti

Semana del 11 al 17 de mayo.




Dena

Intenciones de las Celebraciones Eucarísticas. De lunes a sábado a las 21:00 horas.

Lunes: Por Emilio García Meis, difuntos de la familia y José Caneda Pérez.

Martes: Por José Da Silva Gaspar y su madre.

Miércoles: A la Virgen de Fátima por las intenciones de la Parroquia.

Jueves: A las 21:00 Reunión de Catequistas.

Viernes: Por Pilar Martínez, hija y padre. Marcos Vidal Da Silva y Juan Carlos Moraña Laredo.

Sábado: Por Justa Méndez Torres y esposo; Ricardo Moldes Alfonso y abuelos; Elisa Cousido Padín y difuntos de la familia; Esperanza Varela y nieto Luis; Dorinda Pombo y difuntos de la familia; Francisco Novas y Dorinda Olveira.

Domingo: Primera a las 9:00 por las intenciones de la Parroquia. Segunda a las 12:30 a Santa Lucía a intención de un devoto. A San José a intención de una devota.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Por la semana a las 20:00 horas.

Miércoles día 13: A la Virgen de Fátima por las intenciones de la Parroquia.

Jueves día 14: Por Servando Filgueira, hijo Serafín y esposa; Arturo Méndez Camiña, esposa Aurea e hijo Manuel.

Sábado día 16: A las 10:30 primer Aniversario de Jesús Fernández Otero. A las 20:00 Misa por Horacio Martínez Domínguez, da Bouza; María Esther Méndez Afonso y su padre Juan Antonio Fernández Dopazo y esposa Amalia Salgueiro, de Roxique; Carmen Torres Tacón y Juan Vidal Torres; A la Virgen de los Milagros y a San Benito a intención de María Moldes Lores, da Costiña.

Domingo día 17: Primera a las 10:30 por Albino Mayán Buezas; Cándido Andrade García y su hijo, de Lagarey. Segunda a las 11:30 por las intenciones de la Parroquia.

domingo, 3 de mayo de 2015

Glosa dominical



TODO EMPIEZA EN LA VID
¡Ya es primer domingo de mayo! Quinto de Pascua o IV después de Pascua, como se prefiera: aire de primavera, tiempo de primeras comuniones, de bautizos, de bodas, de romerías y fiestas parroquiales…
Aunque en nuestro interior existan motivos de preocupación, cavilaciones, cansancio de fin de curso, la liturgia nos invita a ir de nuevo al corazón del Evangelio para recordarnos de donde y de Quién venimos. Y para indicarnos de nuevo el camino. Y abre de nuevo nuestros sentidos para respirar al ritmo de la creación y de la naturaleza, a pesar de que vivamos en ciudades plagadas de edificios, llenas de tráfico y ruidos.
Y mira por donde que después de la figura del Buen Pastor y de las ovejas propuesta por el evangelio del domingo pasado (en el modo ordinario) o de hace dos domingos (en el extraordinario-misal de 1962), en este domingo nos llega una imagen muy apreciada por Jesús: la vid y los sarmientos. De entre todos los arbustos y plantas que conocemos, la vid es sin duda uno de los más originales: por la forma, por su composición, por las hojas, y en modo particular, por sus frutos.
Sabemos bien que para aquel que ama la buena mesa, un grano de uva nos hace desear otro, hasta acabar con el entero racimo y para pensar, al menos por un instante, qué hay dentro de un vaso de buen vino.
C:\Users\FRANSESC\Desktop\CANANAA.pngJesús lo sabía muy bien cuando escogía, con la complicidad de su madre, iniciar sus signos transformando 600 litros de agua en otros tanto de vino, sintetizando en pocos momentos- y ahí reside la belleza de este milagro- todo el proceso que parte de una semilla, de una vid, de un sarmiento, hasta llegar a la uva, a la vendimia, al lagar, al vino, a nuestra mesas…
El acontecimiento de Caná –cuando aún no había llegado la hora- nos habla de una vid ufana capaz de llenar de alegría la existencia de los hombres. Pero es únicamente en el discurso de despedida, en su adiós, una vez llegada la Hora, que Jesús nos habla de la vid, de aquello que se encuentra en los inicios, y de los sarmientos unidos a Él.
Y, como una escena a cámara lenta, como un zoom sobre las nervaturas de las ramas de un árbol, como el microscopio de un documental que nos hace detener a observar de cerca aquella misteriosa y espléndida unidad que une los sarmientos a la cepa, tal como Cristo y los cristianos. Y que transforma aquella vid dándole forma de cruz, arbusto cuya savia está llena de Resurrección.
En esta imagen el Señor es más claro y conciso: hay un Padre agricultor, existe un Hijo-Vid y después estamos nosotros los sarmientos. Y hay un verbo repetido siete veces en el fragmento del evangelio: permanecer. Y resulta el mismo que encontramos en la epístola: “En esto conocemos que él permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado”
Quizá no sepáis que se trata del mismo verbo usado en el inicio del evangelio de San Juan, cuando se nos describe aquel encuentro en aquella tarde –eran las cuatro- de los dos primeros discípulos con su pregunta: “¿Dónde vives?”(Es decir: ¿Dónde permaneces?) Y con la posterior e inmediata invitación a seguirle, a venir y ver donde permanecía. Y aquel día permanecieron con Él.
Y desde aquel día los discípulos empezaron a comprender donde permanecía Jesús. A partir de aquel día Jesús empezó a explicar a sus amigos que su morada tenía un nombre preciso: el Padre. Porque entre Jesús y el Padre existe una profunda comunión en el Espíritu Santo, que hace de las Tres Personas un único Dios.
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También nosotros estamos invitados a entrar en el sentido profundo de aquel verbo “vivir, morar, permanecer”, evitando el riesgo de malentendidos. Porque "permanecer" no significa “estoy un poco y después me voy” ni ser cristianos a la carta, a tiempo parcial. Ni tan siquiera es quedarse en la parroquia, visto que es a menudo la pregunta que, llena de amargura, se hacen las catequistas y los sacerdotes en este periodo: ¿Permanecerán estos niños después de la Comunión o estos chicos después de la Confirmación? ¿Los veremos el próximo domingo?
Permanecer tiene un sentido profundo, más verdadero, más comprometido y totalizante: significa hacer correr en nuestras venas la misma savia vital de Cristo, significa respirar a su mismo ritmo, significa dar fruto con Él, porque sin Él nada podemos hacer. ¡Nada! No dice: podemos hacer poco. ¡No podemos hacer nada!
No nos engañemos: una fe compuesta únicamente de fórmulas, de gestos, de ritos, es pura esterilidad. Es leña seca, paja que el viento levanta y dispersa.
La fecundidad que da mucho fruto existe solo si Cristo es Vida de nuestra vida. Permanecer en Cristo significa dejar que el amor que nos viene del Padre a través del Hijo sea como una ola vital dentro de nuestra existencia, es advertir que somos mente, corazón, sentidos, sangre por la que corre la vida que puede regenerar todas nuestras esperanzas.
Para el que permanece en Él nace entonces un sentido gozoso de todo: la alegría de sentir que todo es don y todo encuentra sentido en su amor. Y nace la belleza de ser Iglesia, ya no separados unos de otros, sino cada uno en relación con los hermanos porque se vive de un mismo amor. Es la experiencia que Saulo hace después de la experiencia transformadora del camino de Damasco cuando entra, no sin dificultades, en la comunidad cristiana. Los discípulos de Jerusalén en un primer instante lo temen y lo tiene lejos, después lo protegen y lo defienden.
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Sarmientos para ser quemados
¿Qué es lo que había cambiado? Habían comprendido que la misma vida de Cristo estaba en él y que el pasado ya no contaba. Contaba la nueva realidad, su común asimilación a Dios. Esto es aquello de “llevar fruto”: “Quien permanece en mí y Yo en él, ese da mucho fruto”. El fruto consiste en mostrar que el amor no está hecho de palabras, sino de hechos y en la verdad.
Pero hay que subrayar una última cosa en el evangelio de hoy. Si bien es cierto que el sarmiento seco se tira y se quema, también se afirma que el sarmiento que da fruto se poda. Y la poda –lo sabemos- siempre es una herida. Porque amar es un riesgo: comporta heridas. Amar quiere decir convertirse en vulnerable con respecto de aquellos que amamos.
Ha sido necesaria la Cruz para que el fruto de la vid apareciera en la mañana de Pascua. Y ha sido derramado para darnos el vino del amor. Si aún hay amor en el mundo, en la Iglesia, en las familias, si hay aún alegría, es porque aún hay tantos sarmientos que aceptar ser podados para dar más fruto. No es un sufrimiento estéril, sino fecundo. Porque el Amor, el verdadero amor, siempre engendra vida. 

Fr. Tomás M. Sanguinetti

Semana del 4 al 10 de mayo.




Dena

Intenciones de las Eucaristías. De lunes a sábado a las 21:00 horas.

Lunes: Por Mucha Fernández Salgueiro y Carmen González Balsa. Comienza la catequesis intensiva de los niños de primera comunión.

Martes: No habrá Misa.

Miércoles: Por José Luis Estévez Domínguez y difuntos de la familia; Ricardo Basdedios y Ángela Padín.

Jueves: Por Manuel Vázquez Galiñanes, esposa e hijos fallecidos. Al Sagrado Corazón de Jesús a intención de un devoto. Reunión del grupo Sinodal.

Viernes: No habrá Misa.

Sábado: Por Antonio Otero Carballa; Luisa Blanco Velázquez y Teodina Salgueiro González.

Domingo: Primera a las 9:00 por Ramiro García Dopazo y Rosa Fariña Lojo; Benigno Gándara Blanco y Juana Radío Santiago. Segunda a las 12:30 por las intenciones de la Parroquia.

 

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Por la semana a las 20:00 horas.

Martes día 5: Por Manuel Otero Fernández y a la Virgen de Lourdes. María Esther Lores Blanco, de Piñeiros. A las 20:30 Grupo Sinodal.

Jueves día 7: A las 19:00 horas primer Aniversario de Carmen Fernández Otero.

Sábado día 9: Por Dolores Valladares Lores; Hortensia Soutullo Caneda; Victoria Fernández Méndez, esposo, hijo Luis Vidal Fernández y difuntos de la familia, da Arnosa. José Vázquez Pombo, Peregrina Souto Méndez y Herminia Torres Souto, da Bouza de Gondar; Aurea Basdedios, do Carballo, esposo y difuntos de la familia; Eduardo Fernández Domínguez y esposa Sara; Manuel Caneda Agraso, esposa Matilde, hijos Baldomero y Manuel.

Domingo día 10: Primera a las 10:30 por Francisco Cores Padín y difuntos de la familia. Milagros Rosal Ferreiro y difuntos de la familia; José Manuel Dadín Limeres y sus hijos Luis y José Manuel; Basilio Solla Piñeiro a intención de su esposa; María Luisa Gonzalo González y Dorinda Abelleira, a Campanta.