domingo, 9 de junio de 2024

LA SIMPLICIDAD Y LA PACIENCIA EVANGÉLICAS

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Cedro del Líbano (izquierda), Árbol de mostaza (derecha)
Concluido el tiempo pascual y las fiestas que le suceden, la liturgia nos devuelve al ritmo del tiempo ordinario. La liturgia de este domingo expresa la absoluta soberanía de Dios que actúa sus designios en la historia. El profeta Ezequiel presenta la esperanza de Israel bajo la imagen de un alto cedro de la cima del que Dios tomará un ramito que plantará en la montaña más alta de Israel y que crecerá dando cobijo a todos las aves del cielo. La parábola es un canto de esperanza. Habla de Dios y de su misericordia, anuncia el futuro de Israel convertido en lugar de peregrinación para todos los pueblos. Y obviamente nos ofrece una enseñanza moral: el Señor abate los altos árboles y ensalza el más humilde árbol, seca lo ufano y hace florecer lo seco. Todo en correlación con la perícopa del evangelio de Marcos que describe el misterioso proceso del crecimiento de una semilla. Es la analogía para comprender el crecimiento del reino de Dios, aunque revela las claves secretas de nuestra vida y abre ante nuestros ojos el camino de la esperanza y de sus dos principales tentaciones: por una parte creer de manera presuntuosa que podemos atribuirnos el fruto de la esperanza y por otra, aviso para impacientes y superficiales, pensar que los medios sencillos y la simplicidad de los principios no pueden llevarnos a grandes éxitos.

Toda la Iglesia ha de estar disponible con simplicidad y paciencia, adecuándose a la capacidad de comprensión de las personas y al ritmo personal de cada individuo. Todos debemos cooperar con humildad a la difusión del Evangelio. Todos hemos de sembrar con generosidad el mensaje. A pesar de las contradicciones que el Reino de Dios ha de sufrir en la tierra, las parábolas de Jesús son una invitación a la confianza y al optimismo, ya que el Reino es obra de Dios y no de los hombres. Dios tiene otros ritmos, otros criterios y otros recursos respecto a nuestros límites, a nuestras impaciencias, a nuestra estrechez de miras. Una vez sembrado en el corazón, el Reino de Dios crece por su cuenta. Es una maravilla de Dios, tan grande y hermosa cuán grande y hermoso es el crecimiento de la semilla sembrada en el terreno. 
 

De este modo, el crecimiento del Reino de Dios no depende de las fuerzas humanas: supera las capacidades humanas porque tiene dentro de sí un dinamismo propio. El evangelista Marcos quiere subrayar la mayor confianza que el hombre debe tener en la acción de Dios en la propia vida y en la historia, sin abandonar el esfuerzo cotidiano de corresponder a la fuerza interior del Espíritu en nuestro corazón. Hemos de evitar tanto el quietismo como el activismo febril que hace depender todo de nuestros esfuerzos y méritos.

Es necesario conservar la esperanza. Y cultivar la virtud de la paciencia que no puede adelantar la hora de la siega y la cosecha. Y por encima de todo no dudar de la realidad de la acción de Dios en el mundo y en nuestros corazones. San Ignacio de Loyola ha dejado escrito para sus seguidores: “obra como si todo dependiese de ti sabiendo que todo depende de Dios”

Semana del 10 al 16 de junio.

 

Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: Por Isaura Cacabelos Vidal.

Martes: A la Virgen del Carmen a intención de los devotos del Santísimo Sacramento.

Miércoles: Por Manuel Padín Suárez.

Jueves: Festividad de San Antonio. Misa a San Antonio, por la Parroquia.

Viernes: Obligaciones del Celebrante.

Sábado: Por Álvaro Besada Vázquez, esposa María Caneda y difuntos de la familia.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:00 por Celia y Ovidio.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Martes: Por Modesta Pombo Padín y esposo Valentín.

Sábado: A las 10:30 primer Aniversario de Ricardo Tilve Varela. A las 20:00 por Dolores Lores Ferreiro.

Domingo: Misa a las 11:00 por las intenciones de la Parroquia.

domingo, 2 de junio de 2024

ALIADOS, NUNCA MÁS ENEMIGOS

 

 
Cuando vemos las noticias en los informativos y podemos presenciar la ceremonia pública de la firma de una alianza entre dos estados, observaremos como los jefes de estado firman un documento, sentados en una mesa, y al término se intercambian sonriendo las plumas estilográficas. Cada uno de ellos conservará en su archivo una copia del tratado de alianza firmado por ambos.

Pero a veces, ningún documento, ninguna firma. Sólo un sencillo gesto de amistad, que hoy en día está presente en todas las culturas del mundo (la encajada de manos) ha sancionado el fin de décadas de hostilidad y el inicio de una relación completamente nueva. Los enemigos han pasado a ser amigos. 
Ahora entre los dos estados existe una nueva relación, el pasado es olvidado. Las personas pueden circular libremente de un estado a otro, las mercancías y los bienes pueden intercambiarse después de un largo embargo. La apertura de un grifo o una toma de agua que había sido anulada, comporta beneficios, comunicación, paz, vida.
 
Santa Cena
 
Lo mismo ha deseado hacer Dios con el hombre en el curso de tantos miles de años. Ha buscado un modo para hacer una alianza con los hombres, convertirse en su amigo, para que los hombres pudiesen recibir sus bienes y pudieran pasar libremente de la tierra al cielo, vivir en paz y amistad entre ellos y con Él. Ha intentado abrir aquel grifo que permite a los hombres recibir su Agua Viva, que nos da la vida eterna. Pero existía un problema: con Dios no se puede ir con “golpecitos en la espalda”. A Moisés que de manera ingenua le pedía ver su rostro, Dios le contestó con severidad que nadie podría jamás ver su rostro porque “nadie puede verme y permanecer con vida”. E inmediatamente después Dios concedió a Moisés el poder ver sus hombros, pero no su rostro. (Ex. 33,23) Algo es algo. 
Dios siempre ha tenido la misma obsesión en su trato con los hombres: buscar como colmar una distancia infinita. La distancia existente entre Dios y el hombre está bien sintetizada en la segunda lectura con la expresión “obras de muerte”. El pecado, que es justamente una obra de muerte porque nos hace morir, tiene el  poder diabólico de mantenernos distantes de Dios, impedir que Dios colme la distancia.
Entonces Dios ha inventado una cosa muy hermosa que se llama alianza. La alianza funciona así: el hombre se compromete a observar los mandamientos de Dios, y Dios en cambio le garantiza su bendición y la salvación de las obras de muerte. Todo esto Dios, siendo invisible, no lo puede hacer con una encajada de manos ante la multitud de medios gráficos, sino mediante un rito donde, en vez de tinta, se usa la sangre. La sangre es el elemento con el que se firman las alianzas en la Biblia. 
En la liturgia de esta fiesta de Corpus hay dos palabras que están presentes en todas las lecturas y en buena parte del oracional: sangre y alianza. Su cercanía confirma lo dicho hasta aquí. 
La sangre era usada en el Antiguo Testamento para sancionar el pacto de amistad entre Dios y el pueblo de Israel. Sangre de cabras y terneros, sangre de toros…El pueblo que participaba de la alianza era rociado con sangre como signo de santificación y de purificación. La sangre servía como tinta: los que eran marcados con ella se convertían en aliados de Dios, siempre bajo la condición de observar sus mandatos.  
Misa de San Ignacio en Manresa
Los que hayan visto la última película de Ridley Scott, titulada “Éxodus. Dioses y Reyes” quizás recordarán la escena en la que los hebreos, la noche antes de partir de Egipto, sumergen trapos en cubos llenos de sangre con los cuales empapan los dinteles de las puertas de sus casas. Una escena impresionante. Las entradas de las casas inundadas de sangre. Moisés les había garantizado una cosa: aquella sangre protegería a los primogénitos de los israelitas de la muerte. En aquella noche la sangre del cordero salva la vida de los israelitas.
La Escritura describe muchas alianzas de Dios con el hombre, que repetidas veces ofrece a los hombres su alianza por medio de los profetas enseñándoles a esperar en la salvación. Pero hay un problema: los hombres continuamente trasgreden las varias alianzas que Dios hace con ellos. Sería como si dos estados hicieran un pacto comercial, con ciertas cláusulas y, después de rubricarla, uno de ellos empezase a comportarse como un enemigo en vez de como un aliado.  
 
En la Ultima Cena, Jesús ha instituido una alianza que es nueva y eterna: es la última. No habrá otras. Aquella es la definitiva y final a la que jamás Él renunciará, que nunca se cancelada por Él.  Es una alianza blindada. 
 
Esta alianza nueva, definitiva, final e indisoluble, Dios la ha querido firmar con la sangre de su Hijo, que ha dado su vida “obteniendo así una redención eterna y purificando nuestra conciencia de las obras de la muerte, para que sirvamos al Dios viviente”.
Los efectos de este pacto definitivo son dos, ambos maravillosos: 
  1. Jesús desde ahora y para siempre es el Mediador de una Nueva Alianza
  2. Siendo su muerte en rescate por las trasgresiones cometidas bajo la primera alianza, aquellos que han sido llamados reciben la herencia eterna que les había sido prometida. 
La Iglesia desde hace 2000 años obedece el Memorial del Señor, repitiendo en la celebración de la Santa Misa sus mismos gestos y sus idénticas palabras. Cada vez que los sacerdotes lo hacen en su memoria, el Mediador viene entre nosotros, vivo y real, y nosotros recibimos la herencia eterna. 
La solemnidad de Corpus que hoy celebramos sirve para recordar al pueblo de Dios que en aquel trocito de pan y en aquel vino del cáliz, están el Cuerpo y la Sangre de Jesús, el Hijo de Dios, que se ha entregado por nosotros para darnos la herencia eterna. 
En este día, en muchos países del mundo, el Santísimo Sacramento, será llevado en procesión por las calles de las ciudades y pueblos, y la gente preparará alfombras de flores y guirnaldas para demostrar que cree en esta presencia real, misteriosa pero eficaz, de Jesús en la Eucaristía. Jesús está presente realmente con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, en el Santísimo Sacramento Eucarístico. 
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Hoy nos arrodillamos ante esta presencia que construye a la Iglesia y celebramos la nueva y eterna alianza, no rociándonos con  sangre y mucho menos empapando los dinteles de nuestras casas con ella. Sino alimentándonos con el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Por ello, queremos repetir con la Iglesia entera y con Santo Tomás de Aquino, un fragmento de una oración antigua y admirable, el Lauda Sion, considerado con el culmen de la poesía religiosa de todos los tiempos, por su profundidad doctrinal y sabiduría estética. 
Bone pastor panis vere, Jesu nostri miserére: tu nos pasce, nos tuére: tu nos bona fac vidére in terra vivéntium. 
¡Oh Buen Pastor, Pan verdadero, oh Jesús nuestro, ten misericordia de nosotros!: ¡apaciéntanos y cuídanos; y haznos contemplar los bienes verdaderos en la tierra de los vivientes!

Semana del 3 al 9 de junio.

 


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas. Hasta el jueves continuamos con la Novena al Sagrado Corazón de Jesús. Sobre las 20:40 Rosario, Novena y Eucaristía.

Lunes: Al Sagrado Corazón de Jesús a intención de un devoto.

Martes: Por Luis Castro Fernández y sus padres.

Miércoles: Por Carmen Dopazo Padín, esposo Marcelino y difuntos de la familia.

Jueves: Por José García Fernández; Manuel Pimenta Domínguez.

Viernes: Misa Solemne al Sagrado Corazón de Jesús, por la Parroquia y por una familia muy interesada en tenerla ese día.

Sábado: A las 10:30 primer Aniversario de Santos José Álvarez Bea. A las 21:00 misa por Ramón Sineiro Radío; Pura Dopazo Dadín.

Domingo: Primera a las 9:00 por Aurora Insua Camaño, Lolita Camaño y difuntos de la familia. Isabel y Joaquín Martínez. Segunda a las 13:00 Solemne al Santísimo Sacramento con procesión, por la Parroquia.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Martes: Por Herminia Castro Pérez; Pedro García Souto, Lola Leiro Méndez, de Piñeiros; Oscar Buezas Pérez.

Sábado: Por Pepe Troncoso Poceiro; Manuel Ruel, Manuel Ciuro y María Agraso, da Lomba; Josefa Caneda Bande.

Domingo: Misa a las 11:00 por María Soledad Dozo Chaves; Amelia Padín, de Piñeiros, Alfredo Lores Lores, de Piñeiros e hija María Esther.

domingo, 26 de mayo de 2024

NO HAY DIOS SIN TRES

 


Todas y cada una de las palabras que pronunciamos desde el inicio de la celebración eucarística tienen como objetivo el adentrarnos en el misterio del Dios Uno y Trino. Con la oración colecta y las lecturas que escuchamos en esta fiesta, se nos desvela este Dios único bajo sus tres realidades: Padre, Hijo y Espíritu Santo. 
Como el misterio de Dios no es un interrogante (una cuestión sin respuesta) sino una exclamación (una maravilla para descubrir), la liturgia católica prevé el hacernos vivir esta maravilla entre dos fiestas mayores: la del don del Espíritu Santo del pasado domingo (como si el Espíritu fuese la puerta necesaria para decir “Dios”) y la del jueves/domingo próximo, la del Cuerpo y Sangre de Cristo, porque la Eucaristía permanecerá para siempre como la Presencia Real de Jesucristo entre nosotros.
¿Quién de entre nosotros no habrá usado cientos de palabras para decir “Dios” a niños o adultos? En la catequesis, en diálogos de fe, intentando contestar a alguna pregunta o sencillamente explicando nuestra religión a un musulmán que piensa que somos politeístas. Todos hemos experimentado dificultades de vocabulario. Nuestra religión a veces parece bien complicada, bien cerebral.

Quisiera proponeros dos imágenes para hablar de Dios. El acompañamiento de jóvenes y de adultos que se inician en la fe nos exige sencillez. Y es con ellos que han surgido estas imágenes.
La primera es la de un niño de cuatro años, a quien sus padres enseñan a santiguarse: marcan su cuerpo con el signo trinitario. En el nombre del Padre, sobre la frente, signo del cerebro y de la inteligencia. Dios de entrada se revela como el Creador, Aquel que da existencia a las realidades visibles e invisibles. Dios es Padre porque engendra la Vida. 
En el nombre del Hijo, en el vientre, porque es el lugar del nacimiento. El hijo ha tomado carne en el vientre virginal de María. Dios se ha hecho hombre. Dios ha nacido en humanidad. Dios se ha encarnado.
En el nombre del Espíritu Santo, sobre los hombros, lugar de la fuerza. El Espíritu es la fuerza de Dios en beneficio de nuestra humanidad. El Espíritu es quien permite la comunión de los corazones. La horizontalidad de este gesto atraviesa la verticalidad de relación del Padre al Hijo.  El Espíritu nos hace atravesar la vida del Padre y del Hijo. 
Este niño que se santigua hace más teología de lo que se imagina. Mientras aprende a hacer sobre su cuerpo el signo de la cruz, el niño aprende al mismo tiempo que su cuerpo es el lugar de la presencia de Dios. Hijo bienamado del Padre, hermano de Jesucristo, Templo del Espíritu Santo. 

Mi historia, mi vida es presencia de Dios porque Dios la tiene presente. La fe en un Dios trinitario no es sólo un acto de adhesión  al misterio de Dios o de comprensión de mi inteligencia de tal misterio. Ante todo es el descubrimiento de que mi vida está presente para Dios, porque Dios ha confiado en mí, que me ama en mi humanidad a pesar de la dosis de pecado. Dios Trinidad me revela que la fe no es únicamente creer en Él, es ante todo creer que Él, Dios, cree en mí y que de resultas, yo puedo creer en Él.  La Trinidad me revela que Dios me ama y que en nombre de este Amor, pone en mí el signo de la presencia del amor. El lugar donde el Hijo ha amado más al Padre, sobre la cruz, yo lo pongo en mi cuerpo para que aquí también, en mi cuerpo y en mi alma, Dios me ame. 
La segunda imagen me viene de un recuerdo de adolescencia, cuando nos entreteníamos escondiendo mensajes escritos en papelitos. Cada uno de esos papelitos llevaba escrita una parte de las frases que teníamos que recomponer y descubriéndolas podíamos saber cuál era el tesoro y dónde estaba escondido. Este descubrimiento del Dios único que se revela en tres personas no es la complicación teórica (el enmarañamiento) del Dios de los cristianos: sino el cumplimiento de una historia revelada que llamamos Historia Sagrada o de la Salvación, en la que Dios se nos desvela progresivamente. 
Padre porque engendra a Israel, le da la Ley, la del Padre y de un Dios tierno y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad. Espíritu porque habla a los profetas, da la alegría y la perfección de vida. Pone a los hombres en comunión con Dios. E Hijo bienamado, signo del amor entregado del Padre. Esta es la historia que Dios nos enseña. No nos la inventamos. 

Cuando tenía 14 o 15 años, un amigo me enseñó su pequeño laboratorio fotográfico, aún en blanco y negro. Aprendí a esa edad cómo se revelan las fotos: a partir de un negativo y de una fuente lumínica, aparece un rostro que se revela. Simplemente exponiendo un negativo a la luz. 
En la Historia Sagrada Dios revela su rostro progresivamente. Cuando el revelador ha hecho su trabajo, sumerge la película en un baño ácido que actúa como amortiguador del PH que se llama “baño de paro” y que hace que la foto guarde su justo contraste. Ese rostro revelado se sumerge en el agua. Como el Hijo bienamado se sumergirá en el agua para que el Padre lo autentifique como el Hijo a quien hay que escuchar. Y para que esta revelación no amarillee ni envejezca, hay que fijarla en el papel. Es como el Espíritu Santo que fija para siempre el rostro de Dios sobre el Bienamado.
Perdonad esa imagen atrevida, un poco mecánica, un poco demostrativa. Dios no tiene prueba. Una revelación es una prueba, pero Dios permanece un misterio. Si nos ha dado la Escritura y una inteligencia, es también para que nosotros nos sirvamos de ella cuando intentamos pensar en Él, cuando intentamos hablar de Él. 
Estamos rodeados de realidades inabarcables, a las que intentamos acercarnos mediante una gran variedad de formulaciones. Tan inabarcable es Dios para nuestro entendimiento, ya sea la filosofía quien pretenda explicarlo, ya sea la ciencia (que de vez en cuando se asoma a estos misterios), ya sean las religiones, que la formulación católica del Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, ejerce incluso para los no creyentes un atractivo singular. Porque nos permite al mismo tiempo percibirlo como la gran fuerza que mueve el Universo, en Dios Padre Creador del cielo y de la tierra; como Dios-con-nosotros, uno más de nosotros, en el Dios Hijo; y como Dios dentro de nosotros, habitando en nosotros, en nuestro espíritu, en el Dios Espíritu Santo. 
La percepción católica de Dios (visto desde fuera), que para nosotros es Revelación, nos coloca a los católicos lo más cerca del conocimiento y del acompañamiento de Dios en nuestras vidas. 

Semana del 27 de mayo al 2 de junio.

 

Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: A las 19:00 primer Aniversario de María del Carmen Domínguez Seijas.

Martes: No habrá Misa.

Miércoles: Comienza la Novena al Sagrado Corazón de Jesús. Sobre las 20:40 Rosario, Novena y Misa. Por Manuel Padín Suárez.

Jueves: Por Vicente Radío Domínguez.

Viernes: Por los devotos del Sagrado Corazón de Jesús.

Sábado: Por Alicia Melón Oubiña; Lino Besada; Manuel Pérez Valladares.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia y Novena al Sagrado Corazón de Jesús. Segunda a las 12:30 por Javier Afonso Camiña y sus abuelos. A las 18:00 reunión para organizar la celebración del Santísimo Sacramento

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Miércoles: Por Pastora Otero Carballa; José Leal Velázquez.

Jueves: Por Sofía Camiña Blanco, hijo Jorge y esposo Ramón.

Sábado: Por Sara Méndez Carballa.

Domingo: Primera a las 10:30 por Enrique González Caneda. A la Virgen del Carmen a intención de una devota. Segunda a las 13:15 por los niños que reciben la primera comunión.

domingo, 19 de mayo de 2024

LOS TRES PASOS DE PENTECOSTÉS

 

 
Hace algunos años, un sacerdote en Roma, hablando de la misión de la Iglesia, me decía: “Tenemos que ser como el Tíber, que no pasa por las afueras de nuestra ciudad sino que la atraviesa por el centro y nos pasa por dentro fecundándola y contribuyendo a su belleza”.Pienso que esta imagen, a pesar de sus limitaciones, nos ayuda a comprender el significado de esta fiesta de Pentecostés: el Tíber es el de siempre, pero el agua que pasa es la de hoy. Así el Espíritu Santo en Pentecostés: hace presente en los discípulos y en nosotros, el amor de Cristo y su Palabra, empujándonos a la misión.San Pablo nos propone el camino del Espíritu Santo: “caminad según el Espíritu”, es decir: dejemos que nuestro hoy sea atravesado por el Espíritu Santo. A esto bien podríamos llamarlo los pasos del Espíritu Santo. Pero, ¿de qué pasos se trata? Hoy al menos se nos proponen tres: 
1.- El paso del hijo: en el evangelio Jesús dice que el Espíritu Santo “tomará lo que es mío y os lo anunciará”. El Espíritu Santo nos repite, aquí y ahora, lo que es Jesús: el hijo predilecto del Padre. Nos lo recuerda, nos lo repite en el corazón, hasta que comencemos verdaderamente a vivir como hijos de Dios. San Pablo nos dice que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos ha sido dado. No basta saber que Dios es un Padre que nos ama, necesitamos reavivar constantemente este amor divino en nosotros, que nos da la valentía de mirar nuestra historia personal acompañados por la misericordia de Dios que está siempre pronto a perdonarnos. Necesitamos, como el agua que bebemos, hacer este paso del hijo en nuestra vida para no sentirnos esclavizados por los sentimientos de culpa o por nuestras idealizaciones de la perfección o la coherencia, que tienden a hacernos considerar siempre mediocres nuestras elecciones y nuestro día a día. ¡Qué hermoso cuando Jesús en el evangelio dice: “Muchas cosas me quedan aún por deciros, pero por el momento no sois capaces de llevar el peso. Cuando Él vendrá, el Espíritu de la Verdad, os guiará a toda la verdad”. De hecho los discípulos aún han de hacer la experiencia de ser perdonados y amados hasta el final por Jesús. Pedro y los otros aún han de hacer la experiencia fundamental que los convertirá en Iglesia: hombres amados y perdonados gratuitamente por Cristo que se ofrece, convirtiéndoles en hijos y hermanos. Esto acontece a través el Espíritu Santo. He aquí por qué algunos fardos pesados de nuestra vida sólo pueden ser llevados escuchando al Espíritu Santo en nosotros que nos recuerda siempre el amor misericordioso de Dios y nos permite afrontar nuestro futuro con esperanza y confianza sin hacernos sentir nunca solos. 
2.- El paso hacia el fruto: San Pablo hace una distinción entre las obras de la carne y el fruto del Espíritu Santo. No sólo quiere expresar un contraste entre el cuerpo como elemento negativo y el Espíritu como elemento positivo. Es interesante ver la contraposición entre las obras y el fruto: las obras son aquellas que hacen alusión a la satisfacción de mi bien. Y necesitamos hacer tantas cosas, tantas obras, para estar bien y acaparar el reconocimiento de los demás y sentirnos mejor que ellos... Hacer y poseer frenéticamente tantas obras en la esperanza de que puedan llenar el vacío que llevamos dentro pero que no hacen otra cosa que dispersarnos más. A las obras, San Pablo contrapone el fruto del Espíritu, que es uno solo: el amor que se manifiesta de tantas maneras diversas. El Espíritu Santo en nosotros nos empuja hacia lo que como punto de partida no es mi bien sino el bien del otro, porque únicamente de esta manera nuestra vida encuentra su realización, su fruto, y nos hace estar en armonía. Entonces todo lo que nos hace salir hacia la solidaridad, la comunión, la fraternidad, son pasos del Espíritu Santo que empuja nuestra vida a dar su fruto transformando nuestro corazón.
 
 
3.- El paso de la creatividad: muchas veces hemos escuchado que el Espíritu Santo abre y diversifica suscitando la variedad y la acogida de los diversos dones y carismas. Pero no sólo eso: el Espíritu Santo nos ayuda también a abrirnos a la creatividad de Dios en nuestra vida, sobre las personas que amamos. A menudo decimos que “las cosas nos han ido de otra manera: mi vida de sacerdote, de padre, de madre, de hijo ha sido de otra manera de como la había soñado”. El Espíritu Santo nos ayuda a transformar todo aquello que ha ido de otra manera de como la habíamos deseado y construido, en fuerza creativa que Dios utiliza para abrir nuevas e impensables posibilidades en nuestro camino. También para los discípulos la muerte de Jesús fue un final “diferente” de como lo habían soñado, su resurrección una victoria diversa de aquella que esperaban. Pero el día de Pentecostés, gracias a los dones del Espíritu Santo, todo eso se transformó en nueva vida y en nuevos caminos con el nacimiento de la Iglesia. Invoquemos al Espíritu Santo que también para nosotros se abran nuevos caminos y nuevas posibilidades a partir de todo aquello que ha ido diversamente en nuestra historia, abriéndonos a la creatividad del Espíritu Santo. 

Semana del 20 al 26 de mayo.

 

Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: No habrá Misa.

Martes: Intenciones del celebrante.

Miércoles: Por los ancianos y enfermos de la Parroquia.

Jueves: Por Elvira Camiña Padín, esposo e hijos.

Viernes: A las 18:45 confesiones de los niños de primera Comunión y demás personas que deseen hacerlo.

Sábado: Por Alfonso Rial Gondar a intención de los alumnos de Doña Celsa; Divina Dopazo Cacabelos; Carmen Padín, 3º aniversario.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 por los niños que reciben la primera comunión.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Jueves: Por Rosa Pastora Camiña Torres.

Sábado: Por Juan Valladares Lores y esposa Elisa, da Costiña; Manuel Camiña Fariña, da Costiña; Juan García Tacón; Luis Otero Fernández; Albino Camiña García, esposa Adelaida e hijos.

Domingo: Misa a las 10:30 por Luis Ansorena, esposa María del Rosario e hijos Gerardo y Federico. Por Daniel Múñiz Pérez; María Padín Caneda, da Salgueira. Se suprime la misa de 11:30 por la excursión de los colegios.

domingo, 12 de mayo de 2024

FUERA DEL ALCANCE DE LA VISTA, CERCANO AL CORAZÓN

  


¡Misión cumplida! Es hora de volver al Padre. Ahora os toca a vosotros. “Vosotros seréis mis testigos en Jerusalén, en Samaría, en Judea y hasta los extremos confines de la tierra”. Y cuando hubo dicho esto, se levantó a vista de sus ojos hasta que una nube les privó de su visión, sus ojos llenos de asombro, fijos en el cielo en dirección hacia el lugar de su desaparición. ¿Pero dónde había ido tan lejos de sus ojos?
Con la Ascensión, Jesús se convierte en invisible. Y la invisibilidad es peligrosa, porque a menudo nos aleja. Fuera de la mirada y lejos del corazón, como si la ausencia afectara a la relación. ¿Pero es verdad que el tener a Jesús fuera del alcance de la vista nos lo hace tener lejos del corazón? No, porque nuestra historia de creyentes, que es la historia de la Iglesia, nos demuestra que el hecho de tener a Jesús en la aparente lejanía no lo ha borrado de nuestro corazón. 

La invisibilidad de hecho no es una ausencia, sino otro tipo de presencia, la del Espíritu, a través del cual Jesús está hoy más cercano a nosotros, que antes cerca de sus discípulos: antes estaba con ellos, ahora está dentro de nosotros. La Ascensión cambia todo: Jesús está fuera del alcance de la vista pero cercano a nuestro corazón. Desde aquel día tenemos un Dios al alcance en cada esquina de nuestro camino. Jesús no nos abandona, sino que nos da cita fuera del estrecho núcleo de nuestras pertenencias. El mundo es la plaza del Evangelio, las calles del hombre son las direcciones, toda la sed de amor, de paz y de verdad que anida en el corazón del hombre, es una invocación a buscar nuevos horizontes. 
“Los apóstoles marcharon todos. ¿Y nosotros? A menudo sucede que cielo y tierra, vida eterna y acontecimientos humanos son colocados por algunos en contraste en una relación de  mutua exclusión. La fe cristiana los acerca y los une. Corremos tras el Señor que sube; y no pudiendo alcanzarlo permanecemos en la tierra, en el seno de su Santa Iglesia, imitando a los apóstoles que se reunieron en el Cenáculo para implorar al Espíritu Santo. Todo lo hacemos, cada día, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. (San Juan XXIII)