domingo, 16 de agosto de 2026

XX Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

 

 
Comentario del Evangelio Dominical del XX Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A), realizado por el Papa Benedicto XVI en el Ángelus del 14 de agosto de 2011
El pasaje evangélico de este domingo comienza con la indicación de la región a donde Jesús se estaba retirando: Tiro y Sidón, al noroeste de Galilea, tierra pagana. Allí se encuentra con una mujer cananea, que se dirige a él pidiéndole que cure a su hija atormentada por un demonio (cf. Mt 15, 22). Ya en esta petición podemos descubrir un inicio del camino de fe, que en el diálogo con el divino Maestro crece y se refuerza. La mujer no tiene miedo de gritar a Jesús: «Ten compasión de mí», una expresión recurrente en los Salmos (cf. 50, 1); lo llama «Señor» e «Hijo de David» (cf. Mt 15, 22), manifestando así una firme esperanza de ser escuchada. ¿Cuál es la actitud del Señor frente a este grito de dolor de una mujer pagana? Puede parecer desconcertante el silencio de Jesús, hasta el punto de que suscita la intervención de los discípulos, pero no se trata de insensibilidad ante el dolor de aquella mujer. San Agustín comenta con razón: «Cristo se mostraba indiferente hacia ella, no por rechazarle la misericordia, sino para inflamar su deseo» (Sermo 77, 1: PL 38, 483). El aparente desinterés de Jesús, que dice: «Sólo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel» (v. 24), no desalienta a la cananea, que insiste: «¡Señor, ayúdame!» (v. 25). E incluso cuando recibe una respuesta que parece cerrar toda esperanza —«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos» (v. 26)—, no desiste. No quiere quitar nada a nadie: en su sencillez y humildad le basta poco, le bastan las migajas, le basta sólo una mirada, una buena palabra del Hijo de Dios. Y Jesús queda admirado por una respuesta de fe tan grande y le dice: «Que se cumpla lo que deseas» (v. 28).
 

Queridos amigos, también nosotros estamos llamados a crecer en la fe, a abrirnos y acoger con libertad el don de Dios, a tener confianza y gritar asimismo a Jesús: «¡Danos la fe, ayúdanos a encontrar el camino!». Es el camino que Jesús pidió que recorrieran sus discípulos, la cananea y los hombres de todos los tiempos y de todos los pueblos, cada uno de nosotros. La fe nos abre a conocer y acoger la identidad real de Jesús, su novedad y unicidad, su Palabra, como fuente de vida, para vivir una relación personal con él. El conocimiento de la fe crece, crece con el deseo de encontrar el camino, y en definitiva es un don de Dios, que se revela a nosotros no como una cosa abstracta, sin rostro y sin nombre; la fe responde, más bien, a una Persona, que quiere entrar en una relación de amor profundo con nosotros y comprometer toda nuestra vida. Por eso, cada día nuestro corazón debe vivir la experiencia de la conversión, cada día debe vernos pasar del hombre encerrado en sí mismo al hombre abierto a la acción de Dios, al hombre espiritual (cf. 1 Co 2, 13-14), que se deja interpelar por la Palabra del Señor y abre su propia vida a su Amor.

+ Benedicto XVI

Semana del 17 al 23 de agosto

 

Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: Solemne a San Roque, por la Parroquia.

Martes: María Isabel Martínez Díaz. José Luis Dovalo Pérez, hijo Francisco y padres. Celsa Lastres Radío. Javier San Román, hijo Emilio y Roberto.

Miércoles: Ancianos y enfermos de la Parroquia.

Jueves: No habrá Misa.

Viernes: A las 19:00 primer Aniversario de Luis Estévez Pérez.

Sábado: Valentina Padín Parada, esposo e hija Carmen. María Conde Castro y esposo Ángel. José Otero y Aurora Álvarez.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:00 por Dolores Camaño Pérez e hijos fallecidos. Etelvino Dopazo Lores y sus padres. Difuntos familia García San Miguel. Alberto. José María Ariza. Juan. Ángel García Martín. Iñigo Lapetra y difuntos de la familia. Intenciones de la familia Arteaga Gómez de la Vega. Manuel Blanco Vidal y sus padres.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Jueves: Por las intenciones de la Parroquia.

Sábado: Ana María Garrido Troncoso. Marina Otero Carballa y esposo Chan. Gonzalo Martínez  Martínez y difuntos de la familia. Juan Salgueiro. José Luis Abal Lima y difuntos de la familia. Manuel Vidal Dadín, do Freixo. Cándido Fernando Oubiño Radío. Juan Carlos González Padín, das Pedreiras.

Domingo: A las 11:00 por Marina Afonso Caneda, esposo Ramón e hijo José, de Piñeiros. Carmen Estévez Filgueira. Carmen Buezas Besada. Pastora Valladares Soto. Carmen Fandiño Conde.

domingo, 9 de agosto de 2026

Domingo XIX del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

 

 
Comentario a las lecturas del Domingo XIX del Tiempo Ordinario (Ciclo A) realizado por el Papa Benedicto XVI en el Angelus del 7 de agosto de 2011
 
En el Evangelio de este domingo encontramos a Jesús que, retirándose al monte, ora durante toda la noche. El Señor, alejándose tanto de la gente como de los discípulos, manifiesta su intimidad con el Padre y la necesidad de orar a solas, apartado de los tumultos del mundo. Ahora bien, este alejarse no se debe entender como desinterés respecto de las personas o como abandonar a los Apóstoles. Más aún, como narra san Mateo, hizo que los discípulos subieran a la barca «para que se adelantaran a la otra orilla» (Mt 14, 22), a fin de encontrarse de nuevo con ellos. Mientras tanto, la barca «iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario» (v. 24), y he aquí que «a la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar» (v. 25); los discípulos se asustaron y, creyendo que era un fantasma, «gritaron de miedo» (v. 26), no lo reconocieron, no comprendieron que se trataba del Señor. Pero Jesús los tranquiliza: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» (v. 27).

Es un episodio, en el que los Padres de la Iglesia descubrieron una gran riqueza de significado. El mar simboliza la vida presente y la inestabilidad del mundo visible; la tempestad indica toda clase de tribulaciones y dificultades que oprimen al hombre. La barca, en cambio, representa a la Iglesia edificada sobre Cristo y guiada por los Apóstoles. Jesús quiere educar a sus discípulos a soportar con valentía las adversidades de la vida, confiando en Dios, en Aquel que se reveló al profeta Elías en el monte Horeb en el «susurro de una brisa suave» (1 R 19, 12). 


El pasaje continúa con el gesto del apóstol Pedro, el cual, movido por un impulso de amor al Maestro, le pidió que le hiciera salir a su encuentro, caminando sobre las aguas. «Pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: “¡Señor, sálvame!”» (Mt 14, 30). San Agustín, imaginando que se dirige al apóstol, comenta: el Señor «se inclinó y te tomó de la mano. Sólo con tus fuerzas no puedes levantarte. Aprieta la mano de Aquel que desciende hasta ti» (Enarr. in Ps. 95, 7: PL 36, 1233) y esto no lo dice sólo a Pedro, sino también a nosotros. Pedro camina sobre las aguas no por su propia fuerza, sino por la gracia divina, en la que cree; y cuando lo asalta la duda, cuando no fija su mirada en Jesús, sino que tiene miedo del viento, cuando no se fía plenamente de la palabra del Maestro, quiere decir que se está alejando interiormente de él y entonces corre el riesgo de hundirse en el mar de la vida. Lo mismo nos sucede a nosotros: si sólo nos miramos a nosotros mismos, dependeremos de los vientos y no podremos ya pasar por las tempestades, por las aguas de la vida. El gran pensador Romano Guardini escribe que el Señor «siempre está cerca, pues se encuentra en la razón de nuestro ser. Sin embargo, debemos experimentar nuestra relación con Dios entre los polos de la lejanía y de la cercanía. La cercanía nos fortifica, la lejanía nos pone a prueba» (Accettare se stessi, Brescia 1992, p. 71).

Queridos amigos, la experiencia del profeta Elías, que oyó el paso de Dios, y las dudas de fe del apóstol Pedro nos hacen comprender que el Señor, antes aún de que lo busquemos y lo invoquemos, él mismo sale a nuestro encuentro, baja el cielo para tendernos la mano y llevarnos a su altura; sólo espera que nos fiemos totalmente de él, que tomemos realmente su mano. Invoquemos a la Virgen María, modelo de abandono total en Dios, para que, en medio de tantas preocupaciones, problemas y dificultades que agitan el mar de nuestra vida, resuene en el corazón la palabra tranquilizadora de Jesús, que nos dice también a nosotros: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» y aumente nuestra fe en él.

+Papa Benedicto XVI

Semana del 10 al 16 de agosto

 

Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: Javier San Román, hijo Emilio y Roberto.

Martes: Celsa Lastres Radío, a intención de la Asociación de la Virgen del Carmen.

Miércoles: Los enfermos y ancianos de la Parroquia.

Jueves: No habrá Misa.

Viernes: María Otero, esposo y difuntos de la familia.

Sábado: A las 9:00 por Julio, Manuela e hijos fallecidos. A las 12:00 por Marcelina Domínguez Varela y difuntos de la familia. Vicente Salgueiro Cacabelos y esposa Digna. Pilar Iglesias y Elisardo Pintos.

Domingo: Primera a las 9:00 a San Roque, a intención de la Parroquia. Segunda a las 12:00 por los difuntos de la familia García San Miguel. Ángel García Martín. Iñigo Lapetra y difuntos de la familia. Alberto. José María Ariza. Intenciones de la familia Arteaga Gómez de la Vega.

El 15 y 16 de agosto se hará colecta a favor de Venezuela.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Martes: Por la Parroquia.

Jueves: Por los ancianos y enfermos de la Parroquia.

Sábado: A las 11:00 por Antonio Crespo, esposa Carmen González e hijos. Adelaida Blanco Padín, esposo e hijos. Pedro Velón González-Pardo y su hijo Juan, Gloria Chan y esposo Juan Pita. Antonio Otero y esposa Teresa.

Domingo: A las 11:00 por Alfredo Lores Lores e hija María Esther, de Piñeiros.

El 15 y 16 de agosto se hará colecta a favor de Venezuela.

 

domingo, 2 de agosto de 2026

AMOR INCONDICIONAL, AUTÉNTICO Y ABUNDANTE

 


De la misma manera que otros años, durante algunos domingos del mes de agosto la Glosa recogerá las reflexiones de  los últinos Papas.


¿Qué comparten los discípulos? Lo poco que tienen: cinco panes y dos peces. Pero son precisamente esos panes y esos peces los que en las manos del Señor sacian a toda la multitud. Y son justamente los discípulos, perplejos ante la incapacidad de sus medios y la pobreza de lo que pueden poner a disposición, quienes acomodan a la gente y distribuyen —confiando en la palabra de Jesús— los panes y los peces que sacian a la multitud. Y esto nos dice que en la Iglesia, pero también en la sociedad, una palabra clave de la que no debemos tener miedo es «solidaridad», o sea, saber poner a disposición de Dios lo que tenemos, nuestras humildes capacidades, porque sólo compartiendo, sólo en el don, nuestra vida será fecunda, dará fruto. Solidaridad: ¡una palabra malmirada por el espíritu mundano!


Esta tarde, de nuevo, el Señor distribuye para nosotros el pan que es su Cuerpo, Él se hace don. Y también nosotros experimentamos la «solidaridad de Dios» con el hombre, una solidaridad que jamás se agota, una solidaridad que no acaba de sorprendernos: Dios se hace cercano a nosotros, en el sacrificio de la Cruz se abaja entrando en la oscuridad de la muerte para darnos su vida, que vence el mal, el egoísmo y la muerte. 



Jesús también esta tarde se da a nosotros en la Eucaristía, comparte nuestro mismo camino, es más, se hace alimento, el verdadero alimento que sostiene nuestra vida también en los momentos en los que el camino se hace duro, los obstáculos ralentizan nuestros pasos. Y en la Eucaristía el Señor nos hace recorrer su camino, el del servicio, el de compartir, el del don, y lo poco que tenemos, lo poco que somos, si se comparte, se convierte en riqueza, porque el poder de Dios, que es el del amor, desciende sobre nuestra pobreza para transformarla.


Así que preguntémonos esta tarde, al adorar a Cristo presente realmente en la Eucaristía: ¿me dejo transformar por Él? ¿Dejo que el Señor, que se da a mí, me guíe para salir cada vez más de mi pequeño recinto, para salir y no tener miedo de dar, de compartir, de amarle a Él y a los demás?


Semana del 3 al 9 de agosto

 


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: Elvira Padín Arosa, esposo y difuntos de la familia.

Martes: Carmen Valladares Currás y difuntos de la familia.

Miércoles: Por las víctimas del terremoto de Venezuela y por la pronta recuperación de las personas heridas. Amalia Vidal Méndez.

Jueves: Por los Participantes.

Viernes: A las 20:30 por Manuel García Barbeito y difuntos de la familia. Manuel Arosa Lobato, esposa Josefina Agraso Ramos y difuntos de la familia.

Sábado: A las 21:00 por Julio, Manuel y difuntos de la familia. Intención particular.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:00 por los difuntos de familia García San Miguel. Alberto. Ángel García Martín. Iñigo Lapetra y difuntos de la familia. Intenciones familia Arteaga Gómez de la Vega.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías

Martes: Juan Luis Otero Fernández y su nieto Briz Otero. Manuel Otero Fernández.

Miércoles: A las 19:00 primer Aniversario de Juan Rey Carballa.

Viernes: A las 19:00 primer Aniversario de Carmen Fernández Argibay.

Sábado: A las 12:00 Funeral de exequias María Teresa Fernández Díaz. A las 20:00 Misa por Carmen Buezas Fernández y esposo Eladio. Elisa Lamelas Torres y esposo José Vidal Prieto. Manuel Suárez González. Celestino Martínez Buezas. José Manuel Pérez Fernández, hijo Antonio Pérez Otero y difuntos de la familia.

Domingo: A las 11:00 por Elvira Rey Gondar, padres Alfonso y Dorinda, hermanos Arturo y Celso. A San Roque, una devota.

domingo, 26 de julio de 2026

RELATOS DIRECTOS AL CORAZÓN

 

El tesoro escondido” de Rembrandt

Por lo general, quien desea hacer comprender ciertas cosas a otros procurando evitar malentendidos, se sirve del instrumento de los conceptos, razonamientos y explicaciones. Pero existe otro instrumento, quizá más inmediato que todos éstos, capaz de hacer comprender ciertas realidades yendo directo al corazón. Son las historietas, las metáforas, los relatos y cómo no, las parábolas. Éste es el caso del Señor Jesús a quien le gustaba recorrer y hacer recorrer la ruta de las parábolas para llegar derecho al corazón de aquella realidad que tan dentro del corazón tenía: la del Reino de Dios. No quería crear malentendidos al respecto: muy especialmente porque muchos se habían engañado a sí mismos, o habían sido inducidos a hacerlo, respecto a Él y su identidad. Y esto justo por querer razonar demasiado. Muchos habían perdido la cabeza, acusándole a Él de haberla perdido al oírle hablar de ciertas originalidades: es porque habían usado la cabeza para comprender. Para ir al corazón de las cosas, parece pues más lógico recorrer el camino del corazón

Es lo que normalmente hacía Jesús el Señor inventando parábolas frescas y genuinas, pertinentes y sopesadas. Las historietas, y las parábolas lo son, van derechas al corazón: sobre todo si es el corazón simple como el de un niño capaz de asombrarse, y no el corazón esclerotizado de un adulto lleno de “déjà vu”, de “esto ya lo sabía”, y de “no dice nada de nuevo”.

Parábolas breves, a veces brevísimas, como las que Mateo recoge en su versión del evangelio; parábolas que trascienden el lindar de lo racional, cuyas señales sólo pueden ser leídas por el alma dotada, a partir de su entrada en el tiempo, como a  través de un decodificador potentísimo capaz de captar los signos que proceden del Eterno

De hecho, la palabra “parábola”, en su acepción etimológica, significa justamente eso: una historieta, una imagen o un fotograma de vida, cuyo sentido va más allá de la materialidad de las palabras usadas para contarla.


Literariamente hablando, causa enseguida estupor y asombro después del suave inicio que las precede: “El Reino de los cielos se parece…” Es un inicio ligero que enseguida engancha al oyente, un inicio que no tiene nada de pesado o farragoso, como ocurre con ciertas predicaciones o sermones o adoctrinamientos catequísticos. Y lo oyen todos, pequeños y mayores, y todos gozan en el fondo de su alma. En nuestros modos hay algo, pues, que debemos revisar y retocar, incluso en los contenidos: para no acabar comunicando tan sólo verborreas pesadas y rebosantes de signos perceptibles únicamente por el intelecto. Dice un proverbio antiguo: “las palabras sirven para la mente, los gestos para el corazón, los silencios para el alma”.

Después de haber escuchado al Señor, difícilmente podemos rebatirle con nuestros “sí, pero…” o con “he entendido, pero…” Cuando Jesús habla del Reino de Dios parecido a “un tesoro escondido en un campo” o a una “piedra preciosa” o a “una red rebosante de peces” que lo recoge todo, el tesoro se encuentra casualmente. En cambio la perla es buscada adrede, y sobre la pesca dice que se hará una criba de todo lo recogido en la red al arrastre.  Ante todo esto, es difícil responder con un “no entiendo” o un “no me importa”. Cuando Jesús habla del Reino de Dios, no expresa una opinión, sino que lanza un programa de seguimiento bien preciso. Es como si dijese a cada uno: “Ya que has visto que mi Reino es la realidad más importante y más preciosa para la cual tú puedas vivir, saca las consecuencias” Y he aquí que del fondo del alma, sentirás una explosión de gozo y alegría, semejante a la que dice: “lo he entendido todo”.
 
Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet