domingo, 5 de febrero de 2023

Pasame la sal y enciende la luz

 


Como envuelto en el aroma de lo cotidiano: una pizca de sal en la sopa y una lámpara encima de la mesa para iluminar la casa. Porque el Rabbí, Maestro de una aldea perdida de Galilea, parece divertirse leyendo los secretos de la existencia misma dentro de los pétalos de una amapola. Y registrando en los pequeños detalles de una vida común las grandes maniobras que hacen de una vida cualquiera una auténticamente vivida.

El Hombre de Nazaret asombra quizás por aquella innata capacidad de escrutar el Reino de Arriba dentro de la confusa caricia de la vida de aquí abajo. Desde entonces, a partir de aquella primera pedagogía de la sorpresa, cualquiera descubrirá que no será a partir de lo que una persona dice de Dios, sino a partir de cómo te habla de las realidades comunes que tendrá la percepción de si esta persona ha vivido o no en el fuego del amor de Dios. Sal y luz, como un día agua y ceniza, Gracia y arrepentimiento, hombre y Dios. Y sin embargo no basta el hecho de ser predestinados, no basta el hecho de ser sal y luz para aromatizar y dar sabor e iluminar al mundo: será necesario rememorar a ultranza que si la sal pierde su sabor no sirve ya para nada más que para ser arrojada y pisoteada por la gente.

Que la lámpara ha sido hecha para ser puesta sobre el candelabro y no dentro o debajo de un cajón. En resumidas cuentas: que la sal debe conservar su sabor y la luz estar sobre el candelabro: si no, no son ni sal ni luz. Se convertirán en ingredientes caducados que la buena ama de casa, obsesionada por el orden y la limpieza, decretará incapaces de producir gusto y claridad. Es decir los dejará de lado por inútiles.

Así pues, en la lógica del Evangelio, también un cristiano puede convertirse en inútil si pasa la entera vida sin que nadie se dé cuenta de la diferencia que había en él, aún más grave si acontece después de palpar las sorpresas de Dios, después de haber sido embridado dentro de una historia con Dios. El evangelio es diáfano e imposible de ser mal comprendido en este particular. Si la sal pierde su gusto no sirve para nada; pero si uno se pasa con la sal en la sopa, ésta se convierte en incomible, repugnante e indispone el apetito. No sólo el cristianismo insípido parece desanimar al Nazareno, sino también el cristianismo indiscreto, quisquilloso, sabelotodo y de este modo deteriorado: para favorecer la sorpresa de Dios, parece sugerir Cristo, es necesaria la justa dosis de presencia y esencia, de intervención y tregua, de entrada y salida. Como la madre, que exenta de toda licenciatura en arte culinario, sabe añadir la justa medida de sal para que el plato resulte sabroso. Con un añadido que le viene de la experiencia: cuando se le ha ido la mano con la sal, resulta casi imposible solucionarlo. Cuando sin embargo falta, siempre se puede añadir. Un refrán catalán dice: Qui cuina salat cuina pel gat, qui cuina dolç cuina per a tots (Quien cocina salado cocina para el gato, quien cocina dulce cocina para todos).


Maravilloso Cristo, también en esto muestra su sabiduría: mejor parecer débiles y después añadir la intervención de la Gracia, que parecer fuertes a ultranza y relegar la Gracia de Dios a un simple decorado. Mejor de puntillas –como en la lejana tarde de Emaús– y despacito avanzar con discreción, que entrar en la vida de las personas como elefante en una cacharrería. Quizás, con el evangelio en la mano, para convertirse en cristianos el secreto reside en ser a la par obstinados y flexibles, más o menos al mismo tiempo. Naturalmente lo difícil es saber ser lo uno o lo otro. La sabiduría cristiana es sabiduría y sabor, como se nos dijo el día de nuestro bautismo al ponernos la sal entre los labios: Accipe salem sapientiae, propitiatio sit tibi in vitam aeternam (Recibe la sal de la sabiduría que te sea propicia (útil) para la vida eterna) ¡Recibimos en germen el gusto de una historia con Dios!

Los cristianos no somos héroes sino hombres diferentes. Gente que sorprendida por la irrupción de Dios en la propia vida, en primer lugar deciden hacerse presentes en el mundo y después, meditando sobre el mundo, se atreven a proponer transformaciones. Presentes en el mundo, ante sí mismos, y ante Dios: para ser una humanidad que no teme a la aventura de la vida sino que midiéndose con ella, comparte la maravilla de sentirse llamada a humanizar la historia. Esparciendo el gusto de Dios.

Semana del 6 al 12 de febrero.


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: Por José Antonio Méndez Vázquez.

Martes: Por Manuel García Barbeiro y difuntos de la familia.

Miércoles: A las 18:00  primer Aniversario de Nélida Blanco Copazo.

Jueves: Por las Vocaciones Sacerdotales, Religiosas y Misioneras.

Viernes: Obligaciones del Celebrante.

Sábado: Por Victoria Pérez Rial, Manuel Domínguez Otero, madre y difuntos de la familia, Ramón Tilve Blanco y difuntos de la familia, Antonio Romero Lorenzo, Lourdes Reviras Torrado, a intención de la Asociación de mujeres rurales de Dena.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 a la Virgen del Carmen a intención de Jesús Piñeiro.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Martes: Por Paco González Méndez, da Arnosa, Luisa González Mínguez, da Salguera, Valentina Leire Méndez.

Jueves: Por María Ana de Lagares.

Sábado: A las 11:30 primer Aniversario de Severino Manuel Padín Padín. A las 19:00 Misa por Rosa Oubiña Radío, José Oubiña Diz, esposa Isolina, hijo e hijos políticos, Manuel Suárez González.

Domingo: Primera a las 10:30. Segunda a las 11:30 por la Parroquia.

domingo, 29 de enero de 2023

Bienaventurados los pobres en el Espíritu

 


Somos mendigos de alegría. Todos, creyentes y no creyentes, somos mendigos de alegría porque experimentamos el no tener suficientes razones para sentirnos realizados de verdad, totalmente satisfechos. Es cierto que vivimos momentos intensos, hermosos, memorables, sencillas y verdaderas alegrías que, gracias a Dios, hacen que el corazón y la vida se sientan henchidos. Pero no suficientemente como para llevar a plenitud todo el deseo de absoluto que llevamos pegado al corazón. Nuestro mundo, ingenuo y maligno a la vez, nos hace creer que para obtener la felicidad, con poco basta: basta poseer, demostrar, hacerse ver… Quien cree esta mentira se encuentra con un puñado de moscas en la mano, ebrio y fuera de sí mismo.

¿Es posible vivir la totalidad del amor? ¿La plenitud de la felicidad? En el evangelio de San Mateo de este domingo, se inicia el largo Sermón de la Montaña, y como un nuevo Moisés, Jesús el Señor sube a la montaña, no al Sinaí sino a las colinas del lago de Tiberíades, para entregarnos la nueva Ley, no esculpida en tablas de piedra sino en el corazón de los discípulos.

Jesucristo se dirige a aquellos que en la vida no se encuentran en el lado de los vencedores, sino en el lado de aquellos que cada día vuelven a casa con una carga de amargura y de desilusión porque un día más alguien se ha aprovechado de ellos. A estos, Él les anuncia que son dichosos en su condición de pobres, de afligidos, de hambrientos y sedientos de justicia. Parece como si Jesús quisiera ensalzar la condición del pobre y perseguido, del perdedor y del derrotado, porque en esta condición ve las premisas para una felicidad y una dicha imposible de encontrar en la riqueza y el poder de muchos que se mofan de los pequeños.


Jesús tiene una gran certeza y nos invita a hacer de ella el fundamento de toda nuestra vida: Dios privilegia un corazón pobre y un corazón quebrantado porque un corazón sacio de autocomplacencia no tiene necesidad de nada, y mucho menos de Dios. La pobreza y la aflicción no son valores en sí mismos y no hay que buscarlos jamás; pero son una condición indispensable para acoger la intervención de Dios que colma el corazón humilde. Quien es pobre, herido y perseguido, pero ha encontrado a Dios en su vida, es bienaventurado.

Es Dios que goza de la plenitud de la bienaventuranza. Él, que es el Amor y la Comunión, se complace en donar su dicha a aquellos que le entregan el deseo de ser felices, dichosos y bienaventurados porque renuncian a recorrer el camino a la conquista de la felicidad: ya que la felicidad conquistada no existe. Si quieres ser bienaventurado y dichoso, no puedes hacer otra cosa que abrir tus manos y esperar que Aquel que la posee, te haga el don de la bienaventuranza.

Quizás no os he convencido con estas palabras y os pido perdón. Si es así, volved a vuestros asuntos, hojead la lista de las tragedias que hoy explican los periódicos, el último escándalo del político de turno y divertíos con la última pasarela de moda que os indica qué se llevará esta temporada o el reality-show de más audiencia. Ya sabéis que Jesús es un bromista, que muchos lo consideran un soñador empedernido. Pero ¿y si esta vez, aunque sea sólo una, Jesús tuviera razón?

Semana del 30 de enero al 5 de febrero

 

Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: A Santa Lucía, un devoto.

Martes: Por las obligaciones del Celebrante.

Miércoles: Por Esperanza Esperón Camiña.

Jueves: Fiesta de la Presentación del Señor. Candelaria, Fiesta de la Luz. Bendición de las Candelas. Misa por los participantes.

Viernes: Por Luis Gondar Cousido y difuntos de la familia.

Sábado: A las 10:30 primer Aniversario de José Antonio Fontán Otero. A las 20:00 horas Misa por Nestor Moldes Limeres, José Cacabelos Garrido, José Touriño, esposa Dolores Camiña y difuntos de la familia.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 por Ángel Dopazo, esposa Dolores Dadín y Roberto. Javier Afonso Camiña y sus abuelos.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Martes: Por Videlina García Buezas, da Salgueira.

Jueves: Fiesta de la Presentación del Señor. Candelaria, Fiesta de la Luz. Bendición de las Candelas. Misa a las 13:00 a intención de las mujeres rurales. Misa a las 19:00 por Manuel Estévez González y esposa, da Bruñeira, Bendición de las Candelas.

Sábado: A las 11:30 primer Aniversario de Wenceslao Méndez Muñiz, de Lagarey. A las 19:00 Misa por Ana Sampedro Magdalena, José Antonio Crespo González, padres y hermano de Lagarey, José Casal Méndez y sus padres de Lagarey, adoración, esposo José, hija Isabel y familia. Manuela da Tomada y difuntos de la familia.

Domingo: Primera a las 10:30 a San Benito. Segunda a las 11:30 por la Parroquia

domingo, 22 de enero de 2023

Cuatro gatos sin ni siquiera ya barca alguna

 


Este es el tema: De cómo la aventura de cuatro gatos pudo desbaratar un mundo adormecido en sus quimeras. El agua del Bautista apenas había mojado su cabeza y el Caminante de Nazaret no perdió el tiempo: salió de la sombra del silencio de su casa -en la que vivió un largo letargo divino de más de cinco lustros- y ya se empleó en amaestrar a Satanás cara a cara. Y lo hizo de esta manera para dejárselo claro y hacerle saborear que no todos los hombres han nacido para ser rebabas de sus préstamos. Cuarenta días allí dentro pagando la cuota de la más humana de las leyes de la naturaleza -es decir, la tentación de parecerse a Dios- para después recorrer caminos para desbrozar la Ruta al Reino de Dios. Para encender un poco de luz dentro las estancias brumosas y oscurecidas del reino de los hombres: El pueblo que habitaba en las tinieblas vio una gran luz, para aquellos que habitaban en regiones y sombras de muerte surgió una luz. Y la aventura parece iniciarse justo en el lugar equivocado: en la tierra de Zabulón y Neftalí, Galilea de las naciones o sea tierra de frontera y de periferia, de olvido y desconsideración. De polvo, poca fama y tanta piedad. Como Nazaret. En el lugar y el momento equivocados, quizás el más descabellado: la cabeza del Bautista ha sido regalada a la hija de Herodías, la viciada bailarina que cautivó la mirada de Herodes hasta arrancarle lo que el corazón de su madre -mujer vengativa- pidió: la cabeza de aquel que se esforzaba en mostrarle el verdadero camino. Cayó la cabeza y los discípulos del profeta rupestre y silvestre tienen miedo: ¿después del capitán quizás decapitarán también al equipo? Todos escondidos como topos en su madriguera. A Él -por el que el Bautista juzgó incluso ridícula su propia vida hasta hacerse cortar el cuello- parece que no le importaba en absoluto. Entra y empieza allí donde su pariente había interrumpido su obra: Convertíos porque está cerca el Reino de Dios.


En el fondo la tierra no importa -un lugar vale lo que otro- si siquiera el estado del tiempo (no existen vientos contrarios, decía Séneca, sino hombres y mujeres que se rinden) lo que sí importa es la elección de la compañía, eso sí que levanta sospechas: no ha escogido a mercaderes que saben regatear y negociar en las plazas y mercados, ni observantes que desmenuzan los renglones de la Ley, ni rabinos que citan de memoria los versículos de la Sagrada Escritura. Son pescadores: hombres de aguas y mares, de pescas y de veladas al claro de luna, de espera -¡tanta espera!- y de golpes de suerte: los del mar avaro, del mar generoso, del maldito mar. Hombres de las sorpresas, ninguna de las cuales superó a aquella audaz que les propuso el Caminante: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres. Y aquellos, hombres acostumbrados a los cálculos -tanto pescado a tanto el kilo nos da tanto por jornada- en seguida dejaron la barca y lo siguieron. ¿Así sin merecer ninguna explicación? María, la Escogida, por lo menos pidió luces al Arcángel: ¿cómo será eso si no conozco varón? Estos en cambio no: emigrarán a no se sabe dónde, desposarán otros mares, se confiarán a Otro Pescador. Lo que les espera aún no lo podrán saber: saben únicamente que seguirán siendo pescadores, no traicionarán su viejo oficio. El sabor y la sabiduría de una tradición familiar, no tendrán que maldecir su pasado. Cambiará sólo el pescado como objeto de las capturas: ya no más peces, sino hombres. Dejarán todo para seguir el sueño que transforma el dolor en gozo, escucharán el grito que da la vista a los ciegos, verán la mirada de los cautivos liberados, percibirán la esperanza de los desesperados. De aquel mar volverán distorsionados: gritarán al viento, caminarán sobre las aguas, expulsarán demonios, suturarán llagas, enjugarán lágrimas. Cuatro gatos sin ni siquiera ya barca alguna. Aunque su espíritu siempre volará por cotas demasiado bajas y no comprenderán sus verdades y sus parábolas, y al final lo abandonarán, todo será perdonado por la prontitud cándida y segura con la que siguieron la primera llamada.


Sintiendo los ensayos del tiempo, inició la más audaz entre las aventuras en el lugar equivocado, entró en escena en el momento menos favorable y propicio y reunió el equipo mejor aprovechado que podía organizar. Le dieron pocas oportunidades: Él hizo oídos sordos y partió. Incluso el Titanic fue construido por profesionales y se hundió. El arca fue construida por Noé, probo agricultor, y resistió la furia de un diluvio hinchado de agua. En Cafarnaún los pescadores lo sabían bien: nunca dar un juicio sobre una barca mientras está amarrada en el puerto. Un Grandísimo crea a los más grandes.

Semana del 23 al 29 de enero.


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas

Lunes: No habrá Misa.

Martes: Por Paco Devalo.

Miércoles: Por Maruja Durán Fernández.

Jueves: A Santa Lucía, un devoto. A las 20:30 reunión de catequistas.

Viernes: Por José Argibay Valladares y esposa.

Sábado: Por Paco Cacabelos Vidal, Daniel Pérez Bouzada y difuntos de la familia, Maruja Cacabelos Vidal, Carmen Zamar Rodríguez, Clotilde Casal Rey y esposo Avelino, Antonio Bouzada Poceiro y esposa Pastora.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 por las obligaciones del Celebrante.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Martes: Por Carmen Aurora Moldes Rey, Jesús Hipólito Rodríguez Vidal y difuntos de la familia, de Piñeiros.

Jueves: Por los difuntos de la Parroquia fallecidos en el año 2022.

Sábado: Por Servando Cacabelos Domínguez, José Vidal Prieto, Baldomero García y esposa Amalia, Manuel Torres, esposa Elisa Otero Méndez e hijos fallecidos, da Arnosa.

Domingo: Primera a las 10:30 por Esperanza Salgueiro Castro. Segunda a las 11:30 por la Parroquia.

domingo, 15 de enero de 2023

La tentación del hombre bisagra

 


Constituyó la más grande tentación de las que se le pudieron presentar. Más allá del riesgo de lamentarse por haber llegado con retraso para convertirse en el más grande de los profetas o, ironía de la suerte, con antelación para intentar la carrera de discípulo. Al Bautista la tentación más grande le vino servida en bandeja de plata, quizás parecida a la bandeja sobre la que depondrá -por un capricho de la señorita Salomé- su cabeza pensante. Fue la simple tentación de sentirse Dios. No hubiera sido coquetería personal, ni mucho menos arribismo de hombre. Hubiera tenido sencillamente las trampas de un simple final de recorrido. Vio la luz en la cercanía de los días de Cristo, del cual era pariente cercano. Arengaba a la multitud con un poder de palabra que penetraba en lo más hondo del corazón de las masas. Sus palabras eran palabras inestables, de movimiento: señalar y suscitar, preparar y allanar, levantarse y caminar. Convertirse y creer. Su fe fue un movido viaje: del seno de Isabel -mujer que todos daban por finiquitada, por estéril- a los espacios devastadores del desierto, hasta la angustia de una celda de prisión. Sin olvidar la orilla de aquel río -el Jordán- en la cual vivió la vergüenza de las vergüenzas: él, el Precursor-Preparador, constreñido a bautizar a Dios. La criatura y el Creador, la humanidad y la divinidad, el estupor y el misterio. La promesa y la Presencia. El mundo se le quedó atrás, festivo y jubiloso: parecían los tiempos de la salvación anhelada y perseguida.

Algunos no creyeron en sus ojos, otros confirmaron los trazos, otros aún siguieron la recta vía que anunciaba. Fue hombre que conoció los días del gozo y la tristeza, de la consolación y la desolación, de los honores y la infamia. Después de María, fue el primero en interceptar el advenimiento de Cristo: respondió con un grito desde las entrañas que hizo temblar la ponderada maternidad de su anciana madre Isabel. Rápidamente después se enfrentó al desierto, tierra de silencio aunque no de mutismo. Allí afinó las armas, celebró las primeras profecías, empezó a allanar aquellos caminos y a nivelar aquellas colinas que nunca vio acomodadas. Advirtió el grito del Dios cercano, Lo vio entremezclarse con los pecadores, nunca perdió las huellas en los años de la vida escondida de Nazaret.

La familiaridad no le ahorró las dudas humanas: desde el interior de la mazmorra mandó a preguntar si era verdaderamente el Mesías o debían esperar a otro. Aquel hombre era parecido a una bisagra: en medio de dos tiempos, el antes de Cristo y el después de Cristo. Entre dos estaciones, la de la Antigua Promesa y la de la inédita Presencia, entre dos papiros, el del Antiguo y el del Nuevo Testamento.

Entre dos historias diferentes: aquella en la que Dios podía parecer lejano y aquella en la que el Dios lejano estaba aquí, cerca de él. El Evangelio que tiene aroma de pan, de caminos, de colada limpia y de sorpresas.


Aquella tentación le llegó quizás muy de mañana, al alba: igual que para Cristo, también para Lucifer la alborada era la hora preferida. El hombre aún está desnudo, los ojos han de aprender a poseer el mundo, el corazón debe revestirse de su traje. Las grandes operaciones en la Escritura -desde la peregrinación de Adán a la mañana de la Resurrección- suceden con las primeras luces del alba. Cansancio o desolación, contratiempo o pequeño imprevisto, seguramente Lucifer intentó hacer descarrilar el corazón del Bautista: la gente le habría creído. Quizás también a él le propuso sustituir a Dios. Como a mí, siempre al alba, a menudo vestido de amigo: Eres el mejor sacerdote que jamás haya conocido. ¿Qué sería del mundo sin ti?

Traicionero y embustero Satanás: conmigo, aunque con el Bautista más que conmigo. Pasado mañana con Dios. Este pobre cura que soy yo, de vez en cuando cae: se siente demasiado revestido de Dios y poco después cae al suelo. Con el Bautista no lo consiguió. La muchedumbre lo aclamaba como Mesías, él señaló con el dedo: He ahí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Siguieron a Cristo: fue el día del conseguido engarce, la fusión entre promesa, preparación y cumplimiento. Conseguido porque el Bautista nunca pensó que fuese Dios. Escogió quedarse como humilde anticipo. Para después quitarse de en medio y dejarle el camino libre. En el nombre de la fidelidad, que al fin al cabo es el nombre del Padre