domingo, 11 de octubre de 2026

LA REBELIÓN DE LOS “EUNUCOS POR EL REINO DE LOS CIELOS”

 

 
Porque hay eunucos que así nacieron desde el seno de su madre, y hay eunucos que fueron hechos eunucos por los hombres, y también hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de hacer esto, que lo haga (ho dynámenos joréin, joréito).
Mateo 19:12

Voy dándole vueltas a la idea de extenderme (no en Gérminans, claro está) en torno a la idea de que el famosísimo “Contrato Social” tiene como fundamento natural inexorable, el “Contrato Sexual”, que hoy está de capa caída. Y pensé que sería interesante, dentro de este tema, dedicar una reflexión al auge que ha adquirido en esta época conflictiva el distanciamiento sexual del hombre respecto a la mujer (el Creador, desde el principio, macho y hembra los hizo), sintetizado este distanciamiento en el movimiento gay, el del “tercer sexo”: con toda la carga sociológica y legal y los infinitos flecos que arrastra consigo. Y me pareció que un buen título para este capítulo, sería “La rebelión de los eunucos”. 

Y claro, ya metido en harina, al centrarme en el fenómeno de los eunucos, me tropiezo de inmediato con el texto de Mateo arriba transcrito. Al ir a trabajarme ese texto, lo que me llama la atención en primer lugar es su contexto: la trampa de los Fariseos a Jesús preguntándole si es lícito repudiar a la mujer por cualquier causa (lo que hoy llamamos divorciarse). Y resulta que son los mismos discípulos los que, tras la explicación de Jesús, responden: si así es la causa (aitía) del hombre con relación a la mujer (metá tés gynaikós), no sale a cuenta (u symférei) casarse. Y es aquí cuando sigue con el texto sobre los eunucos transcrito al inicio. Es decir que ahí en el Evangelio de Mateo, sale lo de los eunucos a cuenta de lo difícil que se les pone el matrimonio a los hombres de esa época, porque no tienen fin las trabas para repudiar a la mujer por cualquier causa. Si no sale a cuenta casarse, hay que pensar en tirar por el camino del medio, hacerse eunuco (que, ¡vaya por dónde!, se empleaba también entonces como sinónimo de afeminado) voluntariamente y por una buena causa: el reino de los cielos. Y resulta que sí, que hay un deslizamiento de significado en ese sentido, en el entorno de los que “se han hecho eunucos por el reino de los cielos”. No tengo interés en tirar de este hilo que pone en el mismo plano al que renuncia a casarse y al afeminado.  

Y aquí estamos metidos de lleno en el debatidísimo tema del celibato sacerdotal. Y no es casualidad que el término evangélico sea “hacerse eunuco”, porque precisamente el concepto de “eunuco” tiene connotaciones históricas que trascienden la mera cuestión sexual. Por eso me ha parecido interesante dedicar un articulillo a este tema bajo el título que aparece encabezándolo. Porque sobre los que me interesa hablar, es sobre los que se da por entendido que se han hecho eunucos por el reino de los cielos.
 
 
La etimología más comúnmente aceptada de eunuco, es la que entiende el término formado por dos elementos: “euné”, que sería el lecho en su connotación placentera, y “éjo”, (tener). Con lo que el eunuco sería el esclavo cuyo oficio es guardar el lecho. En los harenes era un varón (raro que no fuese una mujer; en los prostíbulos es la madame la regenta de las mujeres públicas). En cualquier caso, castrado. Eunuco.

¿Hay alguna duda de que el sacerdote (y la Iglesia en general) no ejerce precisamente de Álex-andrós (defensor del varón), sino de Álex-gynaikós (defensor de la mujer? No hay que darle muchas vueltas al argumento para llegar a esa conclusión. No hay más que ver los términos en que los Fariseos le plantean el tema a Jesús, y cómo acaba el debate con la reflexión de los discípulos, para entender la feroz tendencia al abuso por parte de los hombres. Sí, casarse, pero sin perder el derecho a repudiar a la mujer (divorciarse) con cualquier pretexto (katá pásan aitían), pretendían los Fariseos; excepto por prostitución (me epí pornéia), les responde Jesús. Sólo si la mujer se prostituye, es lícito el repudio.

Y se evidencia también que la gran beneficiada institucionalmente por el matrimonio, es la mujer. Y que, consiguientemente, la más perjudicada por el desmantelamiento de esta institución es también la mujer (además de los hijos, cuando los hay). El hecho de que hoy, en la mayoría de los divorcios que se producen, y además con cualquier pretexto (katá pásan aitían), la iniciativa sea de la mujer, no descalza para nada el principio de que el matrimonio se instituyó y se defendió en beneficio de la mujer. No hay más que ver que a lo largo de la historia de nuestra civilización, era lamentabilísima la suerte de la mujer que quedaba fuera del matrimonio: era el ejercicio activo de la prostitución. Es oportuno recordar aquí el dicho ése de “pasar más hambre que una puta en cuaresma”. Hasta en el ámbito de la prostitución se practicaba la abstinencia de las actividades carnales. Al caso, la Iglesia fue (ya no lo es) la gran defensora del matrimonio, siendo la mujer, la máxima beneficiaria de la defensa de esta instirución. 
 

Y bueno, eso de que no sale a cuenta casarse (u symférei gaméin), lo tienen ya asumido la mayoría de los hombres en edad de casarse. Y aquí es de nuevo la mujer, aunque de otro modo, la más perjudicada. Creo que es poco discutible que el matrimonio se diseñó pensando especialmente en beneficiarla a ella.

¿Y qué está pasando en la Iglesia con los que se hicieron eunucos a sí mismos por causa del reino de los cielos? Visto por dónde van las transgresiones a este compromiso, parece que un gran número de los transgresores han optado por el sinónimo de “afeminado”, que lleva hoy otras connotaciones más coloridas y un potente aparato propagandístico también en la Iglesia. Un número menor de transgresores se ha quedado en las transgresiones que en otros tiempos fueron las mayoritarias. Mientras que es de suponer que la gran mayoría de los que adoptaron el compromiso de hacerse eunucos por causa del reino de los cielos, es decir los que al abrazar el sacerdocio aceptaron el celibato a él vinculado, se mantienen fieles a su compromiso.

Vuelve a discutirse en la Iglesia la oportunidad del celibato sacerdotal. Y de paso, del sacerdocio femenino. Y, como en tantas otras cuestiones, se considera mejor opción renunciar a él: es la inclinación tan progresista del cambio por el cambio como sinónimo infalible de progreso. Y todo, bajo el supuesto de que no tiene buena pinta que la Iglesia se ocupe excesivamente del sexo, como no sea para abrir de par en par las puertas a todo género de transgresiones. Pues no, resulta que no es bueno que la Iglesia renuncie a la defensa del lecho (del lecho matrimonial), y de paso, del matrimonio. Y eso, evidentemente, los hombres de Iglesia están en mejores condiciones de hacerlo desde su condición de eunucos, de célibes (por causa del reino de los cielos, ¡claro!) 

Virtelius Temerarius   

Semana del 12 al 18 de octubre

 


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: Javier Sanromán, hijo Emilio y Roberto. José Da Silva Gaspar.

Martes: Elias Torres Vidal y sus padres. Elisa Arosa Méndez, esposo y difuntos de la familia.

Miércoles: No habrá Misa.

Jueves: Alicia García Fariña.

Viernes: María Isabel Martínez Díaz.

Sábado: Tomás Outón Cacabelos. Manuel Domínguez Serén y esposa Divina Méndez Meis.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 por Ángel García Martín. Iñigo Lapetra, difuntos de ambas familias. Intenciones familia Arteaga Gómez de la Vega.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00.

Lunes: A la Virgen del Pilar, por la Parroquia.

Martes: Inocente Otero Fernández, esposa Elisa e hijos fallecidos.

Jueves: Manuel Souto Fernández, Esmeralda Portela Vázquez, Adoración Souto Portela, Albino Chan Padín, da Bruñeira, Manuel Fernández Casal, Cándida Garrido Limeres, Manuel Fernández Garrido, da Salgueira.

Sábado: Juan Salgueiro. Jacinto Casal Soutullo. Gonzalo Martínez Martínez y difuntos de la familia. Marina Otero Carballa y esposo Chan. Juan Camiña Lamelas y esposa, da Bruñeira.

Domingo: A las 10:30 por Carmen Estévez Filgueira. Carmen Buezas Besada. A las 11:30 por la Parroquia.

domingo, 4 de octubre de 2026

UNA VIÑA CUIDADA CON AMOR

 


Jesús presenta la imagen de un propietario que planta una viña, la rodea con una cerca, cava un lagar, construye una torre y la entrega a unos viñadores. No abandona un terreno cualquiera. Prepara cuidadosamente un lugar para que dé fruto. La viña es signo de una historia de amor, de confianza y de responsabilidad.Así obra Dios con nuestra vida. No nos entrega una existencia vacía o sin sentido. Nos confía dones, vínculos, oportunidades, fe, tiempo, capacidades, personas a quienes amar, caminos donde servir. Todo eso es una viña recibida. Nada de lo verdaderamente importante nos pertenece como dueños absolutos.

Esta imagen nos invita a agradecer, pero también a despertar. La vida que tenemos no es solo para conservarla, defenderla o usarla según nuestro capricho. Es una viña llamada a dar fruto. Dios espera de nosotros frutos de justicia, misericordia, fidelidad, perdón, servicio y amor concreto.


Los viñadores de la parábola actúan como si la viña fuera suya. Cuando llegan los servidores del dueño para recoger los frutos, los maltratan y los rechazan. Luego hacen lo mismo con otros enviados. Finalmente, cuando llega el hijo, deciden matarlo para quedarse con la herencia.

El pecado profundo de estos viñadores es la apropiación. Recibieron algo confiado, pero se comportaron como dueños. Esa tentación también puede entrar en nuestro corazón. Podemos apropiarnos de la vida, de los bienes, de los talentos, de la familia, de una responsabilidad, incluso de la fe, como si todo existiera solo para nosotros.

Cuando olvidamos que Dios es el Dueño, aparecen la soberbia, la dureza y la ingratitud. Dejamos de escuchar sus llamados. Rechazamos correcciones. Nos molesta que alguien nos recuerde lo que debemos cambiar. Queremos los frutos, pero no queremos rendir cuentas.


La parábola llega a su punto más doloroso cuando el dueño envía a su hijo. Piensa que lo respetarán, pero los viñadores lo sacan fuera de la viña y lo matan. Jesús está anunciando su propia pasión. Él es el Hijo enviado por el Padre, rechazado por quienes no quieren entregar los frutos de una vida convertida.

Esta escena nos pone frente al misterio del amor de Dios. El Padre no deja de enviar. Insiste, llama, busca, espera. Su paciencia parece desmedida. Pero el rechazo al Hijo revela hasta dónde puede llegar un corazón cerrado cuando no quiere perder el control.

También nosotros podemos rechazar a Cristo de maneras más silenciosas. No necesariamente con violencia abierta, sino cuando no escuchamos su Palabra, cuando postergamos la conversión, cuando preferimos nuestras seguridades, cuando defendemos actitudes que sabemos que no dan fruto, cuando dejamos a Dios fuera de decisiones importantes.

Jesús recuerda que la piedra desechada por los constructores se convierte en piedra angular. Lo que los hombres rechazan, Dios lo transforma en fundamento. La cruz, que parecía derrota, será lugar de victoria. El Hijo rechazado será el centro de una vida nueva.


Esta palabra es exigente y esperanzadora. Exigente, porque Jesús advierte que el Reino será dado a un pueblo que produzca frutos. La fe no puede quedarse en apariencia, pertenencia externa o palabras correctas. Dios espera frutos reales. Esperanzadora, porque incluso el rechazo humano no puede detener el plan de Dios. Él sabe levantar vida donde parecía haber fracaso.

Hoy podemos mirar nuestra propia viña. ¿Qué frutos está esperando el Señor? Tal vez un perdón que venimos demorando, una responsabilidad que debemos asumir mejor, una relación que necesita más paciencia, una fe que debe volverse más concreta, una dureza que necesita convertirse en misericordia.

Pidamos la gracia de vivir como administradores agradecidos, no como dueños cerrados. Que no rechacemos al Hijo cuando venga a pedir frutos. Y que Cristo, piedra angular, sostenga nuestra vida para que todo lo que somos y tenemos pueda dar fruto para el Reino de Dios.

Comentario de “Difundiendo la Palabra"

Semana del 5 al 11 de octubre

 


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: Amalia Vidal Méndez. Modesta Camiña Dopazo, esposo Rogelio Esperón, hijos y difuntos de la familia.

Martes: Carmen Valladares Currás y difuntos de la familia.

Miércoles: No habrá Misa.

Jueves: Por la Paz y concordia en las familia.

Viernes: Obligaciones del Celebrante. A las 21:00 Reunión de catequistas.

Sábado: A las 20:00 Misa por Regina Padín Vázquez. Dolores Serén Cores.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:00 por Ángel García Martín. Iñigo Lapetra, difuntos de ambas familias. Intenciones familia Arteaga Gómez de la Vega. Ya se puede inscribir a los niños y jóvenes para la catequesis.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Miércoles: A la Virgen del Rosario. Por los jóvenes que reciben el Sacramento de la Confirmación.

Jueves: Por Cándida Garrido Limeres, esposo Manuel Fernández Casal, hijo Manuel y difuntos de la familia.

Sábado: Por Alicia Salgueiro Torres. Elisa Lamelas Torres y esposo José Vidal Prieto. Celestino Martínez Buezas. Carmen Buezas Fernández. Manuel Caneda Otero e hijo Manuel, da Costiña. Manuel García Camiña y sus padres.

Domingo: A las 11:00 Misa por la Parroquia. Inscripción de niños y jóvenes en la catequesis.

domingo, 27 de septiembre de 2026

SUEÑOS, DECEPCIONES Y OBSTINACIÓN DE DIOS

 


“Quiero cantar para mi amado el cántico de amor por su viña” (Is.5,1) Así comienza la liturgia de la Palabra este domingo, sugiriendo a nuestro corazón el rostro de un Dios enamorado, incurablemente enamorado de su criatura, un Dios que canta su amor por su pueblo. Sí, porque el amor es canto rimado por el Espíritu Santo sobre las cuerdas de nuestra alma; es pasión, obstinada pasión de Dios por su amado, por cada uno de nosotros.

En la parábola que hoy se nos propone, el Señor retoma la imagen de la viña presente en el poema del profeta Isaías, y la relee a la luz de la historia de la salvación. Es la historia de Dios y su pueblo, un trenzado de fidelidad y rechazo. La viña es el pueblo de Israel, el amo es Dios, los labradores son los jefes del pueblo, los sirvientes son los profetas y el hijo es el mismísimo Jesús. En el centro de todo está el sueño de Dios, su pasión, su amor obstinado por la humanidad. Amor que se traduce en el ocuparse de la viña: cercándola, excavando un lagar, construyendo una torre para vigilarla y custodiarla, como un centinela. El amo de la viña hace todo lo posible: no deja nada a la improvisación. El amor no se improvisa, es fruto de pequeñas atenciones que te hacen sentir especial, deseado, simplemente amado.

Pero a un cierto punto la escena cambia. El amo, después de tantos cuidados y sacrificios, confía su viña a los labradores y parte para un viaje. ¿Quién de nosotros lo hubiera hecho? ¿Quién hubiera obrado así? Y sin embargo el tiempo de la ausencia del propietario es el tiempo de nuestra responsabilidad, de la respuesta al amor considerado de Dios hacia nosotros, a hacer nuestro el estilo de Dios: cuidar del otro sin poseerlo. Porque el amor, cuando es verdadero, engendra entusiasmo, respeto, entrega incondicional, donación generosa a fondo perdido, mirada comprometida con el bien del prójimo. 
 
 
Pero llegado el tiempo oportuno, el propietario, después de tantas atenciones y tanto trabajo, envía un criado a la viña para recoger los frutos; pero los hechos se precipitan inmediatamente. Los labriegos golpean al pobre criado que vuelve a casa maltratado y con las manos vacías. Las repetidas y obstinadas tentativas del propietario, que envía a otros criados, obtienen un resultado siempre peor: pegados, rechazados e incluso asesinados. Encontramos un fortísimo contraste entre la ternura apasionada del propietario, que planta y se ocupa de su viña, y la furia homicida de los labradores que hacen tabla rasa del Señor rechazando a sus mensajeros. Estamos frente a la historia de Dios y su pueblo, historia del sueño de Dios, de su incurable y empecinado amor que no se detiene ante la decepción, la traición, el rechazo de parte de su pueblo y de sus jefes, y continúa enviando a sus profetas.

Pero he aquí el segundo y más dramático golpe de escena: el propietario no extermina a los viñadores rebeldes, sino que les envía a su propio hijo amado, el cual no evita el mismo destino de los otros criados. Obrando de esta manera, el hijo, compartiendo la muerte de todos los testigos incómodos de la verdad, pasados y futuros, desvela con su muerte los trazos de una inesperada e inaudita novedad.

Jesucristo en la cruz no pone fin a las contradicciones y distorsiones de la historia, sino que se introduce en ella hasta el fondo. Y allí, clavado en la cruz, ilumina la historia del mundo y se solidariza con ellos: excluido entre los excluidos, alcanza y abraza a todos.

 
Ésta es la venganza de Dios: enviar a su Hijo amado, su único Hijo, amar al hombre obstinadamente, hasta la locura. Jesús en la cruz, no cede al chantaje de sus verdugos que querrían una demostración de fuerza y poder por su parte. Él no baja de la cruz. Permanece allí, clavado, desnudo, impotente; y desde aquel madero infame, revela al mundo el verdadero e inaudito poder de la debilidad, el poder incómodo del amor que desarma.

Dios hubiera podido expresarnos su amor de muchas maneras. Pero no ha querido dejar espacio a las interpretaciones, a los malentendidos. Una cosa es usar dulces y consoladoras palabras, otra colgarlo de tres clavos, suspendido entre el cielo y la tierra. Y sobre la cruz, de aquel cuerpo irreconocible por la barbarie humana, arado por los flagelos, destrozado por los golpes y la tortura, es prensado el vino nuevo, el vino de la misericordia que se derrama desde el costado abierto de Cristo, sangre derramada por nosotros y por muchos para el perdón de los pecados.

Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet

Semana del 28 de septiembre al 4 de octubre

 

Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: Victoria Agraso, esposo y difuntos de la familia.

Martes: Juan Vidal Méndez, esposa e hijos.

Miércoles: Por las intenciones de los participantes.

Jueves: Por la paz y la concordia entre las familias.

Viernes: Pastora Pombo Padín y su padre Manuel Pombo.

Sábado: A las 10:30 primer Aniversario de Alicia Maya Pérez. A las 20:00 Misa por Manuel Domínguez Serén y esposa Divina Méndez Meis.

Domingo: Primera a las 9:00 por Aurora Insua Camaño. Lolita Camaño y difuntos de la familia. Isabel y Joaquín Martínez Acuña. Segunda a las 12:00 por Modesta Fernández Dopazo, Eduardo Fernández Lores y difuntos de la familia. Ángel García Martín. Iñigo Lapetra, difuntos de ambas familias. Intenciones familia Arteaga Gómez de la Vega.

Deben anotarse los niños de la catequesis antes o después de las misas.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Jueves: Por los enfermos y ancianos de la Parroquia.

Viernes: Catequesis de confirmación.

Sábado: Florinda Estraviz Pombo y esposo. Luisa Melón Oubiña y esposo. Francisco Germán Castro Álvarez, de Gondariño. Pepe da Tomada y difuntos de la familia. Modesta Pombo Padín y esposo Valentín, da Vichona.

Domingo: A las 11:00 por la Parroquia.

Deben anotarse los niños de la catequesis antes o después de las misas.

domingo, 20 de septiembre de 2026

EL IMPAGABLE HONOR DE TRABAJAR EN LA VIÑA

 


En este primer domingo de otoño nos encontramos con una de las parábolas más increíbles contadas por el Señor. Nos llega mientras retomamos todas nuestras actividades un poco con calzador: el trabajo, la escuela, la vida parroquial ordinaria, las fatigas y preocupaciones cotidianas… El verano con sus vacaciones, para quien ha podido hacerlas, parece un recuerdo lejano.

Y en esta “vuelta a la normalidad” nos encontramos con el Evangelio de hoy que hace saltar por los aires toda lógica de justicia humana, sobre todo en estos tiempos en los que buscar trabajo parece una utopía, tan grande como el riesgo a perder el empleo quien lo tiene.

Porque la parábola de hoy nos habla de trabajo, de sueldo, de jornal a horas, de recompensa con métodos y valoraciones que no se corresponden con la justicia. Pero al mismo tiempo hay una palabra que brilla luminosa más allá del derecho y la reivindicación: la palabra bondad. “Yo soy bueno” afirma el amo de la viña de la parábola.

En medio de las habladurías y críticas hacia el amo -humanamente justificables- encontramos la imponente afirmación “Yo soy bueno” que desarma toda lógica humana.

Porque la parábola, como toda parábola de Jesús, hace referencia a otra cosa: es necesario interpretarla, ir más allá de la simple narración. Algunas palabras de Jesús resultan ilógicas a nivel humano, incompresibles para “los de fuera” como Él mismo afirma después de la narración de la primera parábola, la del sembrador.

Una vez más, el Dios de Jesús nos desconcierta: sus caminos -como nos ha recordado Isaías en la primera lectura- no son nuestros caminos, los “superan” como la cruz y el don superan nuestra lógica.

Parece normal que instintivamente cada uno de nosotros se sienta solidario con los trabajadores de primera hora: no es justo dar la misma paga a quien trabaja mucho y a quien trabaja poco. No es justo si en el centro de todo colocamos el dinero y las leyes de la economía.

Pero si me dejo provocar por esta parábola, si como Dios, sitúo en el centro, no el dinero, sino el hombre, no la productividad sino la persona, entonces no puedo murmurar contra aquel que desea asegurar la vida de todos. La parábola nos invita a conquistar la mirada de Dios.


Si de hecho entramos en la lógica de Dios, se nos abre una perspectiva nueva: descubrimos un pacto entre las partes, es verdad, pero especial y único. Porque Dios nos llama a trabajar en su Viña, no como un empresario alejado de sus operarios, sino como uno que da a los hombres los frutos mismos de aquella viña y que hace a los hombres partícipes de su obra de redención. ¡El hecho mismo de trabajar en la viña del Señor es la recompensa! Y gozan mayormente de esta recompensa quienes la tienen desde primera hora de la mañana.

Dios se entrega a sí mismo al hombre en un don gratuito, continuo, fiel, sin límites; entrega todo su amor. Y pide a cambio únicamente la aceptación del don. La respuesta decisiva a su llamada, el arremangarse para poner manos a la obra aunque sea sólo una hora en la vida, puede redimir toda una existencia. Pensemos en aquel intensísimo momento de amor y de fe que hizo del buen ladrón, un primero en su Reino.

Ningún hombre, en cierto modo, puede ser comparado con otro. Cada uno tiene su llamada, su hora, su historia. Cada uno es el preferido al que Dios destina su paga de salvación, es decir la paga entera, todo Él mismo.

En esta aventura de amor infinito que es la historia de nuestra salvación, lo más llamativo, el contraste más evidente, el reto al esplendor de su Bondad es la envidia que podemos alimentar hacia este don que va más allá de todo mérito, revelando la medida de Dios.

Ceder a la envidia lleva en sí el castigo. El libro de los Proverbios define la envidia como “una caries de los huesos” (Prov.14,30) La envidia después va acompañada de lamentación, el arrepentimiento por haber soportado el peso de la jornada y el calor, de haber trabajado en la viña de Dios, de haberse visto obligado a amar desde la primera hora.

Sin embargo, si al trabajador de última hora lo miro con bondad, si lo veo como un amigo, no como un rival, si lo considero un hermano, no un adversario, si veo en él al pobre que se ha pasado todo el día sufriendo por no tener trabajo, entonces disfruto junto con él de la paga entera, porque entiendo que aunque por otros motivos, también se la merece; y lo festejo con mi hermano, y ambos nos sentimos ricos y agraciados.


Es cuestión de bondad, tan difícil de encontrar en nuestros días, incluso quizás en la vida de nuestras comunidades, donde a veces la envidia y la crítica -como decía el papa Francisco- son males que hieren la comunión y escandalizan al mundo.

Si me creo trabajador cumplidor de la primera hora, cristiano ejemplar, que entrega a Dios empeño y tesón, que pretende la recompensa, entonces me alejo de la bondad de Dios. Si en cambio, con humildad, con verdad, me coloco entre los últimos trabajadores, entre los siervos inútiles, junto a los pecadores, junto a María Magdalena y el buen ladrón, si cuento no con mis méritos sino con la bondad de Dios, entonces la parábola me revela el secreto de la esperanza: Dios es bueno.

Es lo que debió experimentar el mismo evangelista Mateo, el único que nos presenta esta parábola y cuya fiesta celebramos hoy 21 de septiembre, quizás porque se sintió tocado personalmente por la invitación a seguir a Jesús a pesar de su pecado. Es lo que experimentó san Pablo que llega a decir a los filipenses que “para mí, vivir es Cristo y el morir una ganancia”.

Entonces no me molesta que el Señor sea bueno, porque el trabajador de la última hora soy yo, un poco ocioso, un poco necesitado. No me lamento porque a menudo no tengo ya la fuerza de llevar el peso de la jornada y el bochorno.

¡Ven, Señor, a buscarme aunque me haya retrasado! Y estaré contento de tener un Dios así, que llama a la puerta cerrada de mi estrecho corazón de fariseo, que empuja contra la pobreza de mi alma, para  enriquecerla con su mismísimo Amor. Ayúdame a redescubrir que la verdadera ganancia es vivir de Ti, morir por Ti, que es impagable el honor de trabajar en tu viña desde primera hora de la mañana.

Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet