domingo, 12 de julio de 2026

Sin Medida

 


Observando los tiempos en los que vivimos, tiempos recios, densos de grandes contradicciones, me doy cuenta con más fuerza que nunca de que es la vuelta a lo esencial lo que nos salva. “Lo esencial”, expresión de una pobreza radical que únicamente en las manos de Dios puede convertirse en descubrimiento de la mayor riqueza. Esencial que tiene aroma de inicios, que tiene el parecido con una semilla esparcida abundantemente sobre la tierra, custodiando anhelos y esperanzas para la vida del mundo.
 
Indiscutiblemente la protagonista de este domingo es la Palabra de Dios. Palabra de amor que Dios pronuncia sobre nosotros, sobre el mundo, sobre la historia y que acaricia como una brisa suave nuestra vida, tantas veces suspendida en el sufrimiento y en el “sin sentido” en el que parece hundirse la mejor de nuestras jornadas. Palabra eficaz que no vuelve al remitente, sin antes obrar aquello para lo que fue ideada y enviada. Palabra que lleva en sí el gemido de toda carne y de toda la creación entera, sedienta de vida, de libertad, de plenitud, de Dios. Palabra que realiza lo que promete, porque Dios es fiel siempre a sus promesas.
 
En la vida de cada uno de nosotros, aunque la rechacemos, aunque no nos demos cuenta, aunque quizá nos sintamos aplastados por nuestra superficialidad, está obrando la Palabra de Dios que como fecunda semilla visita nuestra tierra.
De todo esto nos habla el evangelio a través de una parábola.  Un texto que aunque conocido de sobras, no podemos tratar como si fuese unas historieta de las que conocemos el final.
 
En el centro de la parábola de hoy no encontramos al sembrador y ni siquiera el terreno. En el centro de todo está la semilla, es decir la Palabra, y de hecho las cuatro situaciones que el evangelio describe, cuentan los destinos diversos a los que se ve abocada la única semilla: el anuncio de la Palabra.


El relato (Mt 13,1-23) describe una siembra verdaderamente sobreabundante, exagerada, casi un “derroche”. La exageración y la gratuidad del sembrador que derrocha la semilla entre zarzas, piedras y camino no está orientada a la ganancia o al lucro, no hace categorías o preferencias entre terrenos: todo habla de Dios, de su amor loco y desbordante, que se da sin medida, indistintamente, hasta el derroche. El evangelio está lleno de derroche, ama el derroche “por la vida” porque éste muestra el rostro de Dios: un Dios sembrador de vida a manos llenas, sin cálculos…
 
Hay que decir que también en la misma siembra son posibles éxitos diversos y contrapuestos. Nosotros anhelaríamos una victoria triunfante de la semilla, una presencia visible y dominante del germen de la Palabra que se hace camino en la tierra estéril. Y en cambio no. Continuamente experimentamos como en nuestro corazón conviven espacios de acogida y de superficialidad, situaciones de asfixia debido a tantas, demasiadas preocupaciones del mundo; y horizontes inéditos, al límite de la confianza y la esperanza que palpitan en Dios.
 

¡Me gusta imaginar la cara de los discípulos cuando a propósito de la semilla caída en tierra buena oyen hablar de una cosecha en términos de 100, 60, 30 sacos! La proporción obviamente es altísima, desmesurada, inverosímil, considerando los escasos medios de Palestina en aquellos tiempos de Jesús. ¡Que exageración! ¿Cómo es posible una cosecha tan abundante?     Las leyes de la naturaleza son superadas, son dejadas de lado para ceder el paso a una nueva ley: la del amor que se adelanta a darlo todo a fondo perdido, sin esperar nada a cambio: que es exageradamente, incomprensiblemente divino.
 
Es la justicia divina que espera que nuestra justicia humana sobrepase la de los escribas y fariseos, que supere los preceptos pormenorizados y de corta mira del cumplimiento observante de la ley, y entre en la dinámica del amor fraterno que es exigencia del sacrificio de Cristo que murió por los enemigos y que nos exige vivir reconciliados con todo el mundo (Mt 5,20-24). La unanimidad en el amor es además condición para la oración comunitaria (1 Pe 3,8-15) Ése es el atrio de la libertad gloriosa de los hijos de Dios. (Rom. 8, 18-23)

Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet 

Semana del 13 al 19 de julio

 

Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: A las 20:40 Rosario, Novena y Misa. Por las Vocaciones a la vida Sacerdotal, Religiosa y Misionera.

Martes: A las 20:40 Rosario, Novena y Misa. Por la paz y la justicia en el mundo.

Miércoles: A las 20:40 Rosario, Novena y Misa. Por los participantes.

Jueves: Misa solemne y procesión a la Virgen del Carmen. Por la Parroquia.

Viernes: Al Santísimo Sacramento a intención de los cofrades del Carmen.

Sábado: A las 10:30 primer aniversario de Dolores Viñas Dopazo. A las 21:00 horas por Carmen Dopazo Padín y difuntos de la familia. Manuel Salgueiro Blanco. Ángel Manuel Santamaría, Encarnación Palomares Rodríguez, padre y abuelo. Ángel Moraña Laredo.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:00 por los participantes. Manuel Blanco Vidal y sus padres.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: Continuamos con la Novena de la Virgen del Carmen. A las 19:40 Rosario, Novena y Misa. Por las Vocaciones a la Vida Sacerdotal, Religiosa y Misionera.

Martes: Continuamos con la Novena de la Virgen del Carmen. A las 19:40 Rosario, Novena y Misa. Por Julio, Manuela e hijos fallecidos.

Miércoles: Continuamos con la Novena de la Virgen del Carmen. A las 19:40 Rosario, Novena y Misa. Por los enfermos y ancianos de la Parroquia.

Jueves: A las 11:00 Misa en Rouxique. A las 19:00 Misa en Cachadas.

Sábado: A las 20:00 por Juan Manuel Salgueiro. Gonzalo Martínez Martínez. Divina Méndez Padín, esposo y difuntos de la familia. Jacinto Casal Soutullo.

Domingo: A las 11:00 a San Cristóbal, Comisión de fiestas. Carmen Estévez Filgueira. Carmen Buezas Besada. Después de la Misa bendición de coches.

domingo, 5 de julio de 2026

LA DOCILIDAD TIENE PREMIO: VIVIR CONFIADOS SIN TEMOR

 

 
El relato evangélico del 14º Domingo del Tiempo Ordinario  nos muestra la invitación que Jesús hace a seguirle e imitar su corazón dulce y humilde (Mt. 11,25-30) si uno quiere ser aliviado del cansancio de la vida, en el otro. Siempre frente a las palabras del Señor y a su anuncio, las personas se dividen en dos grupos: quien lo escucha y quien no.
Jesús no utiliza jamás categorías sociales o económicas, sino categorías espirituales. Los que se sienten más inclinados a acogerlo, no son tanto los que tienen dinero, poder o instrucción; los sabios que lo rechazan no sólo son los ricos y los de posición elevada, sino también los de condición humilde. Es capaz de acoger el mensaje del Señor el que es dócil de corazón, quien se abre al don y conserva capacidad de asombro, quien sabe que la vida no es una propiedad nuestra, sino un don de Dios.

Al contrario, quien está lleno de sí mismo, quien se apoya en lo que tiene, en lo que es o en lo que sabe, no tiene capacidad para acogerlo. Mientras nosotros estamos inclinados a mirar a los hombres con afán estadístico, Jesucristo mira a la humanidad con los ojos de Dios: mira al corazón. Es capaz de descubrir quién tiene plena confianza en Dios y quién, a pesar de mostrarse como una persona plenamente religiosa, finge.
 

Lo que Jesús nos quiere enseñar respecto a Dios, es que su ley no sirve para nada si no es vista como respuesta al amor que nos ha creado. Acoger el Evangelio, ser sensible a la Buena Nueva, sólo es posible a través de la conversión del corazón. Los signos que Jesús hace (su predicación, sus milagros…) buscan que nuestro corazón sea humilde y dócil, capaz de reconocer que todo nos viene de Dios. Sólo esta clase de pobres puede ser feliz. El premio a esta actitud del corazón es vivir confiados y sin temor.
 
Es lo que se nos explica en el capítulo 8º de la Epístola a los Romanos: la muerte y la resurrección de Cristo ha liberado a los hombres del poder de la carne, es decir de la humanidad sujeta al pecado que tiene miedo de confiar totalmente en Dios; y nos ha puesto bajo el poder del Espíritu. Si acogemos esta liberación y hacemos que produzca frutos en nuestra vida, dejando de ser egoístas y viviendo como Él ha vivido con ayuda del Espíritu, seremos felices en esta vida y en la gloria que un día se nos revelará: ése será nuestro rescate final.
 
Y Jesús nos demuestra que es posible vivir así: que este maravilloso nivel de vida espiritual no es cosa de ángeles, sino de hombres. 

Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet

Semana del 6 al 12 de julio

 

Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: Por Amalia Vidal Méndez y su hijo Fernando.

Martes: A las 20:40 Comienza la Novena a la Virgen del Carmen. Rosario, Novena y Misa. Por Carmen Valladares Currás y difuntos de la familia.

Miércoles: Seguimos con la novena. Misa por Eva Policastro, esposo e hijo Juan.

Jueves: Misa por Amparo, padres y hermanos.

Viernes: Misa por José Salgueiro y difuntos de la familia.

Sábado: Misa a San Cristobal, en el campo de la fiesta. A las 20:40 Rosario, Novena y Misa. Carmen Radío Dadín y esposo Juan Poceiro Torres. Esperanza Varela Minguillo e hijos Carmen y José. Luis Limeres Outón, hijo Luis y difuntos de la familia. A la Virgen de Fátima, una devota.

Domingo: Primera a las 9:00 por las Obligaciones del Celebrante. Segunda a las 12:00 por Matilde González Parada, San Benito por la Parroquia.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: A las 13:00 misa por los cofrades fallecidos.

Martes: A las 19:40 Comienza la Novena de la Virgen del Carmen Rosario, Novena y Misa.

Miércoles: Continua la Novena a la Virgen del Carmen.

Jueves: Continua la Novena. Misa por Wesceslao Méndez Nuñíz, esposa María Méndez Torres, de Lagarey.

Viernes: Continua la Novena.

Sábado: A las 19:40: Rosario, Novena y Misa, por Elisa Lamelas Torres y esposo José Vidal Prieto. Marina Otero Carballa y esposo Chán. Carmen Buezas Fernández da Arnosa.

Domingo: A las 11:00 Misa por la Parroquia.

domingo, 28 de junio de 2026

SEGUIR A CRISTO ES ACEPTAR LA CRUZ

 


San Pablo en su “Carta a los Romanos” no describe únicamente un rito sacramental: los gestos del rito son signo e iniciación a un estado de existencia bautismal. El cristiano prolonga, en cada momento de su vida, el significado y la realidad del bautismo, en el dinamismo pascual de muerte-resurrección. Morimos en cada momento, al pecado, al egoísmo, a la carne, al hombre viejo, para resurgir a la vida nueva de amor y gracia, al Espíritu, al hombre nuevo. En la base de la existencia cristiana existe pues una tensión dialéctica, un conflicto entre el sí a las exigencias de la gracia, a las continuas llamadas del Espíritu, y un no a las seducciones de la carne, al peso del egoísmo y la pereza. Y todo esto es cruz. Tomar la cruz, obrar dolorosos alejamientos, perder la propia vida son sinónimos de muerte al pecado y de apertura a las llamadas de la gracia. El cristianismo pascual no es sinónimo de facilidad o de fuga del sufrimiento. El esplendor de la mañana de Pascua está siempre precedido de las tinieblas del Viernes Santo. 

Para seguir a Jesucristo es necesario pasar inevitablemente por la senda estrecha. Pero únicamente recorriendo este camino se llega a la vida, de igual manera que sólo quien habrá perdido su vida por Cristo la reencontrará. Y así como la aceptación de la cruz es condición necesaria para seguir al Señor, así el acoger a los otros con generosa hospitalidad es signo de fidelidad al mandamiento nuevo del amor fraterno sin fronteras. No sólo la acogida al compañero, al familiar o al amigo – ¿los paganos no hacen lo mismo?- sino la acogida al forastero, al alejado, al pobre, a aquel que no puede recompensarte. Una acogida que invita a la renuncia, a la disponibilidad, a la gratuidad, porque descubre en el huésped, en el forastero, en el pobre al Divino Forastero que no tiene una piedra donde reposar la cabeza. En el hambriento, en el peregrino, en el desnudo, en el enfermo o prisionero está siempre Jesús que llama a la puerta del cristiano y pide hospitalidad y ayuda.
 
Pablo VI, atentado en Manila

Pero el don de la acogida y la escucha se manifiestan y nos interpelan también en otras situaciones: en la atención al otro, en la capacidad de diálogo, en el esfuerzo por comprender las razones del otro. Es una actitud, una disposición de fondo que sabe acoger sin espíritu hipercrítico, sin ánimo desconfiado sino más bien con atención y amor.
 
En esta actitud y a la vez firmeza del amor, quiero recordar en este domingo las esperanzadoras palabras del beato papa Pablo VI en su viaje a Manila en noviembre de 1970 y que deberían seguir  resonando hoy en el corazón de toda la Iglesia:
 
“¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio! Para esto me ha enviado el mismo Cristo. Yo soy apóstol y testigo. Cuanto más lejana está la meta, cuanto más difícil es el mandato, con tanta mayor vehemencia nos apremia el amor. Debo predicar su nombre: Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios vivo; él es quien nos ha revelado al Dios invisible, él es el primogénito de toda criatura, y todo se mantiene en él. Él es también el maestro y redentor de los hombres; él nació, murió y resucitó por nosotros.
 
Él es el centro de la historia y del universo; él nos conoce y nos ama, compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y de esperanza; él, ciertamente, vendrá de nuevo y será finalmente nuestro juez y también, como esperamos, nuestra plenitud de vida y nuestra felicidad.
 
Yo nunca me cansaría de hablar de él; él es la luz, la verdad, más aún, el camino, y la verdad, y la vida; él es el pan y la fuente de agua viva, que satisface nuestra hambre y nuestra sed; él es nuestro pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Él, como nosotros y más que nosotros, fue pequeño, pobre, humillado, sujeto al trabajo, oprimido, paciente. Por nosotros habló, obró milagros, instituyó el nuevo reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia, en el que los limpios de corazón y los que lloran son ensalzados y consolados, en el que los que tienen hambre de justicia son saciados, en el que los pecadores pueden alcanzar el perdón, en el que todos son hermanos.
 
Éste es Jesucristo, de quien ya habéis oído hablar, al cual muchos de vosotros ya pertenecéis, por vuestra condición de cristianos. A vosotros, pues, cristianos, os repito su nombre, a todos lo anuncio: Cristo Jesús es el principio y el fin, el alfa y la omega, el rey del nuevo mundo, la arcana y suprema razón de la historia humana y de nuestro destino; él es el mediador, a manera de puente, entre la tierra y el cielo; él es el Hijo del hombre por antonomasia, porque es el Hijo de Dios, eterno, infinito, y el Hijo de María, bendita entre todas las mujeres, su madre según la carne; nuestra madre por la comunión con el Espíritu del cuerpo místico.

¡Jesucristo! Recordadlo: él es el objeto perenne de nuestra predicación; nuestro anhelo es que su nombre resuene hasta los confines de la tierra y por los siglos de los siglos.”  
(Pablo VI)

Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet

Semana del 29 de junio al 5 de julio

 


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: Secundino Domínguez Laya. Dolores Rosa Lobo.

Martes: Jorge Vidal Camiña, hermano Moisés y sus padres.

Miércoles: Dolores Viñas Dopazo.

Jueves: Por la Parroquia.

Viernes: No habrá Misa.

Sábado: Celsa Lastres Radío a intención de sus antiguos alumnos. Enrique Laseiras y difuntos de la familia.

Domingo: Primera a las 9:00 por Aurora Insua Camaño. Lolita Camaño y difuntos de la familia. Isabel y Joaquín Martínez Acuña.

Segunda a las 12:00 por Adonis García Dopazo y esposa Lola Moldes Vidal.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas

Lunes: A las 13:00 Misa Solemne a San Pedro. Presidirá el señor arzobispo.

Martes: A las 19:00 Misa Solemne a San Antonio y a San Roque.

Jueves: A las 20:00 Misa por Luisa Melón Oubiña y esposo. Juan Rey Carballa, da Xuncablanca. A Santa Lucía, una devota.

Sábado: A las 20:00 Misa por Alfredo Lores Lores, de Piñeiros, e hija María Esther. Jesús García Vázquez. María Parisina Otero Rodríguez y esposo Serafín, de Piñeiros. Alfonso Pita Fernández.

Domingo: A las 11:00 Misa por la Parroquia. A las 13:00 Misa solemne al Santísimo Sacramento, después de la misa de procesión.

domingo, 21 de junio de 2026

VALÉIS MUCHO MÁS QUE MUCHOS GORRIONES

 

 
Nuestra humanidad, si no va con cuidado, puede dejarse arrastrar por lo exterior en detrimento de una vida interior de corazón y de espíritu. El miedo a ser rechazado por los hombres engendra el miedo: e insinúa entre nosotros un clima de desconfianza. El “miedo a la gente” no tiene su fuente en Dios. Cuando el miedo nos arrebata, es peligroso. El Espíritu Santo para curarnos nos concede el don del santo temor de Dios, un temor espiritual que ama la belleza de Dios y reconoce que Dios es el origen de todo. Éste nos libra del orgullo de creer que nosotros solos llevamos las riendas de nuestra vida.
 
El mensaje del Señor es un mensaje de amor que parte de un corazón que se siente amado por el Padre y que corresponde a ese amor. Nosotros, para sostener el combate de nuestra vida, vivimos del amor de Dios en la noche de la fe. De esta manera la humanidad es enriquecida por el misterio del amor divino siempre más grande, más comprensivo. El evangelio de este domingo nos pide no temer a aquellos que pueden matar al cuerpo sin poder matar al alma. El corazón humano de Jesús late al ritmo del Amor infinito de Dios. Este amor nos es comunicado por la victoria del Amor que desciende de la Cruz. Este combate fue vivido en el corazón de Jesús en su agonía. El corazón de María vigiló en la Cruz, como en Caná, a fin que fuéramos liberados.
 
Es el misterio de aquel que verdaderamente ama hasta el final. El Señor Jesús vence todo mal en la Cruz y nos hace creer realmente en su victoria. La gracia que nos concede el Señor nos llena de ternura. El combate que vivió Jesucristo puede ser percibido en nuestro interior. El mismo Señor combate en nosotros. Cada uno de nosotros vive de este amor infinito de Dios. Este amor nos ha sido otorgado por el Espíritu Santo que nos lo ha concedido para que el amor de Dios viva en nuestro corazón humano. De esta manera adquirimos la victoria del Amor. 


No dejemos que el temor de los hombres pueda invadir nuestra existencia y nuestro corazón. Queremos poner nuestra confianza en Dios: que es la fuente de todo bien. Es el amor infinito de Dios que nos salva. “Non abbiate paura. Aprite, anzi, spalancate le porte a Cristo” (No tengáis miedo. Abrid de par en par las puerta a Cristo) estas fueron las palabras de San Juan Pablo II al inicio de su ministerio y que Amueron como el santo y seña de todo su pontificado.
 
Proclamemos a toda la humanidad que las violencias que vivimos en nuestro interior serán vencidas. La victoria del amor de Dios invade nuestro corazón, nuestro espíritu, nuestra vida de bautizados. Nuestra humanidad es ya victoriosa en Cristo. Demos gracias por la victoria del Amor. Pidamos que Jesucristo, dulce y humilde de corazón, nos muestre cuán grande es en nosotros su presencia, a fin que nuestro amor sea un verdadero Amor.

Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet