domingo, 29 de agosto de 2021

«Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres» (Mc 7, 8).

 


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Reproducimos el Comentario a la Liturgia Dominical realizado por el Papa Benedicto XVI en el Angelus del 2 de septiembre de 2012, que coincidía con el Domingo XXII del Tiempo Ordinario del Ciclo B

 


En la liturgia de la Palabra de este domingo destaca el tema de la Ley de Dios, de su mandamiento: un elemento esencial de la religión judía e incluso de la cristiana, donde encuentra su plenitud en el amor (cf. Rm 13, 10). La Ley de Dios es su Palabra que guía al hombre en el camino de la vida, lo libera de la esclavitud del egoísmo y lo introduce en la «tierra» de la verdadera libertad y de la vida. Por eso en la Biblia la Ley no se ve como un peso, como una limitación que oprime, sino como el don más precioso del Señor, el testimonio de su amor paterno, de su voluntad de estar cerca de su pueblo, de ser su Aliado y escribir con él una historia de amor.

El israelita piadoso reza así: «Tus decretos son mi delicia, no olvidaré tus palabras. (...) Guíame por la senda de tus mandatos, porque ella es mi gozo» (Sal 119, 16.35). En el Antiguo Testamento, es Moisés quien en nombre de Dios transmite la Ley al pueblo. Él, después del largo camino por el desierto, en el umbral de la tierra prometida, proclama: «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os enseño para que, cumpliéndolos, viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar» (Dt 4, 1).

Y aquí está el problema: cuando el pueblo se establece en la tierra, y es depositario de la Ley, siente la tentación de poner su seguridad y su gozo en algo que ya no es la Palabra del Señor: en los bienes, en el poder, en otros «dioses» que en realidad son vanos, son ídolos. 

 

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Ciertamente, la Ley de Dios permanece, pero ya no es lo más importante, ya no es la regla de la vida; se convierte más bien en un revestimiento, en una cobertura, mientras que la vida sigue otros caminos, otras reglas, intereses a menudo egoístas, individuales y de grupo.

 

Así la religión pierde su auténtico significado, que es vivir en escucha de Dios para hacer su voluntad —que es la verdad de nuestro ser—, y así vivir bien, en la verdadera libertad, y se reduce a la práctica de costumbres secundarias, que satisfacen más bien la necesidad humana de sentirse bien con Dios. Y este es un riesgo grave para toda religión, que Jesús encontró en su tiempo, pero que se puede verificar, por desgracia, también en el cristianismo. 

Por eso, las palabras de Jesús en el evangelio de hoy contra los escribas y los fariseos nos deben hacer pensar también a nosotros. Jesús hace suyas las palabras del profeta Isaías: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos» (Mc 7, 6-7; cf. Is 29, 13). Y luego concluye: «Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres» (Mc 7, 8).

 

También el apóstol Santiago, en su carta, pone en guardia contra el peligro de una falsa religiosidad. Escribe a los cristianos: «Poned en práctica la palabra y no os contentéis con oírla, engañándoos a vosotros mismos» (St 1, 22). Que la Virgen María, a la que nos dirigimos ahora en oración, nos ayude a escuchar con un corazón abierto y sincero la Palabra de Dios, para que oriente todos los días nuestros pensamientos, nuestras decisiones y nuestras acciones.

Semana del 30 de agosto al 5 de septiembre

 

Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: Por los participantes, y por la Parroquia.

Martes: A San Roque a intención de Pilar.

Miércoles: Por Robustiano Fariña Lojo, esposa e hijos fallecidos.

Jueves: Difuntos de Jesús y Pilar.

Viernes: Por Palmira Dozo Fontán.

Sábado: Por Miguel Cousido Castro; Valentina Padín Parada, esposo e hija Carmen.

Domingo: Primera a las 9:00 por Aurora Insua Camaño, Lolita Camaño y difuntos de la familia. Segunda a las 12:00 por Julián, Lucía e hijos fallecidos, Juan y difuntos de la familia, Alberto y Esperanza.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Martes: Por los hermanos Víctor y Luis Méndez Castro.

Jueves: Por Carmen Elisa Torres Otero, de Rouxique.

Sábado: Por Elisa Buezas Bouzada, Juan López Piñeiro y esposa Rosa, José do Novello.

Domingo: Misa a las 11:00 por Eugenia Domínguez Otero y esposo; Divina González Dadín y difuntos de la familia; Esperanza Torres Camiña.

domingo, 22 de agosto de 2021

Tú tienes palabras de vida eterna


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Reproducimos el Comentario al Evangelio Dominical realizado por el Papa Benedicto XVI en el Angelus del 26 de Agosto de 2012, que coincidió con el Domingo XXI del Tiempo Ordinario del Ciclo B
 
Los domingos pasados meditamos el discurso sobre el «pan de vida» que Jesús pronunció en la sinagoga de Cafarnaúm después de alimentar a miles de personas con cinco panes y dos peces. Hoy, el Evangelio nos presenta la reacción de los discípulos a ese discurso, una reacción que Cristo mismo, de manera consciente, provocó. Ante todo, el evangelista Juan —que se hallaba presente junto a los demás Apóstoles—, refiere que «desde entonces muchos de sus discípulos se echaron atrás y no volvieron a ir con él» (Jn 6, 66). ¿Por qué? Porque no creyeron en las palabras de Jesús, que decía: Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que coma mi carne y beba mi sangre vivirá para siempre (cf. Jn 6, 51.54); ciertamente, palabras en ese momento difícilmente aceptables, difícilmente comprensibles. Esta revelación —como he dicho— les resultaba incomprensible, porque la entendían en sentido material, mientras que en esas palabras se anunciaba el misterio pascual de Jesús, en el que él se entregaría por la salvación del mundo: la nueva presencia en la Sagrada Eucaristía.
 
Al ver que muchos de sus discípulos se iban, Jesús se dirigió a los Apóstoles diciendo: «¿También vosotros queréis marcharos?» (Jn 6, 67). Como en otros casos, es Pedro quien responde en nombre de los Doce: «Señor, ¿a quién iremos? —también nosotros podemos reflexionar: ¿a quién iremos?— Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Santo de Dios» (Jn 6, 68-69)
 
https://2.bp.blogspot.com/-pvNbw_rYZ-w/VcHVPxxo8BI/AAAAAAAAH3s/bRUMiH2bgK4/s320/Benedicto%2Bverde2.jpgSobre este pasaje tenemos un bellísimo comentario de san Agustín, que dice, en una de sus predicaciones sobre el capítulo 6 de san Juan: «¿Veis cómo Pedro, por gracia de Dios, por inspiración del Espíritu Santo, entendió? ¿Por qué entendió? Porque creyó. Tú tienes palabras de vida eterna. Tú nos das la vida eterna, ofreciéndonos tu cuerpo [resucitado] y tu sangre [a ti mismo]. Y nosotros hemos creído y conocido. No dice: hemos conocido y después creído, sino: hemos creído y después conocido. Hemos creído para poder conocer. En efecto, si hubiéramos querido conocer antes de creer, no hubiéramos sido capaces ni de conocer ni de creer. ¿Qué hemos creído y qué hemos conocido? Que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, es decir, que tú eres la vida eterna misma, y en la carne y en la sangre nos das lo que tú mismo eres» (Comentario al Evangelio de Juan, 27, 9). Así lo dijo san Agustín en una predicación a sus fieles.

Por último, Jesús sabía que incluso entre los doce Apóstoles había uno que no creía: Judas. También Judas pudo haberse ido, como lo hicieron muchos discípulos; es más, tal vez tendría que haberse ido si hubiera sido honrado. En cambio, se quedó con Jesús. Se quedó no por fe, no por amor, sino con la secreta intención de vengarse del Maestro. ¿Por qué? Porque Judas se sentía traicionado por Jesús, y decidió que a su vez lo iba a traicionar. Judas era un zelote, y quería un Mesías triunfante, que guiase una revuelta contra los romanos. Jesús había defraudado esas expectativas. El problema es que Judas no se fue, y su culpa más grave fue la falsedad, que es la marca del diablo. Por eso Jesús dijo a los Doce: «Uno de vosotros es un diablo» (Jn 6, 70). Pidamos a la Virgen María que nos ayude a creer en Jesús, como san Pedro, y a ser siempre sinceros con él y con todos.

Semana del 23 al 29 de agosto.

 

Dena.

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: Por Valentín Padín Camaño y Dolores Arosa Méndez.

Martes: No habrá Misa.

Miércoles: Por Dolores Padín Camaño a intención de una amiga; Elisa do Roxo.

Jueves: Por Avelino Basdedios Padín; Robustiano Fariña Dopazo.

Viernes: A las 20:00 horas, primer Aniversario de Lola Besada Vázquez. A las 21:00 Misa por Palmira Dozo Fontán; Dolores Rial Salgueiro y nieta Josefa.

Sábado: A las 11:30 primer Aniversario de José Dopazo González. A las 21:00 Misa por Carmen Padín Vázquez; Marina López González, hijos Manolito, José Luis y esposo Manuel.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:00 por Julián, Lucía e hijos fallecidos; Alberto y esperanza, Juan y difuntos de la familia; y pidiendo la curación de Isabel Casteleiro.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Miércoles: Por Ángela Meis Lorenzo; Antonio Estévez González.

Jueves: Por Manuel Castro Blanco; José Manuel Chan Padín; Agueda Fontán Camiña y esposo Tito.

Sábado: Por Francisco Manuel Domínguez Freile, Elier Vázquez González; Mercedes Afonso Moldes.

Domingo: Por Charo Pérez y Luis Ansorena, hijos Federico y Gerardo; Lola Camiña de Piñeiros; Manuel Torres Torres.

domingo, 15 de agosto de 2021

La Asunción al cielo de María

 


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Si hay una escalera que todavía tiene sentido subir para llegar al Cielo, esta es la escalera de la alegría. Paso a paso, el Evangelio nos da la experiencia de un desbordamiento progresivo, que tiene en María el ejemplo cumplido. A decir verdad, la alegría a veces se manifiesta a la manera del vino nuevo, que se eleva rápidamente por el cuello de la botella y está ansioso por salir crepitando. Esto es lo que sucedió, por ejemplo, en el encuentro entre la doncella de Nazaret, fecundada en su vientre por el Señor de la alegría, y la prima anciana de Ain Karim. Dos vientres fecundados, uno más prodigiosamente que el otro, y en ellos los corazones palpitantes de los niños que contagian alegría sólo al cruzarse.


 

Un suspiro: esto sintió en su propio cuerpo y en sus propias profundidades Isabel.  Eran los miembros ahora formados del pequeño Juan los que estaban impulsados por el deseo de adherirse a los esperados que habían llegado a las montañas de Jerusalén anticipando la visita de salvación que más tarde despertaría la exultación de todo el pueblo. Un salto con sabor profético. Es como si el Precursor del Mesías quisiera salir del vientre más rápidamente, para decirles a todos que había llegado el momento, de hecho el Hijo. La alegría tiene este efecto: nos hace salir de los miedos, de  la tristeza, de las resistencias. Y empuja hacia adelante el sabor de la vida. Un paso más hacia el Paraíso, para el pequeño, que involucra a la madre en esta bendición hecha de carne y espíritu.

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La alegría, de hecho, unifica, porque transfigura, transforma: extingue las sombras y deja penetrar la luz, lo que permite que el paso penetre y el encuentro produzca su fruto. Este es también el caso de la Virgen Madre, que finalmente siente que puede hacer explícita en la canción la semilla de alegría recibida de la visita del mensajero celestial. La joven elegida por el Altísimo ya ha cruzado muchos pasos gozosos, y lo ha hecho meditando en su corazón sobre cuánto la sorpresa de Dios ha reservado para ella en su humilde historia. Meditó mientras caminaba por el camino impermeable de Galilea hacia el sur, y en el camino, participando en el arte de la caravana que en el desierto del exilio marcó las venas profundas de Israel, dejó fermentar la belleza del regalo. La alegría es una respuesta a un regalo, reconocido, bienvenido y puesto en condiciones de brotar.

 

Así María canta una apertura, en una mirada que va más allá de los límites de su propia existencia e involucra a la gente. En particular, la alegría da ojos en sintonía con las vibraciones divinas, y se da cuenta de que las maravillas sacudidas por el Señor conciernen sobre todo a los más débiles, a los pobres, a los humildes. La humildad es la gracia, de la cual, sin embargo, si está en nosotros, es mejor no darse cuenta, para no arruinarla. La alegría, por otro lado, también es el resultado de una entrega inmerecida, debe ser captada y, al sintonizar con ella, uno aprende a descentralizarse. Así María queda encantada porque su Novio cuida a los que nadie cuida: estos son sus amados.

 

La sacudida de la alegría, por lo tanto, empuja hacia el otro. Si la verdadera alegría habita en las profundidades, uno no permanece deslumbrado y aferrado a sus propias afirmaciones, mucho menos a sus propios resultados o proyectos, que derriban en lugar de elevar. Un paso tras otro, en humilde alegría, nos dirigimos a su vez hacia aquellos que necesitan alegría. Y aprendemos a estar dentro de su mar incluso cuando el dramático misterio del dolor llama a nuestra puerta.

 

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También lo hará Juan el Bautista. También lo hará María. Sin anestesia para la vida, la espada cruzará el alma de la Madre, y separará del cuerpo la cabeza del profeta. El sufrimiento y la muerte no son borrados por las sacudidas de la alegría. Más bien, a estos brotes espinosos del jardín del mundo, situados a medio camino entre la trampa y la oportunidad, la alegría proporciona un terreno profundo, muy profundo para que se transformen en un vacío fructífero. Cavar, sufrir… Y a partir de esta experiencia de adentrarse en las profundidades,  María, y con ella Juan y todos nosotros, podemos ascender para tomar  carrera hacia arriba, en vista de una sacudida aún más vigorosa. De hecho, la Virgen se deja penetrar por el amor que genera exultación incluso en los meandros sombríos e inciertos de su propia debilidad, y aprende a vibrar con los dolores del mundo, junto a aquellas  mismas personas, gente pequeña y humilde, que cantaban la exuberante belleza de una Novia favorita.

 

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Desde allí, desde los caminos ocultos de la propia humanidad visitados por el Santo, es posible subir de nuevo con la intensidad luminosa del Resucitado para ser transportado a la plenitud de la alegría. Aquellos que, como María, nunca han evitado involucrarse en sus propios asuntos y los de los demás, de la tensión inevitable entre el límite y el deseo, son elevados a la gloria del Cielo, que no es más que la transfiguración de toda alegría terrenal.

La Asunción al cielo de María, en definitiva, más que un ejercicio de transporte externo de ángeles porteadores, es más bien la última sacudida inevitable y maravillosa de aquella que ha dejado que la alegría cruja ligera y pacíficamente incluso en las derivas más dolorosas de su humanidad. Sólo María tuvo éxito - por gracia - en toda su plenitud. Pero nosotros también podemos llegar al Cielo, después de algunos tropiezos en los pasos de la alegría y el paso inevitable de la transformación del cuerpo consumido y consumado. 


Mn. Francesc M. Espinar Comas

Semana del 16 al 22 de agosto.

 


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: Solemne a San Roque, por la Parroquia.

Martes: Por Elvira Camiña Padín.

Miércoles: Por Manuel Domínguez Serén y esposa Divina Méndez Meis.

Jueves: A las 19:00 primer Aniversario de Lolita Soutullo Limeres.

Viernes: Obligaciones del Celebrante.

Sábado: Por Antonio Prieto Pillado; Dolores Serén Cores y difuntos de la familia.

Domingo: Primera a las 9:00 por Elisa Padín Carballa. Segunda a las 12:00 por Juan y difuntos de la familia; Digna Lobato y esposo Vicente Salgueiro; Milagros Vidal Riveiro, esposo Horacio y madre Eladia.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Martes: Por Albino Estévez Chan y esposa Carmen; Divina Padín García, Pedro Velón González-Pardo.

Jueves: Por Luis Méndez Castro; Rosa Prieto Aguín; Adelaida Blanco Padín, de Gondar, esposo Albino e hijo.

Sábado: Por José Luis Abal Lima, Manuel Lores Padín y difuntos de la familia; Tito Torres Otero.

Domingo: Misa a las 11:00 por Maruja de Caneda, Cantada.

domingo, 8 de agosto de 2021

El pan del cielo

 


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Reproducimos el comentario al Evangelio Dominical, realizado por el Papa Benedicto XVI en el Angelus del 12 de Agosto de 2012, que coincidía con el Domingo XIX del Tiempo Ordinario del ciclo B



La lectura del capítulo sexto del Evangelio de san Juan, que nos acompaña en estos domingos en la liturgia, nos ha llevado a reflexionar sobre la multiplicación del pan, con el que el Señor sació a una multitud de cinco mil hombres, y sobre la invitación que Jesús dirige a los que había saciado a buscar un alimento que permanece para la vida eterna. Jesús quiere ayudarles a comprender el significado profundo del prodigio que ha realizado: al saciar de modo milagroso su hambre física, los dispone a acoger el anuncio de que él es el pan bajado del cielo (cf. Jn 6, 41), que sacia de modo definitivo. También el pueblo judío, durante el largo camino en el desierto, había experimentado un pan bajado del cielo, el maná, que lo había mantenido en vida hasta la llegada a la tierra prometida. Ahora Jesús habla de sí mismo como el verdadero pan bajado del cielo, capaz de mantener en vida no por un momento o por un tramo de camino, sino para siempre. Él es el alimento que da la vida eterna, porque es el Hijo unigénito de Dios, que está en el seno del Padre y vino para dar al hombre la vida en plenitud, para introducir al hombre en la vida misma de Dios.

En el pensamiento judío estaba claro que el verdadero pan del cielo, que alimentaba a Israel, era la Ley, la Palabra de Dios. El pueblo de Israel reconocía con claridad que la Torah era el don fundamental y duradero de Moisés, y que el elemento basilar que lo distinguía respecto de los demás pueblos consistía en conocer la voluntad de Dios y, por tanto, el camino justo de la vida. Ahora Jesús, al manifestarse como el pan del cielo, testimonia que es la Palabra de Dios en Persona, la Palabra encarnada, a través de la cual el hombre puede hacer de la voluntad de Dios su alimento (cf. Jn 4, 34), que orienta y sostiene la existencia.

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Entonces, dudar de la divinidad de Jesús, como hacen los judíos del pasaje evangélico de hoy, significa oponerse a la obra de Dios. Afirman: «Es el hijo de José. Conocemos a su padre y su madre» (cf. Jn 6, 42). No van más allá de sus orígenes terrenos y por esto se niegan a acogerlo como la Palabra de Dios hecha carne. San Agustín, en su Comentario al Evangelio de san Juan, explica así: «Estaban lejos de aquel pan celestial, y eran incapaces de sentir su hambre. Tenían la boca del corazón enferma... En efecto, este pan requiere el hambre del hombre interior» (26, 1). Y debemos preguntarnos si nosotros sentimos realmente esta hambre, el hambre de la Palabra de Dios, el hambre de conocer el verdadero sentido de la vida. Sólo quien es atraído por Dios Padre, quien lo escucha y se deja instruir por él, puede creer en Jesús, encontrarse con él y alimentarse de él y así encontrar la verdadera vida, el camino de la vida, la justicia, la verdad, el amor. San Agustín añade: «El Señor afirmó que él era el pan que baja del cielo, exhortándonos a creer en él. Comer el pan vivo significa creer en él. Y quien cree, come; es saciado de modo invisible, como de modo igualmente invisible renace (a una vida más profunda, más verdadera), renace dentro, en su interior se convierte en hombre nuevo» (ib.). 

 

Invocando a María santísima, pidámosle que nos guíe al encuentro con Jesús para que nuestra amistad con él sea cada vez más intensa; pidámosle que nos introduzca en la plena comunión de amor con su Hijo, el pan vivo bajado del cielo, para ser renovados por él en lo más íntimo de nuestro ser.

Semana del 9 al 15 de Agosto.

 


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: Por los participantes en ella.

Martes: No habrá Misa.

Miércoles: Al Señor para que nos libere de la Pandemia.

Jueves: Por las vocaciones a la vida sacerdotal, religiosa y misionera.

Viernes: Por Marcela Domínguez Varela; Lolita Soutullo Limeres.

Sábado: Obligaciones del Celebrante. Javier Cacabelos Fernández.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:00 por Julián, Lucía e hijos fallecidos; María Soledad Camiña Dopazo y difuntos de la familia.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Jueves: Por Manuel Fernández Fernández; Celia Padín Castro.

Sábado: A las 10:30 Aniversario de Manuel Suárez González, Fresco. A las 20:00 Misa por Antonio Crespo Soto, hijos J. Antonio y Albino. Por Rosa Oubiña Radío, padres y hermanos; Por la Parroquia.

Domingo: Misa a las 11:00 por Gloria Chan Padín y esposo Juan Pita; Antonio Otero y esposa Teresa; José Alberto Dorado Cobas e hijos.

domingo, 1 de agosto de 2021

Yo soy el pan de vida

 


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Comentario al Evangelio dominical realizado por el Papa Benedicto XVI en Castelgandolfo el 5 de agosto de 2012, coincidiendo con el domingo XVIII del Tiempo Ordinario del Ciclo B.

 

En la liturgia de la Palabra de este domingo prosigue la lectura del capítulo sexto del Evangelio de san Juan. Nos encontramos en la sinagoga de Cafarnaúm donde Jesús está pronunciando su conocido discurso después de la multiplicación de los panes. La gente había tratado de hacerlo rey, pero Jesús se había retirado, primero al monte con Dios, con el Padre, y luego a Cafarnaúm. Al no verlo, se había puesto a buscarlo, había subido a las barcas para alcanzar la otra orilla del lago y por fin lo había encontrado. Pero Jesús sabía bien el porqué de tanto entusiasmo al seguirlo y lo dice también con claridad: «Me buscáis no porque habéis visto signos (porque vuestro corazón quedó impresionado), sino porque comisteis pan hasta saciaros» (v. 26). Jesús quiere ayudar a la gente a ir más allá de la satisfacción inmediata de sus necesidades materiales, por más importantes que sean. Quiere abrir a un horizonte de la existencia que no sea simplemente el de las preocupaciones diarias de comer, de vestir, de la carrera. Jesús habla de un alimento que no perece, que es importante buscar y acoger. Afirma: «Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre» (v. 27).

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La muchedumbre no comprende, cree que Jesús pide observar preceptos para poder obtener la continuación de aquel milagro, y pregunta: « ¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?» (v. 28). La respuesta de Jesús es clara: «La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado» (v. 29). El centro de la existencia, lo que da sentido y firme esperanza al camino de la vida, a menudo difícil, es la fe en Jesús, el encuentro con Cristo. También nosotros preguntamos: « ¿Qué tenemos que hacer para alcanzar la vida eterna?». Y Jesús dice: «Creed en mí». La fe es lo fundamental. Aquí no se trata de seguir una idea, un proyecto, sino de encontrarse con Jesús como una Persona viva, de dejarse conquistar totalmente por él y por su Evangelio. Jesús invita a no quedarse en el horizonte puramente humano y a abrirse al horizonte de Dios, al horizonte de la fe. Exige sólo una obra: acoger el plan de Dios, es decir, «creer en el que él ha enviado» (cf. v. 29). Moisés había dado a Israel el maná, el pan del cielo, con el que Dios mismo había alimentado a su pueblo. Jesús no da algo, se da a sí mismo: él es el «pan verdadero, bajado del cielo», él la Palabra viva del Padre; en el encuentro con él encontramos al Dios vivo. 

 

« ¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?» (v. 28) pregunta la muchedumbre, dispuesta a actuar, para que el milagro del pan continúe. Pero Jesús, verdadero pan de vida que sacia nuestra hambre de sentido, de verdad, no se puede «ganar» con el trabajo humano; sólo viene a nosotros como don del amor de Dios, como obra de Dios que es preciso pedir y acoger. 

 

Queridos amigos, en los días llenos de ocupaciones y de problemas, pero también en los de descanso y distensión, el Señor nos invita a no olvidar que, aunque es necesario preocuparnos por el pan material y recuperar las fuerzas, más fundamental aún es hacer que crezca la relación con él, reforzar nuestra fe en Aquel que es el «pan de vida», que colma nuestro deseo de verdad y de amor. Que la Virgen María, en el día en que recordamos la dedicación de la basílica de Santa María la Mayor en Roma, nos sostenga en nuestro camino de fe

Semana del 2 al 8 de agosto


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: Por Manuel Valladares Fernández, Tucho Valladares Fernández y Palmira Dozo Fontán.

Martes: Obligaciones del Celebrante.

Miércoles: A las 18:00 primer Aniversario de Luisa Limeres Dovalo.

Jueves: Por Elvira Padín Arosa y difuntos de la familia.

Viernes: Por Palmira Dozo Fontán.

Sábado: Por Rufino Santamaría Castro.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:00 por Julián, Lucía e hijos fallecidos.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Martes: Por Manuel Otero Fernández y a la Virgen de Lourdes.

Jueves: Por Serafín Torres Troncoso y esposa María Parisina Otero Rodríguez, de Piñeiros; María Esther Lores Blanco, de Piñeiros y sus abuelos.

Sábado: A las 10:30 primer Aniversario de Juan Luis Otero Fernández. A las 20:00 Misa por Elisa Buezas Bouzada, da Arnosa, José Do Novello, Carmen Otero Vilar y María del Carmen Otero Pérez; Juan López Piñeiro y esposa Rosa.

Domingo: Misa a las 11:00 por Divina González Dadín y difuntos de la familia; Carmen Padín, esposo José González, madre Juana; Eladio Otero Rodríguez; Lita Dovalo Méndez, da Arnosa y difuntos de la familia; Remigia Troncoso Piñeiro