domingo, 11 de enero de 2026

CONFUSIÓN AL PRINCIPIO

 


El desierto le había preparado para todo. Pero quizás no se esperaba que aquel gran Genio de su Amigo se presentase ante él bajo la mirada atónita de los mendigos de Galilea, ataviado extrañamente y entremezclado con ellos. “¡Bautízame, Juan, ahora es mi turno!” Juan: el hombre que domesticaba antílopes, que soportaba el peso del silencio, que allanaba la aridez del desierto, el hombre pronto a todo, enmudeció. A sus ojos no era comprensible: el Eterno, la Perfección, la Sublimidad pide limpieza. Que se humilla, que se esconde, que se anonada: “Ánimo, amigo: bautízame” ¿Dónde sacar fuerzas para eso? La cola de los pecadores se alargaba, murmuraciones siempre menos discretas por la interferencia en el sacramento, ira y nerviosismo, miedo e incomprensión. Hay un momento de desorientación: “No puedo, Jesús” ¿Como culpar a Juan? La historia del Mesías no podía empezar de este modo: su misión, audaz pero tantas veces anunciada, era poner orden, hacer despertar del letargo, proclamar la muerte del pecado. Juan le había hecho la campaña electoral lo mejor que había podido: esperas y esperanzas, propósitos y amenazas, cambios, desplazamientos y futuro que conquistar. Y la gente le había creído, había confiado, le había apoyado en la calle.

Pero ahora Juan querría que la tierra lo engullese: les había asegurado un Rey, llegaba un pecador. “Eres tú quien tiene que lavarme a mí”. Intenta salvarse a los ojos de la gente. Parece un tira y afloja extenuante: parecen dos caballeros que uno al otro se dicen delante de una puerta: “Por favor, sea tan amable”. “¡Figúrese, le ruego! “No, por Dios, tenga la amabilidad”. “No, usted primero”. “Pase, de veras”. “No, nunca me lo perdonaría”. Sólo parece. Porque en el diálogo de aquellos dos hombres, eslabón entre los dos testamentos -antiguo y nuevo- no se advierte formalidad. “Juan, haz lo que te digo”. Dios ha de comenzar estando cerca de los hombres. Cerca de ellos: no por encima de ellos.

¿Y la gente qué dice? Pues se diría que desde entonces no ha habido mucha mejora: la gente espera. En la orilla del Jordán, en los atrios de las iglesias, en las oficinas del poder: espera. Que el Papa hable. Que el cura exponga. Que la Iglesia dicte. La gente quiere saber qué decir, qué hacer, si es bueno o malo, justo o equivocado, honesto o deshonesto. Quiere saber: pero no quiere orientaciones. Por una parte la nostalgia de la Luz, por la otra la fascinación por las tinieblas. Quiere a Dios: lo quiere hermoso y rubio, encerrado dentro de la sacristía, perfumado e iluminado. Después descubre que Dios no es así y “adiós, muy buenas”. Juan resuelve el problema: “No soy yo: he aquí al Esperado”. Allí en el agua, en la cola, sin ropa, dispuesto a hacerse bautizar. Imposible un Dios así. Claro: lo que molesta lo apartamos. También ellos, primos y amigos, ven el mundo de manera diversa. El hijo de Isabel hablaba de catástrofes, de tonos oscuros, de castigo divino. El hijo de María, bajo un montón de inmundicias advierte un imperceptible grito del corazón, una secreta aspiración. Tan secreta que quizás ni siquiera el hombre la adivina. Juan imaginaba el fin, Jesús presenta el inicio. El Bautista razonaba sobre el invierno, sobre la dureza, sobre el desierto. Jesús habla de primaveras, de ternuras, de abrazos. Muros que se desploman y cimientos que tiemblan para el Bautista, pálpito de vida bajo las ruinas para Jesús.


Este Hombre es increíble: se hace esperar, llega, revuelve la historia a su capricho. Su poderío consiste en estar privado de poder: desnudo, pobre, indefenso. El único soberano que ha llamado a sus súbditos de uno en uno, como una madre llama a sus hijos. ¿Entiendes por qué el mundo no podía escucharle? ¿No podía escucharle? ¡No, no quería! El mundo escucha sólo el ruido, el poder, las voces que quiere. O se las inventa si no existen. 

No se convirtió en grande porque reuniese a millones de fans alrededor suyo, o porque lo cubriesen de oros, inciensos y mirra, o porque aún lo veneren, lo adoren o blasfemen contra Él. No por nada del pasado. Sino porque aún hoy con su palabra desarma. Debilita. Desmoviliza. Y la gente calla. No era el silencio del desierto: había luz en aquel silencio. Juan se humilla, recoge un puñado de agua, repliega sus aprensiones en la mente y obedece. La cola se mueve, se retoma la procesión, el Misterio se vuelve más denso. El amigo con el que jugaba en las calles de Nazaret, crecido silenciosamente para ayudar a madurar, supera la orilla, baja entre las corrientes rápidas del Jordán y enmarcado en  la historia, resurge renacido. El cielo irrumpe, se rompe y quiebra, declara abiertas las profecías: “Tú eres mi Hijo Predilecto, en el que me he complacido”. El Bautista es el único que comprende la orientación de aquella voz: se estremeció, se heló, se le puso la piel de gallina. Advirtió estar en una historia que ya no era historia. Junto a un Dios que ya no era únicamente Dios, sino un Dios hecho hombre. Que no permanece lejos de los pecadores rehuyéndoles sino caminando entre ellos. Un Dios muy molesto para bautizar. 

Semana del 12 al 18 de enero

 Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: No habrá Misa.

Martes: Obligaciones de Hortensia Viera Piñeiro.

Miércoles: Domingo Vieira Dasilva.

Jueves: Domingo Vieira Dasilva.

Viernes: Domingo Vieira Dasilva.

Sábado: María del Carmen Camiña Dopazo. Domingo Vieira Dasilva.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 por José Luis García Dorado. Manuel Blanco Vidal. Francisco Fernández Méndez y esposa Margarita e hijo Celso. José Manuel Soutullo González y esposa Elvira.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Jueves: Juan Fontán y esposa Montse. Modesta Gómez, padres Arturo y Celia.

Sábado: A las 10:30 primer Aniversario de Luis Caneda Basdedios. A las 19:00 Misa por Gonzalo Martínez Martínez. Julio César y sus padres Albino y Carmen. Albino Crespo, padres y hermano. A todos los Santos, una devota. Carmen "do Novello" y difuntos de casa. Luz de Francisco y su hijo José Manuel Velón de Francisco. Jacinto González Caneda, de Rouxique.

Domingo: A las 10:30 por las Obligaciones del Celebrante. A las 11:30 Misa por la Parroquia.

domingo, 4 de enero de 2026

El verbo se hizo carne y acampo entre nosotros

 


Las lecturas de este día nos ayudan a profundizar la identidad de Jesús y nos invitan a vivir dejándonos guiar por la luz. Para profundizar la identidad de Jesús, se nos propone en el primer capítulo del evangelio de Juan, que, de forma poética y cargado de mística, nos presenta la Encarnación. El prólogo es una síntesis magistral de la Historia de la Salvación. El misterio de la Encarnación, nos pone frente a la acción de Dios, que asume nuestra humanidad vulnerable y la sana.

Todo gira en torno a la Palabra, el término griego que utiliza es Logos que traducimos como palabra o verbo. El Logos no es sólo la palabra oral, su significado es más amplio: es la palabra pensada, la idea que está detrás de la palabra, la inspiración, el plan, el sentido de las cosas. Teniendo en cuenta esto, no es difícil establecer la relación entre Palabra y Sabiduría. El fragmento del libro del Eclesiástico, que leemos en la primera lectura de este día, nos habla de esa Sabiduría. En los libros sapienciales la Sabiduría describe la actividad divina. ¿Dónde se da la semejanza entre Sabiduría y Palabra? En que ambas poseen el poder de cambiar, crear y transformar. Lo que Dios hacía al comienzo de la creación, toma ahora una nueva dimensión en la Encarnación.

Jesús asume la condición humana. Dios se hace ternura y compasión. Al mismo tiempo el himno de la carta a los Efesios nos recuerda la divinidad de Cristo: “Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.” (Ef 1,3-4)



La Navidad es un momento bueno para entrar profundizar en nuestra experiencia interior de Jesús verdadero Dios y verdadero hombre. Es tiempo de encontrar a Dios en los detalles de nuestra vida y de la creación.

En la Encarnación, Dios ha asumido nuestra naturaleza humana en la persona de Jesús. Dios entra en la vida humana haciéndose niño. Hace una opción difícil de entender para nuestra lógica: desde lo “débil” se hace “Buena Noticia”. De este modo humaniza nuestra humanidad a la hora de hacernos a imagen y semejanza de su Hijo: hombres nuevos.

El tiempo de Navidad es una nueva oportunidad para dejarnos iluminar, para renovar nuestro compromiso por la vida y nuestra búsqueda de sentido. Somos invitados a recrear nuestro mundo. ¡Ojalá la sepamos aprovechar!

Semana del 5 de enero al 11 de enero

 

Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: Por Manuel Dadín González.

Martes: Epifanía del Señor. A las 9:00 Misa a Santa Lucía, un devoto. A las 12:30 Misa por Carmela Castro Ozores.

Miércoles: Por Amalia Vidal Méndez. Dolores Viñas Dopazo.

Jueves: Por Carmen Valladares Currás.

Viernes: A Santa Lucía, un devoto. A las 20:30 reunión de Catequistas.

Sábado: Por Pura Dopazo Dadín. Luisa Padín Cacabelos, esposo y difuntos de la familia.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 por Marcelina Domínguez Varela y difuntos de la familia.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Martes: Epifanía del Señor. Misa a las 11:00 por Carmen Padín, esposo José González y madre Juana y difuntos de la familia.

Jueves: Por Carmen a Paparola. Esperanza Salgueiro Castro, Francisco González López y difuntos de la familia.

Sábado: A las 10:30 primer Aniversario por Juan Méndez Valladares. A las 19:00 por Carmen Buezas Fernández, da Arnosa. José Manuel Outón Cacabelos y esposa Encarnación Moldes Méndez y difuntos de la familia. Rosa Torres Bouzada y esposo José Antonio Outón.

Domingo: A las 10:30 por María Esther Lores Blanco y su padre Alfredo Lores, de Piñeiros. Maruja Souto Torres y Servando Padín Torres, de Piñeiros. A las 11:30 Misa por la Parroquia.