domingo, 14 de enero de 2024

Las cuatro de la tarde

 

  
¿Quién de nosotros, especialmente los más “vejetes”, no tiene un año, un día, una hora para recordar, ligada a un momento central de la propia vida? Hay hechos -y quiero subrayarlo pensando en los más jóvenes- que no se borrarán de nuestro corazón, acontecimientos que en cierta manera han cambiado nuestra vida, trastornado nuestras existencias. Hechos que no queremos olvidar, sobre los que nos gusta volver con la memoria y el pensamiento, acontecimientos que forman el armazón concreto de nuestra existencia y que a veces -al menos así me pasa a mí- nos hacen preguntarnos cuántas cosas nos habríamos perdido si no hubiesen tenido lugar. 
Estos recuerdos están como cristalizados en nuestra mente, vivos y llenos de color como si hubiesen acaecido hace pocos días, aunque hayan pasado décadas. Somos capaces de recordar cómo íbamos vestidos; la luz y la atmósfera del día y el lugar los tenemos tan presentes que hasta la hora, el minuto y el segundo se convierten en fundamentales e imborrables.
 

"Venid y lo veréis" 
 
Leyendo y releyendo el fragmento del evangelio de este domingo II del tiempo ordinario, en la página siempre destaca aquel “eran casi las cuatro de la tarde”. Una hora insólita, quizás banal, pero que se convierte en una hora importante, fundamental en la viva memoria de la salvación, del anuncio evangélico, de un nombre nuevo que nos viene dado por un Maestro que viene a enseñarnos la gran alegría a la que somos llamados.

Así pues, aquellas “cuatro de la tarde” pueden ser consideradas como se leía la hora en el tiempo de Jesús: la hora décima, numero del cumplimiento, del paso definitivo: una hora deseada, buscada, la hora en la que se vuelve a casa tras el trabajo, y nos preparamos para “considerar” (con-siderare estar con las estrellas), para escrutar con el cielo el significado de nuestra vida. 
 
Jesús es un maestro raro. Aquellos que lo encuentran no desean acaparar su benevolencia y su persona llevándolo bajo el propio techo -aunque sabemos que poco tiempo después se hospedará en casa de Pedro-, sino que al seguirlo desean ver cuál es su casa, reconociendo implícitamente que es más importante donde Él vive que donde vivo yo, que donde vive cualquier hombre. Es por esa razón que estar con Él quiere decir poner entre paréntesis la propia vida, suspender el propio juicio, los propios sueños y sentarse a escuchar. Escucharle a Él, admitiendo que sabe más que tú, llamándole Maestro, reflejándote en sus palabras y en su vida. Mirar la vida y todo aquello que hasta entonces considerabas el “todo”, sólo como base de partida y no como meta; porque en el fondo todo hombre, aunque espera con ansia un Mesías, no se acaba de creer que éste llega de veras. Porque si llega, tú hombre de la cómoda espera, podrías estar obligado a dejar todas las seguridades que con esfuerzo te habías construido, e incluso reconsiderar toda tu persona, y hasta cambiar de nombre.
 
 
En este periodo ordinario de nuestro vivir litúrgico, dejando hablar únicamente a Jesús Maestro, quiero desearme a mí mismo y a todos los hermanos en Cristo, a mi comunidad, a los amigos y enemigos, a todos sin distinción: que nadie pueda volver a su casa. Que una alfombra, aunque sea un poco incómoda, nos ayude a sentarnos a los pies de nuestro único maestro. Que el Maestro nos rompa los tímpanos y nos haga sangrar los pies. Que el Maestro pueda cambiar nuestros nombres y revelarnos nuestra misión. Que este año pueda hacer sonar nuestra hora definitiva, aquella hora décima que llena de gozo a toda persona que espera al Mesías, que anhela la salvación. La alegría de poder estar con Él, en su casa, nos pueda hacer olvidar nuestras seguridades, nuestros proyectos humanos, nuestras llanuras cotidianas; y que nuestro nuevo nombre, que sólo Él conoce y nos revelará, pueda ser nuestro mayor consuelo porque será el nombre con el que nos llamará en su Casa, no la demora de paso sino la verdadera, aquella estancia que Él ha ido a prepararnos para estar siempre juntos.
 
Y esforzándonos en vivir los consejos que San Pablo nos da en la epístola a los Romanos (12,6-16) leída hoy en la Forma extraordinaria. Teniendo pues un mismo sentir los unos para con los otros (…) atraídos por lo humilde. Que el Señor consiga llenar las tinajas vacías de nuestra pobre existencia con ese buen vino que Él ha reservado hasta ahora para nosotros.

Semana del 15 al 21 de enero.

 


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: A Santa Lucía, un devoto.

Martes: Por Manuel Lastres Seijas y Herminia Arosa Fernández. Antonio Gondar Cornes y María Isabel Moldes Conde.

Miércoles: A Santa Lucía, un devoto.

Jueves: Por José Méndez Torres.

Viernes: Por Lolita Soutullo Limeres, madre María Esther y difuntos de la familia.

Sábado: Por Feliciano Blanco Vidal; Carmen Radío Dadín y esposo Juan Poceiro Torres.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 por Francisco Fernández Méndez, esposa Margarita e hijo.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Martes: Por Montserrat Gómez y esposo Juan.

Sábado: A las 10:30 primer Aniversario de Peregrina Vilar Moldes. A las 19:00 Misa por Julio César Estévez Dadín y sus padres Nuco y Carmen. María Luisa González Fernández; Elisa do Reiniño.

Domingo: Primera a las 10:30 por Manuel Salgueiro Álvarez y difuntos de la familia; Juan Fernández Silva, das Pedreiras; Daniel Múñiz Pérez. Segunda a las 11:30 por la Parroquia.

domingo, 7 de enero de 2024

Llamado por el padre en la humildad.

 


Para todo paso en la vida, por pequeño o grande que este sea, hay un primer día. Hay el primer día de escuela, el primero en la Universidad, el primer día en el trabajo, el primer amor (la primera parroquia, que para los sacerdotes es como la primera novia) la primera noche de bodas, la primera misa, la primera confesión… En cada uno de estos momentos de iniciación a una nueva vida, nos descubrimos pequeños y un poco temblorosos ante la grandeza del paso que vamos a realizar. Un desafío que cada vez sobrepasa nuestra capacidad de control sobre las situaciones y los acontecimientos que el futuro nos reserva. Un desafío que saca a la luz y hace emerger las partes más profundas de nosotros mismos, quizás jamás conocidas. Por esta razón cada vez nos hace sentir inseguros, porque nos hace sentir pequeños.

El Bautismo es el primer día de la misión de Jesús, el primer paso en esta nueva vida, lejos de Nazaret, la pequeña ciudad donde había crecido y vivido hasta aquel momento. También para Jesús este primer paso fue una experiencia de pequeñez y de humildad: ninguna procesión, ninguna banda de música, ninguna aclamación. Solo una gran cola de pecadores, al final de la cual se coloca pacientemente el mismo Jesús, hasta que le toque su turno. No es Jesús el que se construye su iniciación, es el Padre que lo llama, en la humildad.
 
 
Hoy recordamos todos los bautismos del año: tener un hijo corresponde a esta experiencia de iniciación que Jesús ha vivido en el Bautismo. Cuando el hijo aparece con arrogancia, modificando los ritmos del día y de la noche y la relación de pareja, se descubre inesperadamente qué quiere decir la responsabilidad frente a una criatura que pide ser escuchada y servida. Ser padres y madres, colaborar al maravilloso proyecto de Dios sobre las criaturas que no son nuestras: esta es la gran vocación a la que Dios llama a vosotros padres, de la misma manera que ha llamado a Jesús en el Bautismo.
 
Dios, además de llamar a Jesús en el Bautismo, también se ha revelado en Él en este pasaje fundamental de su vida. Se ha revelado como un Padre que da todo su amor a su Hijo, el don del Espíritu Santo, y se complace en Él, escogiéndole para llevar a cumplimiento su proyecto de amor y de gloria para todo el género humano. De la misma manera que en la familia humana, Dios se revela como una familia, capaz de acoger al otro, de hacerle crecer en su singularidad, en su unicidad, gracias al proyecto único y extraordinario que el Padre tiene para todo hombre, desde el primer instante de su concepción.
 
 
La fe no es una convención, una superestructura social, una ideología alejada de la vida: tiene que ver con el misterio más profundo de la vida humana, lo que nos convierte en padres e hijos, lo que nos hace gustar el amor y a veces tener que encajar el sufrimiento, lo que nos empuja a gastar la vida non por una idea abstracta, sino por las personas concretas a las que amamos. La experiencia de la fe es muy cercana a la percepción del don, a cuando nace un hijo, todo lo contrario de la lógica mecanicista de hoy en día, que desearía producir un hijo según el capricho de los padres.
 
Pero todo niño, desde el primer instante de la concepción, es persona, portadora del derecho de ser y convertirse cada vez en sí mismo, según la llamada de Dios. Recemos para que cada uno de estos niños pueda crecer en una familia que lo ayude a cultivar sus talentos, a descubrirse a sí mismo, a encontrar su felicidad. 

Semana del 8 al 14 de enero.

 


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: Por Isaura Cacabelos Vidal.

Martes: Por los difuntos de la Parroquia fallecidos en el año 2023.

Miércoles: Por Manuel Padín Suárez.

Jueves: No habrá Misa.

Viernes: Por los enfermos y ancianos de la Parroquia. A las 20:30 reunión de catequistas.

Sábado: Por Santos José Álvarez Bea, Luisa Padín y esposo.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 por José Luis García Dorado; Carmen Guerra y difuntos de la familia.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Jueves: Por los difuntos de la Parroquia fallecidos en 2023.

Sábado: Por Modesta Pombo Padín; Ricardo Tilve Varela; Eladio Dadín Dopazo; Albino Crespo, da Arnosa, padres y hermano.

Domingo: Primera a las 10:30 por José Dorado Cobas, esposa Pacita e hijos; María Esther Lores Blanco, de Piñeiros, padre Alfredo y abuelos. Edelmiro Otero Méndez y esposa Carmen. Segunda a las 11:30 por la Parroquia. Se reinicia la catequesis.

domingo, 31 de diciembre de 2023

Se hizo carne en el seno de una familia.

  

Por fin escogió la carne que era el punto de mayor distancia del cielo: "El Verbo se hizo carne" (Jn 1, 14). No fue por grosera provocación, sino por la más íntima de las afinidades: elegir lo que era débil para confundir a los fuertes, casarse con lo distante para hacerlo sentir cerca, hundirse en el hombre para que el Cielo penetre en la tierra. Era lo inaudito de Belén, la casa del pan y la carne de Dios. Pan y carne, pan y pescado, pan y agua: siempre habrá pan disponible para aquellos que, llenos de todo, sentirán en sus corazones el hambre y la sed de lo esencial: "En él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres" (1:4). Lo absurdo sucederá, como al principio sucedió lo inaudito: sucederá que los hombres en la luz prefieren la oscuridad. Siempre hay alguien que confunde el sol con un punto amarillo: los Evangelios dan cuenta de ello. Lo calculan y anticipan sus consecuencias: "A los que le han acogido, sin embargo, les ha dado poder para llegar a ser hijos de Dios" (1:12).
 
Se hizo carne: nada más y nadie más puede atreverse a superarle. En la carne escondía la fiesta de los sentidos: escuchar esa carne será escucharle a Él. Y escucharlo va a ser una fiesta. La fiesta de los ojos, de "lo que hemos visto con nuestros propios ojos" (1 Jn 1, 1). Era el sueño de Moisés, que un día no se detuvo y dio voz a ese deseo: "¡Por favor, déjame ver tu gloria!". Obtuvo una negación seca, aunque con una declaración en el fondo: "No puedes ver mi rostro, porque el hombre no puede verme y vivir" (Ex 33:18-20). Aunque de origen divino, que no impidió que el hombre cultivara hasta el extremo una nostalgia malvada y nunca ocultada por Su mirada: "Mis ojos siempre se vuelven hacia el Señor" (Sal. 25:15). Lo que Moisés no pudo, apareció por sorpresa a sus descendientes al menos de oficio, también pastores: "Vamos (...) veamos este acontecimiento' (Lc 2, 15). Lo vieron y se maravillaron. Creyeron.

 
Se convirtió en la fiesta de los oídos, de "lo que hemos oído" (1 Jn 1, 1). A aquellos que confían en la escucha, verán que sus vidas cambian. Ver como una noche infructuosa de pesca se convirtió en una copiosa mañana de peces. El secreto -incluso para los pescadores de arte y de mar- será escuchar la dirección en la que lanza esa voz: siempre en el lado derecho, lo que siempre parece el mayor sin sentido. Del que está a favor de reírse de la gente por detrás, sentado en la orilla. Las redes, sin embargo, seguirán la palabra: 'Arrojaré las redes por tu palabra' (Lc 5, 5). La palabra, por su parte, acreditará exactamente lo que había oído: "Lo hicieron y tomaron una gran cantidad de peces y sus redes casi se rompieron" (5:6).
 
 
Que es entonces la fiesta del tacto: "lo que contemplamos y que nuestras manos tocaron la Palabra de vida" (1 Jn 1, 1). Del Dios que hace contacto: intimidad, tacto, retoque, canto. Siempre tocará la Divinidad: serán alegrías y problemas a intervalos más o menos regulares. Golpes y ánimos: su toque hará que las montañas se hundan a medida que los valles se ensalcen, cierren y abran la boca, construyan y pongan sus manos de nuevo sobre sus edificios para restaurarlos. Cubrirá valles de huesos cosiéndolos sobre la carne, arrancará de las garras del león la vida mientras acaricia los ojos cegados hasta el extremo. Con las manos en la masa: un Dios artesano y alfarero, constructor y obrero, pescador y carpintero. Con las manos de padre, de madre y de Dios. Preferiblemente eligió artesanías al aire libre: aquellas que, por medio de toques y empujones, dejan ver callosidades, deforman sus dedos, ennegrecen sus uñas. Un Dios conmovedor: conmovedor y emocionante. Lo crucificarán un día. Responderá a su manera, resucitando: la fiesta del gusto y el olfato. Memoria y placer. De lo que hasta entonces era una locura sólo por pensar en ello. De lo que quedó, a salvo del rechazo: "La luz brilla en tinieblas, y la oscuridad no la ha ganado" (Jn 1, 5).

Incluso hoy en el mundo hay alguno que cuando se lo cruza, lo deja pasar: el mundo entero se detiene cuando se encuentra con un hombre que sabe a dónde ir. Por esta razón algunos siempre le dan preferencia: ciertamente no por modestia o buena educación. Simplemente por miedo: miedo a tener que lidiar con su Luz.

Semana del 1 al 7 de enero

 

Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: Fiesta de Santa María Madre de Dios. Jornada mundial de la Paz. Misa a las 12:30 por la Paz en las familias y la paz en el mundo.

Martes: Por Luis Castro Fernández y sus padres.

Miércoles: Por Teodoro Cacabelos Domínguez.

Jueves: A la Virgen del Carmen. José Antonio Fontán Otero.

Viernes: Por José Casal Padín, esposa Lola, hija Mucha, Suegra Modesta y Tucho.

Sábado: Fiesta de la Epifanía del Señor. Primera a las 9:00 a Santa Lucía. Segunda a las 12:30 por Néstor Moldes Limeres, Mercedes Oubiña Romay.

Domingo: Primera a las 9:00 a Santa Lucía. Segunda a las 12:30 por la Parroquia.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Lunes: Fiesta de Santa María Madre de Dios. Jornada de la Paz. Misa a las 11:00 por Manuel Pardo Graña. Manuela y difuntos de la familia.

Sábado: Fiesta de la Epifanía del Señor. Misa a las 11:00 por Carmen Padín Míguez, esposo José González, madre Juana Míguez y difuntos de la familia.

Domingo: Misa a las 11:00 por Pepe Troncoso Poceiro, José Manuel Martínez Carballa, hijo José Martínez Troncoso, María Esther Troncoso Poceiro, Carmen Troncoso Poceiro, fallecida en Uruguay, y Pepe de Santome. Rosa Modesta Radío Pérez y esposo Diógenes García.

domingo, 24 de diciembre de 2023

La fidelidad de Dios y de María

 


La liturgia de este domingo se abre con la oración colecta de la Iglesia que invoca sobre sí misma la fecundidad del Espíritu concedida a la Virgen María. Esta fecundidad se fundamenta en el presupuesto de la humildad, ya que Dios escoge a sus colaboradores entre los humildes, y produce gozo, porque la maternidad que se deriva es fuente de novedad y de vida. 
 
La maternidad espiritual es presentada como una fuerza extraordinaria que si bien es don de Dios, es también el resultado de una elección especial de la gracia. Es esta la razón por la que la Virgen en este domingo, es el centro de la celebración, tanto como ejemplo práctico a seguir, como referencia contemplativa, simbólica y real, del poder de Dios, capaz de hacer cosas grandes a partir de nuestro “sí”.
 
La figura de David que traslada el arca de la Alianza para construir una digna morada, una casa, un Templo, una estancia para Dios como cumplimiento de su promesa es potentísima. David querrá construir una casa para Dios y será Dios quien construirá una casa para David: un linaje de salvación a partir del más humilde y pequeño hijo de Jesé. Es la promesa de un Dios siempre fiel a sí mismo. El hecho que en Cristo Jesús nos vendrá comunicado todo el misterio de Dios es un ulterior testimonio de su iniciativa fiel respecto al hombre. Nada cae en saco roto o en el olvido. Dios mantiene lo que promete y su palabra es siempre eficaz. 

Correlativamente a este mensaje, la página de la Anunciación en el evangelio de este 4º domingo. Seguramente es la página más leída, amada y contemplada de la tradición católica. La aman los teólogos, los santos, losa artistas, pero también los simples fieles que reencuentran siempre en ella un misterio profundo. Es el anuncio de la Redención, como cumplimiento de las promesas de Dios, pero también como inicio de una nueva esperanza que supera el pasado y apunta hacia la eternidad. En ella encontramos el perfume de la salvación, toda su ternura y su potencia, escondida en las cosas sencillas. 
 

El Arcángel con sus palabras expresará ante todo la continuidad con el pasado (…le dará el trono de David su padre) La Redención nace como un vástago del tronco de Jesé. Pero las palabras de Gabriel contienen una novedad inesperada: el Espíritu Santo que bajará sobre María y extenderá con su sombra en ella el poder del Altísimo. Es una cita que retoma la imagen de una las manifestaciones más importantes de Dios: la nube que acompaña al Arca (experiencia luminosa y oscura al mismo tiempo). En una palabra: Dios tomará posesión de María convirtiéndola en su morada entre los hombres. Esta imagen subraya al mismo tiempo la sacralidad de la naturaleza del Mesías que está por nacer e ilumina el papel de la Madre de Dios, el título ganado en la Tradición antes que el dogma propio, gracias a esta página de San Lucas. En las entrañas de María y en la humanidad de Cristo, Dios ha obrado y ha establecido su morada entre nosotros. 

Muchas veces en la predicación a partir de esta página de la Anunciación damos preponderancia a la dimensión activa de la respuesta de María o evidenciamos ese apelativo de “llena de gracia”, con la intención de demostrar la importancia de la Virgen en el plan de Dios. Este domingo nos ofrece la oportunidad de enfocar diversamente, poniendo el acento en la coherencia de la acción de Dios, el único sujeto que nos regala a David, a María y las promesas que unen a ambos hasta llegar a nosotros a través del anuncio de la Iglesia. En otras palabras, este domingo de Adviento podría dedicarse a la fidelidad de Dios, a su constante presencia de Padre, que a veces parece esconderse, pero que en realidad obra siempre con el fin de corregir y guiar a sus hijos hacia el camino de la libertad y la verdad. Dios salva siempre. Esta es la razón por la que Jesús viene a nosotros.