domingo, 9 de abril de 2023

¡Hoy es Pascua!

 


¿Y es suficiente? Bueno, quizás está demasiado condensado, pero sí, éste es el corazón de la vida, de la fe, de la felicidad, de la Iglesia. Todo nace aquí y todo tiende hacia este día, como fuente y culmen. Para entender la Pascua nos pusimos en camino durante toda una Cuaresma, pero ahora dejémonos conducir por la Palabra de Dios.

El evangelio de hoy gira en torno a la ausencia de Jesús en el sepulcro, motivo de la carrera desesperada de María Magdalena, y la presencia de algunas huellas que asombran a algunos como a Pedro, o abren los ojos a otros como a Juan. Las vendas que hay en el sepulcro están en el suelo, vacías, razón por la cual el cuerpo que estaba dentro ya no está, pero no como quien se ha desprendido de ellas y después las ha doblado al estilo de una buena ama de casa que deja todo en orden. De la misma manera, el sudario que habían colocado en su cabeza está doblado aparte, en su sitio, como envolviendo a Aquel que ya no está. Es posible que pueda parecer una lectura intencionada, “dirigida”; pero ¿cómo se explica si no la reacción de los discípulos? Si hubiera salido por sí mismo, por ejemplo como resultado de una muerte aparente, ¿hubiera roto las vendas y las hubiera doblado de nuevo? Y si hubieran sido ladrones, ¿acaso no habrían sacado de en medio las vendas arrinconándolas? Pero es algo diferente lo que ven los discípulos.

Muchas veces he pensado, ¡si yo hubiera estado allí! Pero creo que siempre tengo ante mí esa escena: cada día delante de mí veo una aparente ausencia de Jesús allí donde querría encontrar una sobreabundante presencia de vendas de resurrección. El evangelio me dice que ellos quedan desconcertados porque aún no habían comprendido lo que la Escritura decía: que tenía que resucitar.


Esta mañana, tanto vosotros como yo estamos entre Pedro y Juan. Entre Pedro que contempla y enmudece, y Juan que creyendo entiende lo que ya ha acontecido. Quizás Juan tuvo a su favor el hecho que su vocación nace de una invitación especial: ¡ven y lo verás! Quizás desde aquel momento había empezado a entrenarse para la escucha y el descubrimiento de Jesús y su obra. O quizá se había dejado interpelar un poco más profundamente respecto a sus compañeros, quizás… ¡Se lo preguntaremos en el cielo!

Ahora es a nosotros que nos toca escuchar este evangelio, esta hermosa noticia: a Jesús no lo ves porque no está entre los muertos. ¡Vive para siempre! Está vivo y bien vivo. Y obra, y perdona y sana como antes, y más que antes. Él es el que vive para siempre.

Aquí está toda la Pascua: Jesús por mi amor se ha fiado de mí y yo lo he rechazado. Lo he expulsado lejos de mí y lo he clavado en la cruz. Pero su amor ha vencido mi maldad con la dulzura, me ha desarmado interiormente porque me ha perdonado. No ha llevado cuentas de mis delitos. Bien al contrario.

Esto es morir por los pecados: no es pagar el saldo de un fruto robado en el inventario del paraíso terrestre. Al revés: es aceptar mi rechazo instigado por el enemigo que me asegura que no debo fiarme de Dios porque no me ama. Esto es consolidar la fidelidad hasta las raíces, hasta el fondo: porque Jesús es fiel al Padre ya que cumple su voluntad y fiel a mí porque no me abandona, no me deja de la mano.

Para poder hacer esto, Jesús se abandona totalmente a las manos del Padre. Y para poder enfatizar este aspecto, el verbo de la resurrección está en forma pasiva: ha sido resucitado (sobrentendiendo por el Padre) ya que de este modo me muestra la grandeza del corazón del Padre.

Mirando bien las vendas, descubro que los signos de la resurrección están dentro de mí porque ya he experimentado Su misericordia y Su fidelidad. Aunque después hago todo lo que puedo para sepultar y enterrar estos trazos de su amor en las tantas ausencias del tiempo, en la rutina, en las actividades. La habitual niebla de los pantanos.


Que hoy sea Pascua quiere decir que de nuevo María Magdalena (la Iglesia) me acompaña  a la entrada del sepulcro, y de nuevo se me muestran las vendas de este año, los signos de la resurrección que Jesús ya ha hecho germinar dentro de mí y me pide, ante todo, que sepa mirar, es decir que tome nota y reconozca que existen hechos y obras suyas en mi vida, no pensamientos o sensaciones.

Una vez haya mirado y reconocido tales huellas, la palabra de Dios me quitará las orejeras que me impiden ver, comprender y creer. Y desde aquel momento mi entorno cambiará. En primer lugar Jesús no me resultará tan lejano; y aunque a veces no sé muy bien dónde, Él está vivo y cercano a mí. Es la fuente misma de mi vida y empiezo a comprender que he permanecido lejos de Él y aprendo a buscar y desear todo aquello que sabe a vida porque está iluminado de su luz nueva, porque he descubierto que el resto ya no me interesa.

Se cree en la Resurrección no a ciegas, apretando los dientes y cruzando los dedos, sino con los ojos bien abiertos y la mirada agradecida, porque en pequeñas migajas la hemos experimentado en su perdón.

Hoy es Pascua porque has entendido que su Amor y su Perdón no tienen límites. Porque has entendido que Él no se cansará nunca de darte la vida. Tanta como para superar la muerte.

Y no has de hacer nada. Sólo acoger, claro está, sin escabullirse como los apóstoles durante la Pasión: más bien decididos, cómo el hijo pródigo que regresa a la casa del Padre y es abrazado. Sólo recibir: en el fondo tampoco es tan difícil…

¡Buena Pascua y buena vida nueva con Jesús!

Semana del 10 al 16 de abril.

 


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: Por Manuel Pérez Domínguez y esposa Diamar.

Martes: Por Manuel García Barbeito.

Miércoles: Obligaciones del celebrante y participantes.

Jueves: A las 21:00 reunión de catequistas.

Viernes: A las 19:00 funeral de exequias de Tomás Blanco Gómez, de Nantes. A las 21:00 Misa por Palmira Dozo, Felicidad Méndez, esposo y difuntos de a familia. Román Cousido, madre y hermanos.

Sábado: Por Victoria Pérez Rial, Feliciano Blanco Vidal, Lolo Dozo Castro.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 por Marcelina Domínguez Varela y difuntos de la familia.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Jueves: Por Valentina Leiro Méndez, de Rouxique; Divina Pastora Méndez Padín.

Sábado: A las 10:30 primer Aniversario de Paco González Méndez. A las 11:15 primer Aniversario de Ana Sampedro Magdalena. A las 20:00 Misa por Cándido Fernando Oubiña Radío y Manuel Vidal Dadín, Do Freixo e Isabel Vázquez Núñez.

Domingo: Primera a las 10:30 por José Salgueiro Álvarez y difuntos de la familia. Segunda a las 11:30 por la Parroquia.

domingo, 2 de abril de 2023

 


Te lo escribiré en el asfalto, con aquel espray de color blanco que tanto gusta a los amigotes y amigachos del novio en vísperas de su boda: 
“Vuelve atrás, aún estás a tiempo”. Y después, añaden el nombre de su amigo: Paco, Xavi, Marc, Luis… Alguien añade el mote: Pelucho, Tete, Kini, Pito… ¡Cuantas veces me he encontrado con esas pintadas o pancartas en el camino yendo a celebrar una boda especialmente en alguna de esas ermitas campestres cerca de restaurantes en las periferias urbanas! Hoy me agenciaré también yo un bote de espray que me servirá para hacer una pintada en las murallas de Jerusalén: “¡Vuelve atrás, aún estás a tiempo, Jesús!” 

El vocerío de la gente por las calles, el trasiego misterioso dentro de los muros de las escuelas rabínicas, la decoloración de los sentimientos en el corazón de la gente de Galilea me han confirmado una tesis: aquí, Rabbí, a nadie le importas nada. Mañana verás la farsa de aquellos que hoy están en la plaza: cantos, coros, aplausos y gritos festivos. Harán trizas las palmas, bajarán las persianas, descenderán los estandartes en los torreones de la ciudad. Te festejarán todos; pero pasado mañana tu muerte será mi vida y “muere, infame”. A ellos no les interesas, quieren festejarte a su manera. Quizás has conseguido alguna sonrisa, la de los cojos que ahora caminan, la de los ciegos que ahora contemplan el azul del cielo, de madres que ahora abrazan a sus hijos que antes estaban muertos, alguna herida ha sido curada, alguna boca saciada. Y sin embargo ellos buscaban un Dios más simpático, de dibujos animados, que les diese lo necesario para entretenerse, divertirse, olvidar el tiempo que corre. “Vuelve atrás, aún estás a tiempo”. 

Con unos golpes de estribo y un tirón de la rienda puedes obligar al borrico a girarse y a invertir el rumbo: baja por el sendero que pasa detrás de la tumba de Raquel y escóndete en mi establo. Las ovejas, los corderos y las vacas son los animales que te vieron de Niño aquella noche. Aún hoy las estrellas hablan de Ti y contagian con suspiros la magia de aquella Espera convertida en historia. Nada más después: ya te han olvidado todos porque tus discursos -dicen los prestigiosos teólogos- son ocasión de escándalo y no aseguran el mañana en el calendario. Tú arriesgas la vida para prepararles los prados perdidos del Cielo, el no-tiempo del Eterno: pero en sus casas, dentro de la ciudad, no les falta de nada. No les toques nada de lo suyo. Por eso no te atienden ni te hacen caso. Moisés, un amigo mío que tiene una granja más allá del Cedrón, me ha dicho que esta mañana en el corral el gallo no para de carraspear, como si ensayase un concierto en el que exhibirse dentro de poco. Quién sabe si junto a una negación. Quizás con su carraspeo te está pidiendo que regreses, que no te engañes con el vitoreo de las palmas empapadas de gritos, de sonrisas y de cobardía.

 
Los hombres son muy previsibles, Maestro: aquella gente han recibido algo para vitorearte, les han prometido quizás un lugar en la sinagoga, alguien volverá a su casa con alguna moneda en el bolsillo: Jerusalén es una ciudad vendida. Gritan e invocan tu nombre pero no creen: son unos pagados, mientras escondidos más allá del mercado caótico y furibundo, teólogos y rabinos están mercadeando el precio de tu muerte. Créeme, Maestro, vuelve atrás. Jerusalén es una ciudad perspicaz y traidora. Ella y sus hijos y toda la descendencia que vendrá. No te busca, no te quiere, te espera sólo para tenderte una emboscada: ya ha comenzado, empezando a comprar a un discípulo tuyo. ¿Tiene sentido entrar por aquella puerta? Rabbí, vuelve atrás, aún estás a tiempo.

 

Semana del 3 al 9 de abril

Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: No habrá Misa.

Martes: Por José Antonio Méndez Vázquez.

Miércoles: A las 20:00 celebración comunitaria de la penitencia.

Jueves Santo: A las 19:30 Misa vespertina de la Cena del Señor.

Viernes Santo: A las 11:00 Ejercicio del Santo Vía Crucis. A las 19:30 Celebración de la Muerte del Señor.

Sábado Santo: A las 21:30 Solemne Vigilia Pascual.

Domingo de Pascua: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 por las obligaciones del Celebrante.

Me gustaría visitar a los ancianos y enfermos y llevarles la Comunión, si las familias lo desean, agradezco me lo hagan saber.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Martes: Por Luisa González Míguez, da Salgueira.

Jueves: A las 18:00 Misa Vespertina de la cena del Señor.

Viernes: A las 18:00 Celebración de la muerte del Señor.

Sábado: A las 20:00 Solemne Vigilia Pascual.

Domingo: A las 11:00 Misa de Pascua: Cantada. Por Eladio Otero Rodríguez.

Me gustaría visitar a los ancianos y enfermos y llevarles la Comunión, si las familias lo desean, agradezco me lo hagan saber.

domingo, 26 de marzo de 2023

Cristo se lo tomó con aparente calma

 


Betania, la ciudad donde Cristo es como de casa. Allí, entre el torrente Cedrón y las murallas de Jerusalén, es como si el Hombre de Nazaret dejase su divinidad fuera de la puerta: demasiado molesta en aquel minúsculo refugio, hogar de almas puras y nobles como las de Marta, María y Lázaro. Los tres hermanos de Betania, quizás un poco bobos por no haber pedido nunca ni siquiera el más pequeño de los favores a aquel Amigo famoso. Es posible que sea por esta razón por la que Jesús vuelve a menudo: “¿Tenéis un plato de sopa para mí y los míos esta noche?” Y como contribución a los gastos, la acreditación que en cualquier lugar haría enloquecer: “Mi paz descienda sobre esta casa, que es casa de corazones y de amores”. Nadie nos cuenta el lugar donde nació esta amable historia de amistad. Nos basta la confidencia de Juan, uno de los que vivió junto al Huésped: “Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro”

Y en medio de una visita de inspección por Transjordania le llega el recado de Marta y María, sus hermanas adoptivas. “Mira que tu hermano está enfermo”. Hablan de Lázaro, no de un cualquiera. Del amigo, de su hermano, del cabeza de familia de la casa de Betania. Y vista la familiaridad, lo normal hubiera sido ver un gesto de Cristo a los Doce para correr todos juntos hacia Betania. Pues justamente lo opuesto: cuando oyó que estaba enfermo, permaneció dos días en el lugar en el que se encontraba. ¡Suerte que lo amaba! Pues dos días para quien tiene una cita con la muerte son demasiados. Y no bastan los días de ausencia, el hecho es que hace discursos raros…



Y parte cuando Lázaro ya ha muerto, como en los límites de una burla. Siempre sucede igual: cuando te necesitan, siempre estás fuera de casa. Se quedó parado dos días en un retraso premeditado. Y al llegar cerca de la casa, aparentemente para darles el pésame, Marta no se calla: a pesar de la amistad. Justo en virtud de aquel amor amical le espeta: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto”. Incluso es extremadamente educada; quizás por familiaridad no se atreve a más. Él no se desahoga, no busca justificaciones. Dios no se ofende por el grito de los humanos, quizás incluso se siente orgulloso. Las palabras de Marta le hacen despertar de su aparente indiferencia: “Si crees, verás la gloria de Dios”. Dos verbos desafortunados. Creer en presente. Ver en futuro. Entre los dos habita la esperanza: deslumbrante esperanza, inimaginable, fatigosa. Tan audaz como para hacernos invertir los verbos: queremos ver; después creeremos. Por eso Dios siempre está bajo sospecha. O tantas veces acusado e imputado. Pero Marta le dice: “Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios”. Marta cree, Lázaro resucita. No al contrario: Lázaro resucita y Marta cree. Y qué importan los cuatro días de olor, los dos de retraso, los gritos de la gente, las miradas que le reprochan su ausencia. Si crees, verás.

La lleva afuera y se confía: “Yo soy la Resurrección y la Vida”. Después llora apenado por su amigo. Como yo, como tú, como las criaturas fatigadas por la vida. ¡Lázaro, sal fuera! Y he aquí Lázaro: ¡viva la Vida!

Si crees, Marta, verás. Prometido y cumplido. Desde hace años, desde hace siglos, desde los inicios: a pesar de que alguno se entumezca antes de morir, como midiendo el ataúd antes de tiempo.

Semana del 27 de marzo al 2 de abril

 


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: Por Juana Esperón Camiña, esposo Pepe y difuntos de la familia. José Argibay Valladares y esposa.

Martes: Por Rafael Besada Limeres.

Miércoles: A las 20:00 conferencia meditación: La muerte de Cristo, esperanza del cristiano.

Jueves: Obligaciones del celebrante.

Viernes: Por Jesús Méndez Becerra. Después de la Misa ejercicio del Santo Vía Crucis.

Sábado: Por Esperanza Esperón Camiña, Néstor Moldes Limeres, Lolita Soutullo Limeres y su madre.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 a la Virgen del Carmen a intención de Jesús Sineiro. Se bendecirán los ramos en las dos misas.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Martes: Por Manuel José Gómez Torres, de Lagarey; Luis García Vidal, padres y hermanos; Manuel Chan Padín.

Jueves: Ejercicio del Santo Vía Crucis.

Sábado: A las 10:30 Segundo Aniversario de Ángela Meis Lorenzo. A las 20:00 Misa por Claudio Torres Troncoso.

Domingo: Misa a las 11:00 por la Parroquia. Bendición de Ramos y Palmas.

sábado, 18 de marzo de 2023

No hay peor ciego que el que no quiere ver.

 


Del pozo de Sicar -lugar de enamoramientos y confidencias amables- a la piscina de Siloé: parece como si Cristo, escogiendo la compañía de personajes defectuosos, se divirtiera en hacer explotar casos de escándalo nacional. Y no tanto por el placer de provocar, sino con la intención de despertar conciencias adormecidas, corazones acartonados, almas tan somnolientas y obstaculizadas en la carrera hacia el cielo. Si además lo hace en sábado -día de reposo, de fiesta y de brazos cruzados preceptuado por la ley- entonces el plato está servido. Y la Cruz, próxima.


Piscina de Siloé

Siloé, en los bordes de una piscina. Como Sicar, también aquí agua: agua, palabras y salvación. En torno a un torrente de gente, la misma escena de cuando sucede un accidente en la carretera. Es como si advirtiesen en la propia piel que aquel Hombre -que en pocos días había suscitado simpatías y antipatías- estaba a punto de hacer una de las suyas: la enésima. Todas las miradas fijas en Él, pero no demuestra sentirse incómodo con ello. Mira al ciego -que no puede mirarle- escupe en el suelo, modela el barro con la saliva, se lo extiende en los ojos y le invita a marcharse: “Ve a lavarte”. Como si no bastase levantar los ojos al Cielo y salvarlo. No, Cristo quería palpar la tristeza de aquellos párpados, extender la mezcla de barro y saliva sobre aquellas persianas bajadas desde siempre, como excusándose por aquel apagón tan largo y fastidioso: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé”. En la piscina: delante de tantos, de cara a los biempensantes, a las claras del día. Y él va: vuelve y ve. Punto y aparte. “¿Quién te ha abierto los ojos, desgraciado?” ¡Tú conoces bien aquel Hombre que se considera tan grande como para abrir los ojos a un ciego! Y justamente en sábado. Admítelo: es un impostor, un pecador, un disidente.


Pero él esta vez ve. ¿Y qué le importan los desprecios de los corazones envidiosos?  Al fin y al cabo ¿quién es aquel Hombre? Sólo sabe que antes no veía y ahora ve. Si es un pecador no lo sé. Sé sólo que he sentido el calor en sus dedos, una caricia silenciosa. Nadie antes me había acariciado así. ¡Qué emoción! Yo también estoy sorprendido, me gustaría agradecérselo, pero no lo conozco. Quisiera conocerlo. Ayúdame a conocerlo. Yo únicamente sé que puedo jurar que era ciego. Era ciego y ahora veo. Pienso que quizás es un profeta.

¡Sí, hombre, ahora todos son profetas! ¿Y nosotros quiénes somos? ¿Sabemos o no diferenciar lo justo de lo falso? Pon por caso que hubiese bajado del cielo: ¿por qué te escogería a ti, vagabundo? ¿Dónde están tu padre y tu madre? Y estos no se atreven a defenderlo, no se exponen. Lo máximo que dicen es que es mayor de edad y que se lo pregunten a él.

Y le brindan la alternativa: ¡Habla, ciego! Explica de una vez por todas cómo ha sido posible. Lo ha explicado antes: quizá sean ellos los ciegos. Paciencia. Empecemos de nuevo. Por un milagro tan grande vale la pena tener la paciencia de repetirlo. Pero lo que ellos quieren es: o que diga que jamás fue ciego, o que siga diciendo que no ve. Y que jamás se encontró con aquel Hombre. Y además que ir en contra de ellos le puede costar caro.


Pero después de haber saboreado la curación, las intimidaciones no valen. Para la salvación no hay que pagar comisiones ilícitas. Ni cobrar sobornos. Y continúan las trampas, los desprecios, las burlas, las presiones. Decid lo que queráis, pero yo veo. Ahora ya puede mirarse las manos y las arrugas, las sonrisas, constatar la tristeza en los rostros. Y además, rojo, naranja, amarillo, azul, verde. Mi padre, mi madre: ¡qué emoción!

El delirio de los celos: con la piel enrojecida por la furia, los rostros del odio: ¿pero qué tiene ese Hombre fastidioso?, ¿cómo te ha curado esos párpados malditos? Quizá malditos en otro tiempo. Ahora bendecidos, son los ojos de ellos los realmente ciegos. Los que ven mal, los que no quieren ver.

En este momento no sólo el ciego ve, también sabe hablar: la suya es una palabra, una voz, una profecía. Os lo he dicho una y otra vez: barro, saliva, manos, era ciego y ahora veo. “¿Quizás tenéis añoranza de ese Hombre? ¡Yo creo, Señor! ¡Vaya por Dios!: tocados y hundidos. Mira los ciegos. ¡Qué horror con aquellos que están cegados! Han entendido todo, es decir, que cuando se escupe al Cielo, uno sale derrotado a ultranza. Han entendido y quieren regular todo a su antojo. Y finalmente lo expulsan. La más antigua solución de los imbéciles y los cobardes. Si no entiendes, si no aceptas, si te molesta: expúlsalo. Hasta el más pequeño de los milagros resultará molesto para quien no soporta al Amor. También en los evangelios, especialmente en los evangelios, no hay peor ciego que el que no quiere ver.