domingo, 10 de abril de 2016

Glosa dominical



¿ME QUIERE O NO ME QUIERE? ¡CLARO QUE TE AMA!
La última merienda. Porque para convencer al hombre, primero tienes que llenarle la panza. Y esto hasta Cristo lo sabe: Hijitos, ¿no tenéis nada para comer? Estos no lo reconocen, han oído hablar de la Resurrección, lo toman por un fantasma. Quién sabe por quién lo han tomado: un mendigo, un pescador rival, un viejo amigo. Hoy no es tiempo para cordialidades en las orillas del Mar de Tiberiades. En dos ocasiones ya, después de los hechos de Pascua, se lo habían encontrado. En la última agradecieron la testarudez de Tomás que la propició. Y sin embargo hoy no lo reconocen. Pesa en el corazón la noche apenas transcurrida: nada de pescado, poco pan y tanta hambre. Tres años antes trabajaban de pescadores, tres años después siguen siendo pescadores: redes que llenar, diálogos vespertinos entre remendar y tejer, fortuna y mala suerte. Lo miran y le echan en cara toda su rabia como respuesta a su pregunta: ¡No! Quizás el no más pesado de los evangelios. La negación más oscura de la esperanza, la desolación de un corazón de pescador: ¡no y después no, vete!
Sin embargo las redes pesan: las mallas repletas de peces. ¿Milagro? Quizá sí, quizá no: es que hambrientos han lanzado las redes por segunda vez. Aquel viandante los había provocado y ellos no se han echado para atrás: “Tirad la red por la parte derecha y encontraréis”. Peces, tantos peces, demasiados peces: mira, Pedro, mira cómo pesa esta red. Es Él.” -es la voz del vigía Juan. El tiempo para captar aquellas simples palabras y Pedro vuelve al agua, esta vez sin red: se lanza. La exageración de la sorpresa: las cosas hermosas ya hablan de Él, de su viejo Maestro renegado por miedo a los rumores de una criada en torno al fuego. Después todos en la playa, esta vez también Él tiene hambre: “Traed un poco del pescado que habéis cogido ahora”. Llevan remendada una serena conciencia. La que es presagio de las grandes empresas, también en el amor. Pero nadie osa preguntarle “¿quién eres? Con todo lo que tienen que contarle y decirle y que descargar en sus espaldas. Empieza Él: distribuye el pan, ellos toman el pescado a la brasa.
Es un amanecer extraño: nadie habla. Prefieren masticar y mirarle: ¡qué espectáculo se contempla bajo el cielo de Galilea! De aquel día quedó el perfume. El perfume es una pedrada celeste: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? No le basta el amor, el pescador pide la prueba de amor. Quiere oír de sus propios labios, tantas veces mentirosos y cobardes, si su corazón late más fuerte que el de Bartolomé o Simón Tadeo: si supera al de Juan. Él piensa, con el bocado aún en la boca: enlaza los recuerdos de aquel día de tanta pesca con Andrés, de las llaves de allí arriba, de las alabanzas que le valieron el título de bienaventurado en la tierra. Los mil días y otras tantas noches con Él, los enfados y los milagros, aquellos pies lavados y su redomada testarudez. Pedro tiene un nudo enorme en la garganta: “Claro, Señor, tú sabes que te quiero”. Esta mañana el Maestro es un desmemoriado, como las abuelas: tres veces se lo pregunta. Y por tres veces, Pedro  reabre el corazón; la tercera, incluso exagera: “Tú lo sabes todo, sabes que te amo”. No es un bien de hombre, lo de Pedro es amor. Quizá Cristo lo sabía, pero ha querido sentírselo decir. No una, tres veces. Unas noches atrás un gallo contó hasta tres antes de cantar y hacer llorar al viejo pescador. Hoy el Resucitado vuelve a contar hasta tres para borrar aquellas tristes palabras. Todo en orden: “Apacienta mis ovejas… sígueme”.
El pescado a la brasa se lo repartirán los otros que se quedaron alrededor del fuego. Pedro, quizás aún mojado tras aquella zambullida exagerada, debe partir: hay corderos que apacentar, rebaños que guardar, apriscos que proteger. Porque están preparando un premio para el nuevamente acreditado pescador: dos troncos y cuatro clavos, como el Amigo. No hay aún martillo, pero ya han decidido la posición: lo clavarán con la cabeza hacia abajo, al revés. El pescador en la cruz: esta vez es verdadero amor. 
 Fr. Tomás M. Sanguinetti

Semana del 11 al 17 de Abril.


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: Por Santiago Lorenzo y esposa Josefina. Manuel Pérez Domínguez, esposa Diamar y difuntos de la familia.
Martes: No habrá Misa.
Miércoles: Por José Arosa Méndez, esposa, hijos y nietos.
Jueves: Por las Vocaciones Sacerdotales y religiosas.
Viernes: Por Pilar Martínez García, hija y padre.
Sábado: A las 10:30 primer Aniversario de José Manuel Dadín Salgueiro. A las 21:00 Misa por María Penas Barral; Horacio Cacabelos Rey, madre y difuntos de la familia.
Domingo: Primera a las 9:00 por las intenciones de la Parroquia. Segunda a las 12:30 al Santísimo Sacramento a intención de una devota. A San Benito a intención de una devota.



Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Jueves día 14: Por Juan Camiña Lamelas, da Bruñeira; Eugenio Otero Leiro; Carmen Aurora Moldes Rey, de Piñeiros y sus padres. Al Santísimo Sacramento a intención de una devota y difuntos familia de la misma devota.
Sábado día 16: Por Vidalina Prieto Carballa; Cándido Fernando Oubiña Radío y Manuel Vidal Dadín, do Freixo; José Luis Vázquez Prieto, de Xestedelo; Manuel Moldes Torres y Hermosinda Lores Salgueiro, da Costiña.

Domingo día 17: Primera a las 10:30 por Hermosinda Buezas Pérez, da Salgueira; Severino Pita González, de Lagarey y difuntos de la familia; Vicente González y sus padres, de Piñeiros. Segunda a las 11:30 por las intenciones de la Parroquia.

domingo, 3 de abril de 2016

Glosa Dominical


Domingo de la Divina Misericordia
 Reflexión sobre el Segundo Domingo de Pascua, Domingo de la Divina Misericordia, que realizó el Papa Benedicto XVI en el rezo del Angelus del Domingo 11 de abril de 2010. 

Este domingo cierra la Octava de Pascua como un único día «en que actuó el Señor», caracterizado por el distintivo de la Resurrección y de la alegría de los discípulos al ver a Jesús. Desde la antigüedad este domingo se llama «in albis», del término latino «alba», dado al vestido blanco que los neófitos llevaban en el Bautismo la noche de Pascua y se quitaban a los ocho días, o sea, hoy. El venerable Juan Pablo II dedicó este mismo domingo a la Divina Misericordia con ocasión de lacanonización de sor María Faustina Kowalska, el 30 de abril de 2000.

De misericordia y de bondad divina está llena la página del Evangelio de san Juan (20, 19-31) de este domingo. En ella se narra que Jesús, después de la Resurrección, visitó a sus discípulos, atravesando las puertas cerradas del Cenáculo. San Agustín explica que «las puertas cerradas no impidieron la entrada de ese cuerpo en el que habitaba la divinidad. Aquel que naciendo había dejado intacta la virginidad de su madre, pudo entrar en el Cenáculo a puerta cerrada» (In Ioh. 121, 4: CCL 36/7, 667); y san Gregorio Magno añade que nuestro Redentor se presentó, después de su Resurrección, con un cuerpo de naturaleza incorruptible y palpable, pero en un estado de gloria (cfr.Hom. in Evang., 21, 1: CCL141, 219). Jesús muestra las señales de la pasión, hasta permitir al incrédulo Tomás que las toque. ¿Pero cómo es posible que un discípulo dude? En realidad, la condescendencia divina nos permite sacar provecho hasta de la incredulidad de Tomás, y de la de los discípulos creyentes. De hecho, tocando las heridas del Señor, el discípulo dubitativo cura no sólo su desconfianza, sino también la nuestra. 

La visita del Resucitado no se limita al espacio del Cenáculo, sino que va más allá, para que todos puedan recibir el don de la paz y de la vida con el «Soplo creador». En efecto, en dos ocasiones Jesús dijo a los discípulos: «¡Paz a vosotros!», y añadió: «Como el Padre me ha enviado, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos, diciendo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos». Esta es la misión de la Iglesia perennemente asistida por el Paráclito: llevar a todos el alegre anuncio, la gozosa realidad del Amor misericordioso de Dios, «para que —como dice san Juan— creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre» (20, 31). 

A la luz de estas palabras, aliento, en particular a todos los pastores a seguir el ejemplo del santo cura de Ars, quien «supo en su tiempo transformar el corazón y la vida de muchas personas, pues logró hacerles percibir el amor misericordioso del Señor. Urge también en nuestro tiempo un anuncio semejante y un testimonio tal de la verdad del amor» . De este modo haremos cada vez más familiar y cercano a Aquel que nuestros ojos no han visto, pero de cuya infinita Misericordia tenemos absoluta certeza. A la Virgen María, Reina de los Apóstoles, pedimos que sostenga la misión de la Iglesia, y la invocamos exultantes de alegría: Regina caeli...

Semana del 4 al 10 de abril.


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: Por Juanita Esperón Camiña, esposo Pepe, padres Rogelio y Modesta. José González Outón, Lorenzo Vázquez y esposa. A las 21:30 Reunión del Grupo de Biblia.
Martes: Por Manuel Vázquez Carneiro, Mercedes Viñas Naveiro y Rodolfo Castro Castro.
Miércoles: No habrá Misa.
Jueves: Por José Manuel Moldes Lores.
Viernes: Por Manuel Portela González, esposa, nietos Luis y Manuel.
Sábado: Por José Fariña Seren, esposa, esposa Carmen y difuntos de la familia. Ovidio Pérez Castro y difuntos de la familia. Carmela Roa Corral; Teodina Salgueiro González y su nuera María Asunción.
Domingo: Primera a las 9:00 por las intenciones de la Parroquia. Segunda a las 12:30 por María del Carmen Arosa Camaño; Juan Fernández Torres; Rosa Cacabelos Rey y difuntos de la familia y Manuel Fernández Castro y sus padres.

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Martes día 5: Por Victorio Otero Uzal y sus padres.
Jueves día 7: Por María Esther Los Blanco de Piñeiros; Carmen Agraso Ramos, esposo e hijo, da Tomada, y difuntos de la familia.
Sábado día 9: Por Carmen Méndez de Lagarey; Carmen Martínez Hermida y José Domínguez Fernández.

Domingo día 10: Primera a las 10:30 por Carina Güimil y a la Virgen del Carmen. Segunda a las 11:30 por las intenciones de la Parroquia.

domingo, 27 de marzo de 2016

Glosa Dominical


¡HA RESUCITADO! LO RECONOCES: HUELE A OVEJA 
Como descendientes directos de la estirpe del Iscariote: así aparecen a los ojos de la gente mis discípulos. Con heridas y monstruosidades, por años con el aliento ahogándoles y la amargura de la mirada, oliendo a sudor y cándidos de nostalgia. Los malditos, los bastardos, los traidores: existe siempre una aproximación por exceso de negación cuando se habla de Judas, del ladrón y de sus sucesores. Y sin embargo los he visto allí, agachados el jueves sintiendo el escalofrío de aquella agua descendiendo también por sus pies: el mismo amor por los pies de Judas como por los de Bartolomé y los de Tadeo usó aquel día el Maestro de Nazaret. Y yo, aquel día, sacerdote como Judas: también él fue consagrado sacerdote, primero entre los doce primeros sacerdotes de la historia de la humanidad. Aquella noche nos dormimos con un incómodo testamento en la cómoda: una jofaina y un pocillo de agua. Y nosotros, tremendamente hombres, hemos correspondido a la gentileza: un trozo de madero y un puñado de clavos. Hace siglos que el hombre debe recordar la ingratitud que alberga en el corazón.
Desde el viernes, con la Cruz estrechada entre las manos, quería boicotear el gesto del beso: “Señor, te evito una doble traición”. Los he observado mientras en el evangelio el gallo cantaba y Pedro mentía, mientras Barrabás exultaba y el inocente sucumbía, mientras en el Calvario se apresuraban las primeras sombras de la gran escena. Después, cuando los he visto en fila india, quería decirles: “no gente, cuando es demasiado es demasiado”. He intentado apartar aquella cruz, pero es como si Él me hubiese dicho: “Déjame aquí, enamorado hasta la burla”. Lo he dejado -Dios entre mis brazos pequeños a sostenerlo- y he llorado. He fotografiado los labios de mi Judas, duros mientras tocaban Sus labios: en los ojos la nostalgia de los grandes encuentros, la amargura de las pesadas traiciones, la conciencia de la miseria humana. Y Él allí, infatigablemente Dios, a dejarse tocar por aquellos labios impuros, para mostrar al hombre cómo el morir es el infinitivo del verbo amar. Allí, frente a mí, el eterno duelo entre la Vida y la Muerte, entre la Verdad y la Mentira, entre el sueño y la locura: a un paso de lo posible, para contemplar la agonía de la gracia derrochada a ultranza por la mastodóntica presencia de la desgracia. No ha soportado el peso de aquella mirada: ha abrazado la Cruz, la ha besado, la ha ensuciado de lágrimas. El todo como preludio de la espléndida afirmación susurrada casi en silencio: “Perdóname, Señor”. Aquella cruz debía quedar allí, para aguantarla debía estar yo: para aprender, aunque sacerdote, que para quien lo mira desde fuera, la gracia no es siempre comprensible.  
Esta noche será noche de vela, dentro de los pasillos de mi pequeña parroquia. El silencio de esta mañana, las confesiones de la última hora, aquella ráfaga en la mirada y aquella pequeñísima escapatoria en el corazón. Lo han traicionado y aplastado, condenado y juzgado, burlado y rechazado: qué mejores compañeros de mis perdedores para celebrar la aventura del Triduo Pascual. Mañana por la mañana los veré venir con los vestidos de los días de fiesta: la barba descuidada se rasurará; del armario saldrán aquellos vestidos que huelen a nuevo; los zapatos rotos cederán el sitio por un rato a unos más elegantes. Se levantarán al amanecer y aún lejos del alba, tras los pasos de aquellas cuatro mujeres desveladas en aquella primera mañana toda hebraica. Entonarán la voz, intentarán una partitura musical, desafiarán a la rítmica y enfadarán al organista. Mañana todo les será perdonado, una amnistía pascual para permitirles robar a San Agustín la frase que en las iglesias ha resonado esta noche: O felix culpa! Oh feliz culpa que nos mereció tal y tan gran Redentor. Será un canto desentonado aunque entonado, loco por lo amoroso, terrible por lo verdadero. Por otra parte Él había jurado que era la oveja perdida la que andaba buscando, el pecador endurecido el que quería atraer, el hombre perdido, el que buscaba salvar. Ellos perfumados por los momentos pascuales, nosotros peregrinos en el desierto de la desesperación con el olor de estas malditas ovejas. Un olor que en estos días Allí Arriba es considerado como un perfume de prestigiosa marca. Porque atestigua la frecuentación cotidiana con el rebaño de los alejados. De aquellos ladrones que, con el evangelio en la mano, estaban junto a Cristo el día que inauguró el Paraíso. Porque Pascua es creer en lo inimaginable de un Dios eternamente capaz de asombrar. Para despertar al hombre en su belleza perdida. 

Fr. Tomás M. Sanguinetti

Semana del 28 del marzo al 3 de abril.


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 21:00 horas.

Lunes: Por Juan Pérez Domínguez, esposa Parisina; José García Fariña, esposa Maruja y Herminio Pazos Vázquez.
Martes: Por Chicho do Forcado y su hijo José Manuel.
Miércoles: Por Benedicta Vidal Domínguez y Dolores García Dopazo.
Jueves: No habrá Misa.
Viernes: Por Elisa Fernández Fernández y esposo José; Josefina Agraso Ramos y esposo Manuel.
Sábado: Por Aurora Insua Camaño, Lolita Camaño y difuntos de la familia, Vicente Salgueiro Cacabelos y esposa Digna Lobato Viñas; Luisa Méndez Meis, esposo e hijos.
Domingo: Primera a las 9:00 por las intenciones de la Parroquia. Segunda a las 12:30 por Carmen González Balsa; Elisa González Rial y esposo.
A las 15:30 Salida desde la Plaza a Santiago al Jubileo de la Misericordia.

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Por la semana a las 20:00 horas.

Martes día 29: Por Carmen González Buezas, da Bruñeira.
Sábado día 2: Por Cesareo Afonso Salgueiro; Jacinto Oubiña Radío; Apolinar Alfonso Méndez Fernández, da Salgueira; Amancio Soutullo Buezas y sus padres, da Costiña y Ramón Vieites Gondar, de Piñeiros.

Domingo día 3: Primera a las 10:30 por Cándido Cacabelos Bouzada, das Pedreiras; Dorinda Barreiro Galiñanes; Videlina Aguín Crespo y esposo; Josefa Bouzada Poceiro y esposo Manuel Prieto Tacón, das Pedreiras. Segunda a las 11:30 por las intenciones de la Parroquia.
A las 15:30 Salida desde el cruceiro a Santiago al Jubileo de la Misericordia.

domingo, 20 de marzo de 2016

Glosa dominical

Reflexión a modo de notas hacia dónde nos orienta la liturgia del domingo
Giotto: Ingreso en Jerusalén
HOY LOS SACERDOTES NOS HAREMOS LOS LISTOS
En este domingo vendrían ganas de gritar en la entrada de la iglesia: ¡Cuidado con los sacerdotes!”. Y en verdad hay que estar atentos a ellos: no es una broma. Porque nunca como en este domingo los sacerdotes que nos debatiremos entre la forma larga o la breve del evangelio de la Pasión, escogeremos la breve. ¡Hay tanta gente en el templo! ¡Y hay tanta prisa por llegar a casa con las palmas, los ramos de olivo y laurel para colgarlos en los balcones! Quizás muchas familias tendrán invitados a comer: sus ahijados, sus hijos o nietos… Y después de todo, se empieza la Semana Santa con una misa muy larga. ¿Quién llegará al domingo de Pascua? Atentos, porque nunca como hoy viviremos en la iglesia -al módico precio de tres cuartos de hora- el más terrible de los espejismos con máscara de cristianismo: que la Pasión sea en forma breve. Cuando en cambio la vida de aquí abajo nos cuenta que toda pasión -física o espiritual- siempre es en forma larga. Como complemento de tiempo continuado que llena una entera frase del cuaderno de la vida.
 
Se inicia todo con un borriquillo como amigo: la única criatura dispuesta a acercarle hacia una meta peligrosa. Y sin embargo, amigos tenía más de uno, a cual más difícil entre los que escoger: escritores y pescadores, pecadoras y seductoras, cobradores de impuestos y comerciantes, gente de pueblo y doctores de la ley. Pero a las puertas de Jerusalén está sólo Él aventurándose entre la muchedumbre. Un borriquillo hijo de burra. Intrigante y conmovedor hoy el relato de la Pasión dictado por los evangelistas. Intrigante porque habla de un Dios humanísimo que tiene miedo, tiembla, suda, sufre, grita, llora. Un Dios que parece un niño preso de la soledad. Y conmovedor porque aquella pasión es el preestreno de una historia de pasiones que llega hasta el drama de las pateras en el Mediterráneo, de las largas filas de refugiados o inmigrantes ilegales (tanto da) por las carreteras de Grecia hacia el campamento de Idomeni, o de los empleos perdidos bajo los tétricos ojos de demasiados padres de familia; hasta la vida de la gente que pobre y herida, está tan decepcionada que ni se da cuenta de tener a su lado un Dios igualmente herido compartiendo el miedo a la muerte. “Empezó a sentir miedo y angustia” (Mc. 14,33) Inesperado este fotograma del Maestro de Nazaret: también Él invadido por el terror, la consternación y la amargura de la soledad. Como yo, como tú, como tantos rostros en esta tierra de hombres que mendigan afecto.Un borrico hacia Jerusalén, un gallo en el patio después del proceso. Menos mal que queda la compasión de los animales: entre el rebuzno del asno y el canto del gallo vive el extraño heroísmo de la humanidad: hoy aplauden festejando y animan alegres para después esconderse el próximo viernes con vileza y traiciones con puntualidad hasta enviar a morir fuera de las murallas de la ciudad a la Belleza de la Historia. Y la soledad escondida entre los pliegues de la liturgia que hoy  interpela a quien cree de veras que el evangelio tiene fuerza para hablar en todos los instantes de  la historia. No la soledad que Jesús a menudo busca para recargar su espíritu y alejarse de la multitud que lo malinterpretaba, sino la soledad causada por Pedro, Santiago, Andrés y toda la compañía, mientras la Cruz estaba lejos de todos los amigos, héroes e indómitos soñadores. Al tomar forma el Calvario hay quien duerme como Simón, hay quien huye poniendo pies en polvorosa, hay quien afirma no haberlo jamás conocido. Y quien lo besa sabiendo que aquel beso esconde la cobardía de una traición. Al Maestro -después de mil días pasados en su compañía y treinta años apartado en el silencio de Nazaret- le queda la última invitación: “Levantaos, vamos”. Y ellos se levantan pero para escapar. Sin embargo no machaquemos a los apóstoles: son nuestros precursores. La única diferencia es que ellos a Cristo lo tenían delante. Pero en el corazón compartían nuestra locura de traicionar al amigo cuando éste pide fidelidad. Ellos lo han hecho en Getsemaní, nosotros lo repetimos cuando nos avergonzamos de santiguarnos en la mesa, en la resignación ante el abandono de la fe, en la incapacidad de testimoniar el Amor de la Iglesia, en la política, en la escuela, en el deporte, en la vida de cada día. Mientras quedamos bien al contar alguna historieta a los niños de catequesis, tatuándonos el crucifijo en el escote, colgándolo en las paredes de casa, es aceptable. Pero cuando pide perseverancia, valentía, conversión, entonces es mejor huir, afirmar no conocerlo, renegar el ser gente amada por Él. 
Oración en el Calvario (Bercianos de Aliste)
Hasta hace poco el Viernes Santo no se podía arar, ni ir al huerto, ni podar árboles porque hasta la tierra sufría por aquella muerte. Los cines y teatros estaban cerrados, ni se barría ni se hacía la colada en las casas. Hasta las alondras en el cielo, los tordos en los bosques o los gorriones en los patios estaban callados. Como también las campanas. Un pesado luto rodeaba todo lo creado. Pero después del sermón de la Pasión, la visita a los Monumentos y la procesión del Santo Entierro a paso lento, con el canto del “Stabat Mater” seguido en voz baja por los ancianos, venía el domingo por la mañana (antes incluso el sábado) el sonido festivo de las campanas y el canto de los pajarillos que anunciaban el final de la tristeza.
¿Y hoy? La noche del Viernes y del Sábado Santo en todos los lugares estruendo y bailes en las discotecas. En la mañana de Pascua dormirán y se despertarán con dolor de cabeza y la “boca chancla” por la resaca. Leeremos la noticia de los sólitos accidentes de carretera hacia el amanecer. ¿Habrá alguien aún que al repicar las campanas se lavará los ojos con el agua clara de la fuente de la Plaza Mayor, como hacían en el pueblo en el que fui párroco por vez primera, para ver la nueva luz?
Que desgracia que hoy todos esperen en la iglesia la forma breve del evangelio. Una desgracia de veras. Porque es como pedir a la Pasión que se nos muestre entre nosotros en forma breve. Cuando miles de historias nos aseveran  y atestiguan que también hoy la pasión es siempre y únicamente en forma larga y trágica: la pasión en patera, el interminable Vía Crucis que tropieza una y otra vez con las fronteras. ¡Cuidado hoy con los sacerdotes! Rechacemos la idea de la Pasión en forma breve: no es así la vida.
Fr. Tomás M. Sanguinetti