sábado, 24 de enero de 2026

CUATRO GATOS SIN NI SIQUIERA YA BARCA ALGUNA

 

 
Este es el tema: De cómo la aventura de cuatro gatos pudo desbaratar un mundo adormecido en sus quimeras. El agua del Bautista apenas había mojado su cabeza y el Caminante de Nazaret no perdió el tiempo: salió de la sombra del silencio de su casa -en la que vivió un largo letargo divino de más de cinco lustros- y ya se empleó en amaestrar a Satanás cara a cara. Y lo hizo de esta manera para dejárselo claro y hacerle saborear que no todos los hombres han nacido para ser rebabas de sus préstamos. Cuarenta días allí dentro pagando la cuota de la más humana de las leyes de la naturaleza -es decir, la tentación de parecerse a Dios- para después recorrer caminos para desbrozar la Ruta al Reino de Dios. Para encender un poco de luz dentro las estancias brumosas y oscurecidas del reino de los hombres: “El pueblo que habitaba en las tinieblas vio una gran luz, para aquellos que habitaban en regiones y sombras de muerte surgió una luz”. Y la aventura parece iniciarse justo en el lugar equivocado: en la tierra de Zabulón y Neftalí, Galilea de las naciones o sea tierra de frontera y de periferia, de olvido y desconsideración. De polvo, poca fama y tanta piedad. Como Nazaret. En el lugar y el momento equivocados, quizás el más descabellado: la cabeza del Bautista ha sido regalada a la hija de Herodías, la viciada bailarina que cautivó la mirada de Herodes hasta arrancarle lo que el corazón de su madre -mujer vengativa- pidió: la cabeza de aquel que se esforzaba en mostrarle el verdadero camino. Cayó la cabeza y los discípulos del profeta rupestre y silvestre tienen miedo: ¿después del capitán quizás decapitarán también al equipo? Todos escondidos como topos en su madriguera. A Él -por el que el Bautista juzgó incluso ridícula su propia vida hasta hacerse cortar el cuello- parece que no le importaba en absoluto. Entra y empieza allí donde su pariente había interrumpido su obra: “Convertíos porque está cerca el Reino de Dios.


En el fondo la tierra no importa -un lugar vale lo que otro- si siquiera el estado del tiempo (“no existen vientos contrarios, decía Séneca, sino hombres y mujeres que se rinden”) lo que sí importa es la elección de la compañía, eso sí que levanta sospechas: no ha escogido a mercaderes que saben regatear y negociar en las plazas y mercados, ni observantes que desmenuzan los renglones de la Ley, ni rabinos que citan de memoria los versículos de la Sagrada Escritura. Son pescadores: hombres de aguas y mares, de pescas y de veladas al claro de luna, de espera -¡tanta espera!- y de golpes de suerte: los del mar avaro, del mar generoso, del maldito mar. Hombres de las sorpresas, ninguna de las cuales superó a aquella audaz que les propuso el Caminante: “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. Y aquellos, hombres acostumbrados a los cálculos -tanto pescado a tanto el kilo nos da tanto por jornada- “en seguida dejaron la barca y lo siguieron”. ¿Así sin merecer ninguna explicación? María, la Escogida, por lo menos pidió luces al Arcángel: ¿cómo será eso si no conozco varón? Estos en cambio no: emigrarán a no se sabe dónde, desposarán otros mares, se confiarán a Otro Pescador. Lo que les espera aún no lo podrán saber: saben únicamente que seguirán siendo pescadores, no traicionarán su viejo oficio. El sabor y la sabiduría de una tradición familiar, no tendrán que maldecir su pasado. Cambiará sólo el pescado como objeto de las capturas: ya no más peces, sino hombres. Dejarán todo para seguir el sueño que transforma el dolor en gozo, escucharán el grito que da la vista a los ciegos, verán la mirada de los cautivos liberados, percibirán la esperanza de los desesperados. De aquel mar volverán distorsionados: gritarán al viento, caminarán sobre las aguas, expulsarán demonios, suturarán llagas, enjugarán lágrimas. Cuatro gatos sin ni siquiera ya barca alguna. Aunque su espíritu siempre volará por cotas demasiado bajas y no comprenderán sus verdades y sus parábolas, y al final lo abandonarán, todo será perdonado por la prontitud cándida y segura con la que siguieron la primera llamada.


Sintiendo los ensayos del tiempo, inició la más audaz entre las aventuras en el lugar equivocado, entró en escena en el momento menos favorable y propicio y reunió el equipo mejor aprovechado que podía organizar. Le dieron pocas oportunidades: Él hizo oídos sordos y partió. Incluso el Titanic fue construido por profesionales y se hundió. El arca fue construida por Noé, probo agricultor, y resistió la furia de un diluvio hinchado de agua. En Cafarnaún los pescadores lo sabían bien: nunca dar un juicio sobre  una barca mientras está amarrada en el puerto. Un Grandísimo crea a los más grandes.

Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet

Semana del 26 de enero al 1 de febrero


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas

Lunes: Manuel Cousido Besada. Elisa Valladares Fernández.

Martes: Domingo Vieira. A Santa Lucía, un devoto.

Miércoles: Domingo Vieira. A Santa Lucía, un devoto.

Jueves: Domingo Vieira. Alicia Maya Pérez, esposo José y madre Pilar.

Viernes: Domingo Vieira.

Sábado: A las 10:30 primer Aniversario de José Luis Rey Castro. A las 20:00 Misa por María Luisa Ruel Méndez. Encarnación Palomares Rodríguez. Ángel Moraña Laredo. Antonio Prieto Alfonso y difuntos de la familia.

Domingo: Primera a las 9:00 por Aurora Insua Camaño. Lolita Camaño y difuntos de la familia. Isabel y Joaquín Martínez Acuña. Segunda a las 12:30 por las víctimas de los accidentes ferroviarios de Adamuz y Barcelona.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Viernes: A las 18:00 primer Aniversario de María Pastora Fernández Méndez y Carmen Ribera Pérez.

Sábado: A las 11:30 primer Aniversario de Sara Rodiño Padín, viuda de Pepe Troncoso Poceiro. A las 19:00 Misa por Fernando y Sara, de Gondar y difuntos de la familia. Florinda Estraviz Pombo y esposo Servando Cacabelos. José Antonio Crespo, padres y hermano. José Casal e hijo José Luis, de Lagarei. Peregrina Vilar Moldes y difuntos de casa. Francisco Germán Castro Álvarez, de Gondariño.

Domingo: A las 10:30 Misa por las víctimas de los accidentes ferroviarios de Adamuz y Barcelona. A las 11:30 Misa por la Parroquia.


domingo, 18 de enero de 2026

LA TENTACIÓN DEL HOMBRE BISAGRA

 

 
Constituyó la más grande tentación de las que se le pudieron presentar. Más allá del riesgo de lamentarse por haber llegado con retraso para convertirse en el más grande de los profetas o, ironía de la suerte, con antelación para intentar la carrera de discípulo. Al Bautista la tentación más grande le vino servida en bandeja de plata, quizás parecida a la bandeja sobre la que depondrá -por un capricho de la señorita Salomé- su cabeza pensante. Fue la simple tentación de sentirse Dios. No hubiera sido coquetería personal, ni mucho menos arribismo de hombre. Hubiera tenido sencillamente las trampas de un simple final de recorrido. Vio la luz en la cercanía de los días de Cristo, del cual era pariente cercano. Arengaba a la multitud con un poder de palabra que penetraba en lo más hondo del corazón de las masas. 

Sus palabras eran palabras inestables, de movimiento: señalar y suscitar, preparar y allanar, levantarse y caminar. Convertirse y creer. Su fe fue un movido viaje: del seno de Isabel -mujer que todos daban por finiquitada, por estéril- a los espacios devastadores del desierto, hasta la angustia de una celda de prisión. Sin olvidar la orilla de aquel río -el Jordán- en la cual vivió la vergüenza de las vergüenzas: él, el Precursor-Preparador, constreñido a bautizar a Dios. La criatura y el Creador, la humanidad y la divinidad, el estupor y el misterio. La promesa y la Presencia. El mundo se le quedó atrás, festivo y jubiloso: parecían los tiempos de la salvación anhelada y perseguida.

Degollación de S, Juan Bautista (Caravaggio)

Algunos no creyeron en sus ojos, otros confirmaron los trazos, otros aún siguieron la recta vía que anunciaba. Fue hombre que conoció los días del gozo y la tristeza, de la consolación y la desolación, de los honores y la infamia. Después de María, fue el primero en interceptar el advenimiento de Cristo: respondió con un grito desde las entrañas que hizo temblar la ponderada maternidad de su anciana madre Isabel. Rápidamente después se enfrentó al desierto, tierra de silencio aunque no de mutismo. Allí afinó las armas, celebró las primeras profecías, empezó a allanar aquellos caminos y a nivelar aquellas colinas que nunca vio acomodadas. Advirtió el grito del Dios cercano, Lo vio entremezclarse con los pecadores, nunca perdió las huellas en los años de la vida escondida de Nazaret. La familiaridad no le ahorró las dudas humanas: desde el interior de la mazmorra mandó a preguntar si era verdaderamente el Mesías o debían esperar a otro. Aquel hombre era parecido a una bisagra: en medio de dos tiempos, el antes de Cristo y el después de Cristo. Entre dos estaciones, la de la Antigua Promesa y la de la inédita Presencia, entre dos papiros, el del Antiguo y el del Nuevo Testamento. Entre dos historias diferentes: aquella en la que Dios podía parecer lejano y aquella en la que el Dios lejano estaba aquí, cerca de él. El Evangelio que tiene aroma de pan, de caminos, de colada limpia y de sorpresas.


Aquella tentación le llegó quizás muy de mañana, al alba: igual que para Cristo, también para Lucifer la alborada era la hora preferida. El hombre aún está desnudo, los ojos han de aprender a poseer el mundo, el corazón debe revestirse de su traje. Las grandes operaciones en la Escritura -desde la peregrinación de Adán a la mañana de la Resurrección- suceden con las primeras luces del alba. Cansancio o desolación, contratiempo o pequeño imprevisto, seguramente Lucifer intentó hacer descarrilar el corazón del Bautista: la gente le habría creído. Quizás también a él le propuso sustituir a Dios. Como a mí, siempre al alba, a menudo vestido de amigo: “Eres el mejor sacerdote que jamás haya conocido. ¿Qué sería del mundo sin ti?

Traicionero y embustero Satanás: conmigo, aunque con el Bautista más que conmigo. Pasado mañana con Dios. Este pobre cura que soy yo, de vez en cuando cae: se siente demasiado revestido de Dios y poco después cae al suelo. Con el Bautista no lo consiguió. La muchedumbre lo aclamaba como Mesías, él señaló con el dedo: “He ahí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”. Siguieron a Cristo: fue el día del conseguido engarce, la fusión entre promesa, preparación y cumplimiento. Conseguido porque el Bautista nunca pensó que fuese Dios. Escogió quedarse como humilde anticipo. Para después quitarse de en medio y dejarle el camino libre. En el nombre de la fidelidad, que al fin al cabo es el nombre del Padre. 

Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet

Semana del 19 al 25 de enero


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: Luis Estévez Pérez.

Martes: Por los difuntos de la parroquia fallecidos en 2025.

Miércoles: Domingo Vieira. Manuel Lastres Seijas y Herminia Arosa Fernández.

Jueves: Dolores Castro González y esposo Amancio.

Viernes: Ramón Meis Vidal.

Sábado: Alfonso Rial Gondar, padres y difuntos de la familia. Carmen Radío Dadín y esposo Juan Poceiro Torres.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 por José Manuel Vidal Domínguez.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Jueves: Por los difuntos de la Parroquia fallecidos en 2025.

Sábado: A las 10:30 primer Aniversario de María Esther Pérez González. A las 19:00 Misa por José Vidal Prieto y esposa Elisa. A Santa Lucía, una devota.

Domingo: A las 10:30 Misa a Santa Lucía, una devota. Carmen Estévez Filgueira, da Bruñeira. A las 11:30 por la Parroquia.

domingo, 11 de enero de 2026

CONFUSIÓN AL PRINCIPIO

 


El desierto le había preparado para todo. Pero quizás no se esperaba que aquel gran Genio de su Amigo se presentase ante él bajo la mirada atónita de los mendigos de Galilea, ataviado extrañamente y entremezclado con ellos. “¡Bautízame, Juan, ahora es mi turno!” Juan: el hombre que domesticaba antílopes, que soportaba el peso del silencio, que allanaba la aridez del desierto, el hombre pronto a todo, enmudeció. A sus ojos no era comprensible: el Eterno, la Perfección, la Sublimidad pide limpieza. Que se humilla, que se esconde, que se anonada: “Ánimo, amigo: bautízame” ¿Dónde sacar fuerzas para eso? La cola de los pecadores se alargaba, murmuraciones siempre menos discretas por la interferencia en el sacramento, ira y nerviosismo, miedo e incomprensión. Hay un momento de desorientación: “No puedo, Jesús” ¿Como culpar a Juan? La historia del Mesías no podía empezar de este modo: su misión, audaz pero tantas veces anunciada, era poner orden, hacer despertar del letargo, proclamar la muerte del pecado. Juan le había hecho la campaña electoral lo mejor que había podido: esperas y esperanzas, propósitos y amenazas, cambios, desplazamientos y futuro que conquistar. Y la gente le había creído, había confiado, le había apoyado en la calle.

Pero ahora Juan querría que la tierra lo engullese: les había asegurado un Rey, llegaba un pecador. “Eres tú quien tiene que lavarme a mí”. Intenta salvarse a los ojos de la gente. Parece un tira y afloja extenuante: parecen dos caballeros que uno al otro se dicen delante de una puerta: “Por favor, sea tan amable”. “¡Figúrese, le ruego! “No, por Dios, tenga la amabilidad”. “No, usted primero”. “Pase, de veras”. “No, nunca me lo perdonaría”. Sólo parece. Porque en el diálogo de aquellos dos hombres, eslabón entre los dos testamentos -antiguo y nuevo- no se advierte formalidad. “Juan, haz lo que te digo”. Dios ha de comenzar estando cerca de los hombres. Cerca de ellos: no por encima de ellos.

¿Y la gente qué dice? Pues se diría que desde entonces no ha habido mucha mejora: la gente espera. En la orilla del Jordán, en los atrios de las iglesias, en las oficinas del poder: espera. Que el Papa hable. Que el cura exponga. Que la Iglesia dicte. La gente quiere saber qué decir, qué hacer, si es bueno o malo, justo o equivocado, honesto o deshonesto. Quiere saber: pero no quiere orientaciones. Por una parte la nostalgia de la Luz, por la otra la fascinación por las tinieblas. Quiere a Dios: lo quiere hermoso y rubio, encerrado dentro de la sacristía, perfumado e iluminado. Después descubre que Dios no es así y “adiós, muy buenas”. Juan resuelve el problema: “No soy yo: he aquí al Esperado”. Allí en el agua, en la cola, sin ropa, dispuesto a hacerse bautizar. Imposible un Dios así. Claro: lo que molesta lo apartamos. También ellos, primos y amigos, ven el mundo de manera diversa. El hijo de Isabel hablaba de catástrofes, de tonos oscuros, de castigo divino. El hijo de María, bajo un montón de inmundicias advierte un imperceptible grito del corazón, una secreta aspiración. Tan secreta que quizás ni siquiera el hombre la adivina. Juan imaginaba el fin, Jesús presenta el inicio. El Bautista razonaba sobre el invierno, sobre la dureza, sobre el desierto. Jesús habla de primaveras, de ternuras, de abrazos. Muros que se desploman y cimientos que tiemblan para el Bautista, pálpito de vida bajo las ruinas para Jesús.


Este Hombre es increíble: se hace esperar, llega, revuelve la historia a su capricho. Su poderío consiste en estar privado de poder: desnudo, pobre, indefenso. El único soberano que ha llamado a sus súbditos de uno en uno, como una madre llama a sus hijos. ¿Entiendes por qué el mundo no podía escucharle? ¿No podía escucharle? ¡No, no quería! El mundo escucha sólo el ruido, el poder, las voces que quiere. O se las inventa si no existen. 

No se convirtió en grande porque reuniese a millones de fans alrededor suyo, o porque lo cubriesen de oros, inciensos y mirra, o porque aún lo veneren, lo adoren o blasfemen contra Él. No por nada del pasado. Sino porque aún hoy con su palabra desarma. Debilita. Desmoviliza. Y la gente calla. No era el silencio del desierto: había luz en aquel silencio. Juan se humilla, recoge un puñado de agua, repliega sus aprensiones en la mente y obedece. La cola se mueve, se retoma la procesión, el Misterio se vuelve más denso. El amigo con el que jugaba en las calles de Nazaret, crecido silenciosamente para ayudar a madurar, supera la orilla, baja entre las corrientes rápidas del Jordán y enmarcado en  la historia, resurge renacido. El cielo irrumpe, se rompe y quiebra, declara abiertas las profecías: “Tú eres mi Hijo Predilecto, en el que me he complacido”. El Bautista es el único que comprende la orientación de aquella voz: se estremeció, se heló, se le puso la piel de gallina. Advirtió estar en una historia que ya no era historia. Junto a un Dios que ya no era únicamente Dios, sino un Dios hecho hombre. Que no permanece lejos de los pecadores rehuyéndoles sino caminando entre ellos. Un Dios muy molesto para bautizar. 

Semana del 12 al 18 de enero

 Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: No habrá Misa.

Martes: Obligaciones de Hortensia Viera Piñeiro.

Miércoles: Domingo Vieira Dasilva.

Jueves: Domingo Vieira Dasilva.

Viernes: Domingo Vieira Dasilva.

Sábado: María del Carmen Camiña Dopazo. Domingo Vieira Dasilva.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 por José Luis García Dorado. Manuel Blanco Vidal. Francisco Fernández Méndez y esposa Margarita e hijo Celso. José Manuel Soutullo González y esposa Elvira.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Jueves: Juan Fontán y esposa Montse. Modesta Gómez, padres Arturo y Celia.

Sábado: A las 10:30 primer Aniversario de Luis Caneda Basdedios. A las 19:00 Misa por Gonzalo Martínez Martínez. Julio César y sus padres Albino y Carmen. Albino Crespo, padres y hermano. A todos los Santos, una devota. Carmen "do Novello" y difuntos de casa. Luz de Francisco y su hijo José Manuel Velón de Francisco. Jacinto González Caneda, de Rouxique.

Domingo: A las 10:30 por las Obligaciones del Celebrante. A las 11:30 Misa por la Parroquia.

domingo, 4 de enero de 2026

El verbo se hizo carne y acampo entre nosotros

 


Las lecturas de este día nos ayudan a profundizar la identidad de Jesús y nos invitan a vivir dejándonos guiar por la luz. Para profundizar la identidad de Jesús, se nos propone en el primer capítulo del evangelio de Juan, que, de forma poética y cargado de mística, nos presenta la Encarnación. El prólogo es una síntesis magistral de la Historia de la Salvación. El misterio de la Encarnación, nos pone frente a la acción de Dios, que asume nuestra humanidad vulnerable y la sana.

Todo gira en torno a la Palabra, el término griego que utiliza es Logos que traducimos como palabra o verbo. El Logos no es sólo la palabra oral, su significado es más amplio: es la palabra pensada, la idea que está detrás de la palabra, la inspiración, el plan, el sentido de las cosas. Teniendo en cuenta esto, no es difícil establecer la relación entre Palabra y Sabiduría. El fragmento del libro del Eclesiástico, que leemos en la primera lectura de este día, nos habla de esa Sabiduría. En los libros sapienciales la Sabiduría describe la actividad divina. ¿Dónde se da la semejanza entre Sabiduría y Palabra? En que ambas poseen el poder de cambiar, crear y transformar. Lo que Dios hacía al comienzo de la creación, toma ahora una nueva dimensión en la Encarnación.

Jesús asume la condición humana. Dios se hace ternura y compasión. Al mismo tiempo el himno de la carta a los Efesios nos recuerda la divinidad de Cristo: “Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.” (Ef 1,3-4)



La Navidad es un momento bueno para entrar profundizar en nuestra experiencia interior de Jesús verdadero Dios y verdadero hombre. Es tiempo de encontrar a Dios en los detalles de nuestra vida y de la creación.

En la Encarnación, Dios ha asumido nuestra naturaleza humana en la persona de Jesús. Dios entra en la vida humana haciéndose niño. Hace una opción difícil de entender para nuestra lógica: desde lo “débil” se hace “Buena Noticia”. De este modo humaniza nuestra humanidad a la hora de hacernos a imagen y semejanza de su Hijo: hombres nuevos.

El tiempo de Navidad es una nueva oportunidad para dejarnos iluminar, para renovar nuestro compromiso por la vida y nuestra búsqueda de sentido. Somos invitados a recrear nuestro mundo. ¡Ojalá la sepamos aprovechar!