domingo, 28 de enero de 2024

LLAMADOS A DISCERNIR Y A DECIDIR A QUIEN ESCUCHAR

 


Tanto en la antífona de entrada de este domingo IV “per annum” (Sálvanos, Señor Dios nuestro) como en la propia del domingo de Septuagésima que es la que corresponde en la forma extraordinaria (Circumdederunt me gémitus mortis) la liturgia de la Iglesia eleva un clamor a Dios necesitada en medio de los peligros y angustias del mundo. Clama a fin de que Dios sea su salvación.
 
Si cada domingo nos reunimos ante el Señor es porque buscamos la salvación. Y este nuestro grito de auxilio viene respondido así: “El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo, de entre sus hermanos. A él le escucharéis”. Así pues somos enviados de nuevo hacia la voz y la palabra de un hermano al que hemos de prestar obediencia.
 
No es fácil, es cierto, pero este es el engaño en el que caemos muchos de nosotros y que se traduce en ese estribillo tantas veces escuchado: “Dios sí, la Iglesia no”. Muletilla banal de la que aquella parte “comprometida” del pueblo de Dios toma distancia. Aun así nosotros no somos siempre dóciles a las palabras de los hermanos que se nos proponen en virtud de su ministerio. ¿Conseguimos escuchar con facilidad en su voz, a veces frágil, la mismísima voz de Dios? ¿Vemos en la persona de aquel sacerdote del que conocemos “vida y milagros” un reflejo de la presencia de Dios? “Un profeta igual a Mí” dice el Señor. Ese hermano es igual a Él. Y no sólo eso: pondré en su boca mis palabras y él os dirá lo que yo os mandaré. Si alguien no escucha las palabras que él dirá en mi nombre, le pediré cuentas” Así pues, la cuestión es seria, está en juego nuestra salvación, la que hemos implorado en la antífona de entrada.
 
Es innegable que cuesta mucho ver el Rostro Santo de Dios en las llagas de los rostros humanos tantas veces marcados por las limitaciones, la fragilidad, incluso por el pecado, pecado a menudo trágicamente evidente. Pero echemos un vistazo al Evangelio. Los israelitas piadosos de Cafarnaún estaban asombrados al escuchar la enseñanza de Jesús en la sinagoga, asombro que muda en miedo después del milagro de la curación del endemoniado. En sus contemporáneos existe una dificultad para descubrir en el rostro de Jesús la el Rostro Santo de Dios. Dificultad muy a menudo expresada en los evangelios. (¿De dónde le viene esta sabiduría y estos prodigios? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No es su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Y sus hermanas no están acaso entre nosotros? ¿De dónde le vienen pues estas cosas? 
 

Lo dice muy bien San Francisco de Asís en una exhortación a sus hermanos: “Dios es espíritu, y nadie jamás ha visto a Dios. Por esa razón sólo puede ser visto en el Espíritu, pues es el Espíritu el que da la vida; la carne no sirve para nada. Pero incluso el Hijo, en aquello en lo que es igual al Padre, no es visto por nadie de manera diversa a como se contempla al Padre o como se ve el Espíritu Santo” (
Admonitio 5b-7). Si razonamos en términos puramente humanos, horizontales, según valoraciones puramente racionales y lógicas, según la lógica del mundo, no seremos capaces de ver “más allá”: aquel más allá que únicamente en el Espíritu puede ser acogido y que necesita un acto de fe, justamente porque no puede ser explicado según una lógica terrena, carnal diría San Francisco, donde “carnal” significa todo lo que se opone al Espíritu.
 
Quizás podamos entender el sentido de este discurso a partir de la 2ª lectura de hoy, donde San Pablo compara la lógica del mundo y la del Señor. No se trata de etiquetar al matrimonio como de una realidad contrapuesta al Espíritu del Señor, sino más bien hacer comprender que la vida matrimonial tiene aspectos que pueden provenir de la mundanidad y distraernos de la búsqueda sólo de Dios. Quien en cambio escoge el camino de la castidad tiene cómo única preocupación el complacer a Dios. Repito: el matrimonio es bueno pero hay que establecer una justa escala de prioridades en las opciones de vida, privilegiando aquello que nos consiente permanecer fieles al Señor, sin desviaciones. Y en el matrimonio entra en juego un componente carnal, absolutamente necesario, que no es fácil someter a la ley del Espíritu, aquel Espíritu que da la vida. Esta lucha acompaña al cristiano durante toda su vida: el pensamiento del mundo y el pensamiento de Dios, la mirada de fe y la mirada terrena, la voz del Espíritu y la voz de la carne. Continuamente somos llamados a discernir y posteriormente a decidir a quién escuchar. Y no es fácil, reitero, porque la carne hace de diafragma y puede crear interferencias.
 
Lo demuestra el mismo evangelio de hoy, en la reacción del espíritu inmundo a la palabra de Jesús. Frente a la enseñanza autorizada de Jesús, mientras los judíos enmudecen de asombro y buscan poder comprender, el espíritu inmundo no puede dominar un desesperado, desde su punto de vista, acto de fe: “Sé quién eres Tú: el Santo de Dios”. Y para él ello implica ruina y derrota. El espíritu inmundo es espíritu y por ello puede captar nítidamente y con inmediatez lo que a nosotros nos cuesta reconocer, limitados como seres carnales que somos y empujados a una lucha interior en vistas a un discernimiento a veces muy difícil.

De la misma manera, tal como narran los exorcistas, los espíritus inmundos tiemblan y se someten ante los ministros de Dios, justamente ante aquellos ante los que muchas veces adoptamos una perpleja actitud de incredulidad, porque son hombres y frágiles como nosotros. Nosotros vemos la fragilidad de la carne, el demonio ve la gracia del Espíritu.
 

Resulta curioso pues que el espíritu del mal, una vez más obligado a servir al diseño de Dios, hoy nos hace de maestro de fe y nos enseña la escucha y la sumisión ante aquellos que Dios ha escogido en medio a su pueblo como sus profetas.
 
En este domingo de Septuagésima, en la forma extraordinaria del rito romano, la figura del invicto mártir San Lorenzo, ecónomo de la Iglesia de Roma, parece ser el reflejo del “atleta de la fe” del que nos habla la epístola (I Co 9,24-27/ I Co 10,1-5) que a través del sufrimiento y la lucha gana la corona eterna, simbolizada en el talento que será dado como recompensa a los trabajadores de su mística viña. (Mat. 20,1-16) 

Semana del 29 de enero al 4 de febrero.

 


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: No habrá Misa.

Martes: A Santa Lucía y a San Benito a intención de Mucha de Touriño.

Miércoles: Por los participantes.

Jueves: No habrá Misa.

Viernes: Fiesta de la presentación en el templo. La Candelaria. Bendición de las candelas. Misa por las intenciones de la Parroquia.

Sábado: A las 11:30 primer Aniversario de Jesús Méndez Becerra. A las 20:00 por Alicia Melón Oubiña, Mercedes Oubiña Romay, Luis Gondar Cousido y difuntos de la familia.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 por las obligaciones del Celebrante.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Viernes: Fiesta de la presentación del Señor. La Candelaria. Misa Solemne a las 13:00. Misa a las 19:00. En ambas Misas se bendicen las Candelas.

Sábado: Por Pepe Troncoso Poceiro, Carmen Troncoso Poceiro, fallecida en Uruguay y esposo Modesto; José Antonio Crespo González, padres y hermanos; José Casal Méndez y sus padres.

Domingo: Primera a las 10:30 por Alfredo Lores Lores, de Piñeiros e hija María Esther. Segunda a las 11:30 por la Parroquia.

domingo, 21 de enero de 2024

Un hijo más para el Reino

 


El relato del evangelio de San Marcos en este domingo describe el efecto inmediato del bautismo y de haber superado acto seguido, en el desierto, las tentaciones. Ese es el trasfondo tácito.  Revestido del mandato del Padre y lleno del Espíritu Santo, Jesús partió hacia el desierto para aclararse, obviamente en su naturaleza humana, sobre cómo realizar su misión salvífica. Razón por la cual no usó el poder por sí mismo, no forzó a Dios abusando de su amor y no utilizó el poder para aplastar a los hombres. 
 
La escena evangélica de este 3º domingo “per annum” plasma el primer movimiento de Jesús, que es quizás el más importante y la síntesis de todo el Evangelio. El evangelista nos recuerda que Juan Bautista, el precursor, fue arrestado por el hecho de señalar a Jesús como Mesías, precediéndolo con su muerte para subrayar el camino del Justo que sufre injustamente. Ahora le toca a Jesús, que parte de Betania con dirección a Galilea (para entendernos, desde el este del río Jordán, cerca del Mar Muerto, hasta el norte del país) encarnando el anuncio de la salvación de Dios que se inicia por los últimos: esa es la Buena Noticia.
 
Por esta razón ya no estamos con Jonás, que amenaza con la destrucción de Nínive después de tres días de paciencia de Dios. Esta vez lo que está en juego es mucho más: la salvación que Dios ha preparado al hombre desde toda la eternidad, desde el día del fruto prohibido en el jardín del Edén, cuando anunció a Eva que el fruto de su descendencia un día aplastaría la cabeza de la serpiente. ¿Recordamos?
 
Jesucristo desenmascara definitivamente la mentira y nos dice que el tiempo de espera ha concluido: Dios ha decidido que los hombres están preparados para recibir el don de la vida.
 
El Reino de Dios, la comunión de vida con Dios, la felicidad, la vida plena y definitiva, todo esto ha sido puesto a disposición del hombre, ahora corresponde al hombre el ver, reconocer y aceptar este don. VER, es decir convertirse, que es la palabra latina que literalmente traduce la griega metanoia (mirar más allá) es decir comprender el verdadero sentido de las cosas más allá de las apariencias. Es posible pues ver porque hay algo o Alguno. Una sugerencia preciosa, que no es mía sino de toda la tradición cristiana: cogeos un cuarto de hora y en un cuaderno escribid todas las veces que habéis hecho experiencia directa de Dios, que habéis tocado con la mano su misericordia y su providencia. Esto es lo que se entiende por hacer memoria, no malograr ni derrochar la gracia de Dios. Después dad gracias por ello. Pregunta: ¿Dios está cerca de nosotros incluso cuando tenemos problemas? Claro que sí. Y especialmente porque tenemos problemas, gracias a esos problemas hemos podido reconocer que solos no lo hubiéramos conseguido y que en vez de vernos abandonados (la mentira de la serpiente) hemos descubierto que Él estaba allí dispuesto a salvarnos.
 
Esto es lo que significa RECONOCER, partiendo de los dones hechos, pasando por la mano que nos los ha procurado hasta el propietario de aquella mano. Reconoce así que te quiere como un padre, que no te ha dicho siempre que sí (como un padre) sino que cada cosa que te ha hecho te ha permitido de convertirte en una persona nueva, un hijo de Dios.
 
ACEPTAR entonces es, como los primeros discípulos, partir dejándolo todo, comprendiendo que la vida de antes ha acabado y que el pecado es cómo la sopa recalentada.


Este es el cambio que hizo la gente de Nínive, todos ellos paganos, tomándoselo en serio todos, desde el rey hasta los niños, vistiéndose de saco. Es el cambio que Pablo intenta explicar a los primeros cristianos animándoles a vivir cada aspecto de la existencia a partir de la experiencia que habían hecho de Jesús. Entonces se descubre, se entiende aquello de “pasa la escena de este mundo”: pasa la belleza, incluso con la cirugía estética. Más se niega más uno se esclaviza; pasa el dinero, pensemos en la crisis, en cuán poco tiempo ha hundido tantas cosas; pasa el poder (¡como es instructiva una mirada a los poderosos!). Pasan los farsantes, permanece aquello que no es banal, lo que tiene el sabor de Dios. Podemos aturdirnos, mentirnos a nosotros mismos, gritar nuestros argumentos para hacerlos parecer más verdaderos, pero en realidad sabemos cómo están las cosas.

Y he aquí que Jesús hoy pasa por nuestra orilla y nos llama: “Ven conmigo”. Significa: mira, escucha, aprende: aprende a estar con Dios, a coger aire puro y oxigenar tus pulmones cansados. Acoge su amor y aprende de Él cómo reconocer todo lo bueno que hay por ahí y darlo a conocer. Aprende también cómo hay que enfrentarse al mal, al pecado, a la fealdad que llevamos dentro en una esquina del alma y con la que antes o después tendremos que encararnos. Mira de qué manera lo hace Él y puedes ya ponerte en marcha.
 
Nuestro mundo tiene necesidad de profetas, no de charlatanes, sino de personas que hayan vivido en su carne lo que significa ser salvados por Dios y poder guiar a los hermanos, como guías alpinos, hacia los senderos de Dios.
 
Nuestra fe es una vocación: alguien que llama y otro que responde. Sería muy triste que fuese católico únicamente porque he nacido culturalmente en estas latitudes. Necesitamos tener una fe verdadera, consciente y coherente. Escuchemos la voz de Jesús hoy en el evangelio y cuando responderemos “gloria y honor a ti, Señor Jesús” querrá decir que estás diciendo “sí” a esta llamada. Entonces el reino de Dios tendrá un hijo más.

¡Qué hermosa la confesión de fe del leproso en el evangelio (Mt.8, 1-13) de la Forma extraordinaria de este 3º domingo después de la Epifanía: Señor, si quieres puedes limpiarme! Seguida de la del centurión que pide la sanación de su criado: Señor, no soy digno de que entrés en mi morada, más di una sola palabra y quedará sano” Esa es la actitud de fe. Eso es confiar y fiarse del Señor.

Semana del 22 al 28 de enero.

 

Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas

Lunes: Obligaciones del Celebrante.

Martes: Por las vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras. Por la unidad de las iglesias cristianas.

Miércoles: Por Pilar Durán, esposo José Dopazo y José Ramón García.

Jueves: Fiesta de la Conversión del apóstol San Pablo. Misa por la Santificación y Conversión de la Parroquia. Finaliza el octavario de oración por la unidad de los cristianos. Acto ecuménico a las 11:00 en la capilla de San Roque de O Grove.

Viernes: Por Divina Dopazo Cacabelos.

Sábado: A las 11:30 primer Aniversario de Néstor Moldes Limeres. A las 20:00 Misa por María de Carmen Domínguez Seijas, Rafael Besada Limeres; José Touriño, esposa y difuntos de la familia.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 por Etelvino Dopazo Lores y Javier Afonso Camiña y abuelos. Marcelina Domínguez Varela y difuntos de la familia.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Jueves: Por Pastora Otero Carballa.

Sábado: A las 10:30 primer Aniversario de Esperanza Salgueiro Castro. A las 19:00 Misa por María Lourdes García Lázaro y esposo Manuel; Juan García Tacón; José Garrido Caneda y difuntos de la familia; Fernando Martínez Méndez y difuntos de la familia; Servando Cacabelos Domínguez; José Vidal Prieto, Manuel Lamelas Torres, Elisa Torres Tacón.

Domingo: Primera a las 10:30 a las Ánimas, un devoto; María Padín Caneda, da Salgueira. Segunda a las 11:30 por la Parroquia.

domingo, 14 de enero de 2024

Las cuatro de la tarde

 

  
¿Quién de nosotros, especialmente los más “vejetes”, no tiene un año, un día, una hora para recordar, ligada a un momento central de la propia vida? Hay hechos -y quiero subrayarlo pensando en los más jóvenes- que no se borrarán de nuestro corazón, acontecimientos que en cierta manera han cambiado nuestra vida, trastornado nuestras existencias. Hechos que no queremos olvidar, sobre los que nos gusta volver con la memoria y el pensamiento, acontecimientos que forman el armazón concreto de nuestra existencia y que a veces -al menos así me pasa a mí- nos hacen preguntarnos cuántas cosas nos habríamos perdido si no hubiesen tenido lugar. 
Estos recuerdos están como cristalizados en nuestra mente, vivos y llenos de color como si hubiesen acaecido hace pocos días, aunque hayan pasado décadas. Somos capaces de recordar cómo íbamos vestidos; la luz y la atmósfera del día y el lugar los tenemos tan presentes que hasta la hora, el minuto y el segundo se convierten en fundamentales e imborrables.
 

"Venid y lo veréis" 
 
Leyendo y releyendo el fragmento del evangelio de este domingo II del tiempo ordinario, en la página siempre destaca aquel “eran casi las cuatro de la tarde”. Una hora insólita, quizás banal, pero que se convierte en una hora importante, fundamental en la viva memoria de la salvación, del anuncio evangélico, de un nombre nuevo que nos viene dado por un Maestro que viene a enseñarnos la gran alegría a la que somos llamados.

Así pues, aquellas “cuatro de la tarde” pueden ser consideradas como se leía la hora en el tiempo de Jesús: la hora décima, numero del cumplimiento, del paso definitivo: una hora deseada, buscada, la hora en la que se vuelve a casa tras el trabajo, y nos preparamos para “considerar” (con-siderare estar con las estrellas), para escrutar con el cielo el significado de nuestra vida. 
 
Jesús es un maestro raro. Aquellos que lo encuentran no desean acaparar su benevolencia y su persona llevándolo bajo el propio techo -aunque sabemos que poco tiempo después se hospedará en casa de Pedro-, sino que al seguirlo desean ver cuál es su casa, reconociendo implícitamente que es más importante donde Él vive que donde vivo yo, que donde vive cualquier hombre. Es por esa razón que estar con Él quiere decir poner entre paréntesis la propia vida, suspender el propio juicio, los propios sueños y sentarse a escuchar. Escucharle a Él, admitiendo que sabe más que tú, llamándole Maestro, reflejándote en sus palabras y en su vida. Mirar la vida y todo aquello que hasta entonces considerabas el “todo”, sólo como base de partida y no como meta; porque en el fondo todo hombre, aunque espera con ansia un Mesías, no se acaba de creer que éste llega de veras. Porque si llega, tú hombre de la cómoda espera, podrías estar obligado a dejar todas las seguridades que con esfuerzo te habías construido, e incluso reconsiderar toda tu persona, y hasta cambiar de nombre.
 
 
En este periodo ordinario de nuestro vivir litúrgico, dejando hablar únicamente a Jesús Maestro, quiero desearme a mí mismo y a todos los hermanos en Cristo, a mi comunidad, a los amigos y enemigos, a todos sin distinción: que nadie pueda volver a su casa. Que una alfombra, aunque sea un poco incómoda, nos ayude a sentarnos a los pies de nuestro único maestro. Que el Maestro nos rompa los tímpanos y nos haga sangrar los pies. Que el Maestro pueda cambiar nuestros nombres y revelarnos nuestra misión. Que este año pueda hacer sonar nuestra hora definitiva, aquella hora décima que llena de gozo a toda persona que espera al Mesías, que anhela la salvación. La alegría de poder estar con Él, en su casa, nos pueda hacer olvidar nuestras seguridades, nuestros proyectos humanos, nuestras llanuras cotidianas; y que nuestro nuevo nombre, que sólo Él conoce y nos revelará, pueda ser nuestro mayor consuelo porque será el nombre con el que nos llamará en su Casa, no la demora de paso sino la verdadera, aquella estancia que Él ha ido a prepararnos para estar siempre juntos.
 
Y esforzándonos en vivir los consejos que San Pablo nos da en la epístola a los Romanos (12,6-16) leída hoy en la Forma extraordinaria. Teniendo pues un mismo sentir los unos para con los otros (…) atraídos por lo humilde. Que el Señor consiga llenar las tinajas vacías de nuestra pobre existencia con ese buen vino que Él ha reservado hasta ahora para nosotros.

Semana del 15 al 21 de enero.

 


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: A Santa Lucía, un devoto.

Martes: Por Manuel Lastres Seijas y Herminia Arosa Fernández. Antonio Gondar Cornes y María Isabel Moldes Conde.

Miércoles: A Santa Lucía, un devoto.

Jueves: Por José Méndez Torres.

Viernes: Por Lolita Soutullo Limeres, madre María Esther y difuntos de la familia.

Sábado: Por Feliciano Blanco Vidal; Carmen Radío Dadín y esposo Juan Poceiro Torres.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 por Francisco Fernández Méndez, esposa Margarita e hijo.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Martes: Por Montserrat Gómez y esposo Juan.

Sábado: A las 10:30 primer Aniversario de Peregrina Vilar Moldes. A las 19:00 Misa por Julio César Estévez Dadín y sus padres Nuco y Carmen. María Luisa González Fernández; Elisa do Reiniño.

Domingo: Primera a las 10:30 por Manuel Salgueiro Álvarez y difuntos de la familia; Juan Fernández Silva, das Pedreiras; Daniel Múñiz Pérez. Segunda a las 11:30 por la Parroquia.

domingo, 7 de enero de 2024

Llamado por el padre en la humildad.

 


Para todo paso en la vida, por pequeño o grande que este sea, hay un primer día. Hay el primer día de escuela, el primero en la Universidad, el primer día en el trabajo, el primer amor (la primera parroquia, que para los sacerdotes es como la primera novia) la primera noche de bodas, la primera misa, la primera confesión… En cada uno de estos momentos de iniciación a una nueva vida, nos descubrimos pequeños y un poco temblorosos ante la grandeza del paso que vamos a realizar. Un desafío que cada vez sobrepasa nuestra capacidad de control sobre las situaciones y los acontecimientos que el futuro nos reserva. Un desafío que saca a la luz y hace emerger las partes más profundas de nosotros mismos, quizás jamás conocidas. Por esta razón cada vez nos hace sentir inseguros, porque nos hace sentir pequeños.

El Bautismo es el primer día de la misión de Jesús, el primer paso en esta nueva vida, lejos de Nazaret, la pequeña ciudad donde había crecido y vivido hasta aquel momento. También para Jesús este primer paso fue una experiencia de pequeñez y de humildad: ninguna procesión, ninguna banda de música, ninguna aclamación. Solo una gran cola de pecadores, al final de la cual se coloca pacientemente el mismo Jesús, hasta que le toque su turno. No es Jesús el que se construye su iniciación, es el Padre que lo llama, en la humildad.
 
 
Hoy recordamos todos los bautismos del año: tener un hijo corresponde a esta experiencia de iniciación que Jesús ha vivido en el Bautismo. Cuando el hijo aparece con arrogancia, modificando los ritmos del día y de la noche y la relación de pareja, se descubre inesperadamente qué quiere decir la responsabilidad frente a una criatura que pide ser escuchada y servida. Ser padres y madres, colaborar al maravilloso proyecto de Dios sobre las criaturas que no son nuestras: esta es la gran vocación a la que Dios llama a vosotros padres, de la misma manera que ha llamado a Jesús en el Bautismo.
 
Dios, además de llamar a Jesús en el Bautismo, también se ha revelado en Él en este pasaje fundamental de su vida. Se ha revelado como un Padre que da todo su amor a su Hijo, el don del Espíritu Santo, y se complace en Él, escogiéndole para llevar a cumplimiento su proyecto de amor y de gloria para todo el género humano. De la misma manera que en la familia humana, Dios se revela como una familia, capaz de acoger al otro, de hacerle crecer en su singularidad, en su unicidad, gracias al proyecto único y extraordinario que el Padre tiene para todo hombre, desde el primer instante de su concepción.
 
 
La fe no es una convención, una superestructura social, una ideología alejada de la vida: tiene que ver con el misterio más profundo de la vida humana, lo que nos convierte en padres e hijos, lo que nos hace gustar el amor y a veces tener que encajar el sufrimiento, lo que nos empuja a gastar la vida non por una idea abstracta, sino por las personas concretas a las que amamos. La experiencia de la fe es muy cercana a la percepción del don, a cuando nace un hijo, todo lo contrario de la lógica mecanicista de hoy en día, que desearía producir un hijo según el capricho de los padres.
 
Pero todo niño, desde el primer instante de la concepción, es persona, portadora del derecho de ser y convertirse cada vez en sí mismo, según la llamada de Dios. Recemos para que cada uno de estos niños pueda crecer en una familia que lo ayude a cultivar sus talentos, a descubrirse a sí mismo, a encontrar su felicidad.