domingo, 17 de enero de 2021

Las cuatro de la tarde

 


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¿Quién de nosotros, especialmente los más “vejetes”, no tiene un año, un día, una hora para recordar, ligada a un momento central de la propia vida? Hay hechos -y quiero subrayarlo pensando en los más jóvenes- que no se borrarán de nuestro corazón, acontecimientos que en cierta manera han cambiado nuestra vida, trastornado nuestras existencias. Hechos que no queremos olvidar, sobre los que nos gusta volver con la memoria y el pensamiento, acontecimientos que forman el armazón concreto de nuestra existencia y que a veces -al menos así me pasa a mí- nos hacen preguntarnos cuántas cosas nos habríamos perdido si no hubiesen tenido lugar. 

Estos recuerdos están como cristalizados en nuestra mente, vivos y llenos de color como si hubiesen acaecido hace pocos días, aunque hayan pasado décadas. Somos capaces de recordar cómo íbamos vestidos; la luz y la atmósfera del día y el lugar los tenemos tan presentes que hasta la hora, el minuto y el segundo se convierten en fundamentales e imborrables.

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“Venid y lo veréis”

Leyendo y releyendo el fragmento del evangelio de este domingo II del tiempo ordinario, en la página siempre destaca aquel “eran casi las cuatro de la tarde”. Una hora insólita, quizás banal, pero que se convierte en una hora importante, fundamental en la viva memoria de la salvación, del anuncio evangélico, de un nombre nuevo que nos viene dado por un Maestro que viene a enseñarnos la gran alegría a la que somos llamados.

Así pues, aquellas “cuatro de la tarde” pueden ser consideradas como se leía la hora en el tiempo de Jesús: la hora décima, numero del cumplimiento, del paso definitivo: una hora deseada, buscada, la hora en la que se vuelve a casa tras el trabajo, y nos preparamos para “considerar” (con-siderare estar con las estrellas), para escrutar con el cielo el significado de nuestra vida. 

 

Jesús es un maestro raro. Aquellos que lo encuentran no desean acaparar su benevolencia y su persona llevándolo bajo el propio techo -aunque sabemos que poco tiempo después se hospedará en casa de Pedro-, sino que al seguirlo desean ver cuál es su casa, reconociendo implícitamente que es más importante donde Él vive que donde vivo yo, que donde vive cualquier hombre. Es por esa razón que estar con Él quiere decir poner entre paréntesis la propia vida, suspender el propio juicio, los propios sueños y sentarse a escuchar. Escucharle a Él, admitiendo que sabe más que tú, llamándole Maestro, reflejándote en sus palabras y en su vida. Mirar la vida y todo aquello que hasta entonces considerabas el “todo”, sólo como base de partida y no como meta; porque en el fondo todo hombre, aunque espera con ansia un Mesías, no se acaba de creer que éste llega de veras. Porque si llega, tú hombre de la cómoda espera, podrías estar obligado a dejar todas las seguridades que con esfuerzo te habías construido, e incluso reconsiderar toda tu persona, y hasta cambiar de nombre.

 

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En este periodo ordinario de nuestro vivir litúrgico, dejando hablar únicamente a Jesús Maestro, quiero desearme a mí mismo y a todos los hermanos en Cristo, a mi comunidad, a los amigos y enemigos, a todos sin distinción: que nadie pueda volver a su casa. Que una alfombra, aunque sea un poco incómoda, nos ayude a sentarnos a los pies de nuestro único maestro. Que el Maestro nos rompa los tímpanos y nos haga sangrar los pies. Que el Maestro pueda cambiar nuestros nombres y revelarnos nuestra misión. Que este año pueda hacer sonar nuestra hora definitiva, aquella hora décima que llena de gozo a toda persona que espera al Mesías, que anhela la salvación. La alegría de poder estar con Él, en su casa, nos pueda hacer olvidar nuestras seguridades, nuestros proyectos humanos, nuestras llanuras cotidianas; y que nuestro nuevo nombre, que sólo Él conoce y nos revelará, pueda ser nuestro mayor consuelo porque será el nombre con el que nos llamará en su Casa, no la demora de paso sino la verdadera, aquella estancia que Él ha ido a prepararnos para estar siempre juntos.

 

Y esforzándonos en vivir los consejos que San Pablo nos da en la epístola a los Romanos (12,6-16) leída hoy en la Forma extraordinaria. Teniendo pues un mismo sentir los unos para con los otros (…) atraídos por lo humilde. Que el Señor consiga llenar las tinajas vacías de nuestra pobre existencia con ese buen vino que Él ha reservado hasta ahora para nosotros.

 

Mn. Francesc M. Espinar Comas

Semana del 18 al 24 de enero.

 


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: Por Herminia Arosa Fernández y esposo Manuel Lastres Seijas.

Martes: Por la unidad de los cristianos.

Miércoles: Pidiendo la liberación de la Pandemia del Coronavirus. Por D. Antonio Fernández Rodríguez.

Jueves: Por las vocaciones sacerdotales y religiosas y por D. Antonio Fernández Rodríguez.

Viernes: Por las obligaciones del celebrante y D. Antonio Fernández Rodríguez.

Sábado: Por Carmen Radío Dadín y esposo Juan Poceiro Torres; Antonio Arosa Iglesias.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 por las obligaciones del Celebrante.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Martes: Por Juan Fontán Camiña.

Sábado: A las 10:30 primer Aniversario de María Victoria Caneda Rey, da Costiña. A las 11:30 primer Aniversario de Carmen Padín Míguez, de Dadín-Pedreiras. A las 20:00 Misa por Francisco Manuel Domínguez Freire; Tito Torres Otero.

Domingo: Misa a las 11:00 por Juan Fernández Silva, Manuel Castro Blanco, Carmen Elisa Torres Otero, de Rouxique.

domingo, 10 de enero de 2021

Llamado por el Padre, en la humildad

 


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Para todo paso en la vida, por pequeño o grande que este sea, hay un primer día. Hay el primer día de escuela, el primero en la Universidad, el primer día en el trabajo, el primer amor (la primera parroquia, que para los sacerdotes es como la primera novia) la primera noche de bodas, la primera misa, la primera confesión… En cada uno de estos momentos de iniciación a una nueva vida, nos descubrimos pequeños y un poco temblorosos ante la grandeza del paso que vamos a realizar. Un desafío que cada vez sobrepasa nuestra capacidad de control sobre las situaciones y los acontecimientos que el futuro nos reserva. Un desafío que saca a la luz y hace emerger las partes más profundas de nosotros mismos, quizás jamás conocidas. Por esta razón cada vez nos hace sentir inseguros, porque nos hace sentir pequeños.

El Bautismo es el primer día de la misión de Jesús, el primer paso en esta nueva vida, lejos de Nazaret, la pequeña ciudad donde había crecido y vivido hasta aquel momento. También para Jesús este primer paso fue una experiencia de pequeñez y de humildad: ninguna procesión, ninguna banda de música, ninguna aclamación. Solo una gran cola de pecadores, al final de la cual se coloca pacientemente el mismo Jesús, hasta que le toque su turno. No es Jesús el que se construye su iniciación, es el Padre que lo llama, en la humildad.

C:\Users\FRANSESC\Desktop\untNINET.pngHoy recordamos todos los bautismos del año: tener un hijo corresponde a esta experiencia de iniciación que Jesús ha vivido en el Bautismo. Cuando el hijo aparece con arrogancia, modificando los ritmos del día y de la noche y la relación de pareja, se descubre inesperadamente qué quiere decir la responsabilidad frente a una criatura que pide ser escuchada y servida. Ser padres y madres, colaborar al maravilloso proyecto de Dios sobre las criaturas que no son nuestras: esta es la gran vocación a la que Dios llama a vosotros padres, de la misma manera que ha llamado a Jesús en el Bautismo.

 

Dios, además de llamar a Jesús en el Bautismo, también se ha revelado en Él en este pasaje fundamental de su vida. Se ha revelado como un Padre que da todo su amor a su Hijo, el don del Espíritu Santo, y se complace en Él, escogiéndole para llevar a cumplimiento su proyecto de amor y de gloria para todo el género humano. De la misma manera que en la familia humana, Dios se revela como una familia, capaz de acoger al otro, de hacerle crecer en su singularidad, en su unicidad, gracias al proyecto único y extraordinario que el Padre tiene para todo hombre, desde el primer instante de su concepción.

 

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La fe no es una convención, una superestructura social, una ideología alejada de la vida: tiene que ver con el misterio más profundo de la vida humana, lo que nos convierte en padres e hijos, lo que nos hace gustar el amor y a veces tener que encajar el sufrimiento, lo que nos empuja a gastar la vida non por una idea abstracta, sino por las personas concretas a las que amamos. La experiencia de la fe es muy cercana a la percepción del don, a cuando nace un hijo, todo lo contrario de la lógica mecanicista de hoy en día, que desearía producir un hijo según el capricho de los padres.

 

Pero todo niño, desde el primer instante de la concepción, es persona, portadora del derecho de ser y convertirse cada vez en sí mismo, según la llamada de Dios. Recemos para que cada uno de estos niños pueda crecer en una familia que lo ayude a cultivar sus talentos, a descubrirse a sí mismo, a encontrar su felicidad. 

 

Mn. Francesc M. Espinar Comas

Semana del 11 al 17 de enero.

 


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: Por las vocaciones sacerdotales y religiosas.

Martes: No habrá Misa.

Miércoles: Por Lolita Soutullo Limeres.

Jueves: Por los difuntos de la Parroquia fallecidos en 2020.

Viernes: Por Antonio Romero Lorenzo y difuntos de la familia.

Sábado: Por Obdulia Méndez Meis y esposo; Eladio Pombo Vidal; Francisco Fernández Méndez, esposa Margarita e hijo Celso; María Luisa Limeres Dovalo, esposo y yerno J. Manuel.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 por las obligaciones del Celebrante.

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Martes: Por Manuel Fernández Fernández

Jueves: A las 18:00 primer Aniversario de María del Carmen Padín Garrido.

Sábado: A las 11:30 primer Aniversario de José Fernández Afonso. A las 19:00 Misa por todos los difuntos de la Parroquia fallecidos en 2020.

Domingo: Misa a las 11:00 por María Esther Troncoso Poceiro, Edelmiro Otero Méndez y esposa Carmen, da Arnosa, José Rey Otero, de Gondar.

domingo, 3 de enero de 2021

Finalmente se hizo carne y habitó entre nosotros

 


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Por fin escogió la carne que era el punto de mayor distancia del cielo: "El Verbo se hizo carne" (Jn 1, 14). No fue por grosera provocación, sino por la más íntima de las afinidades: elegir lo que era débil para confundir a los fuertes, casarse con lo distante para hacerlo sentir cerca, hundirse en el hombre para que el Cielo penetre en la tierra. Era lo inaudito de Belén, la casa del pan y la carne de Dios. Pan y carne, pan y pescado, pan y agua: siempre habrá pan disponible para aquellos que, llenos de todo, sentirán en sus corazones el hambre y la sed de lo esencial: "En él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres" (1:4). Lo absurdo sucederá, como al principio sucedió lo inaudito: sucederá que los hombres en la luz prefieren la oscuridad. Siempre hay alguien que confunde el sol con un punto amarillo: los Evangelios dan cuenta de ello.  Lo calculan y anticipan sus consecuencias: "A los que le han acogido, sin embargo, les ha dado poder para llegar a ser hijos de Dios" (1:12). 

 

Se hizo carne: nada más y nadie más puede atreverse a superarle. En la carne escondía la fiesta de los sentidos: escuchar esa carne será escucharle a Él. Y escucharlo va a ser una fiesta. La fiesta de los ojos, de "lo que hemos visto con nuestros propios ojos" (1 Jn 1, 1). Era el sueño de Moisés, que un día no se detuvo y dio voz a ese deseo: "¡Por favor, déjame ver tu gloria!". Obtuvo una negación seca, aunque con una declaración en el fondo: "No puedes ver mi rostro, porque el hombre no puede verme y vivir" (Ex 33:18-20). Aunque de origen divino, que no impidió que el hombre cultivara hasta el extremo una nostalgia malvada y nunca ocultada por Su mirada: "Mis ojos siempre se vuelven hacia el Señor" (Sal. 25:15). Lo que Moisés no pudo, apareció por sorpresa a sus descendientes al menos de oficio, también pastores: "Vamos (...) veamos este acontecimiento' (Lc 2, 15). Lo vieron y se maravillaron. Creyeron.

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Se convirtió en la fiesta de los oídos, de "lo que hemos oído" (1 Jn 1, 1). A aquellos que confían en la escucha, verán que sus vidas cambian. Ver como una noche infructuosa de pesca se convirtió en una copiosa mañana de peces. El secreto -incluso para los pescadores de arte y de mar- será escuchar la dirección en la que lanza esa voz: siempre en el lado derecho, lo que siempre parece el mayor sin sentido. Del que está a favor de reírse de la gente por detrás, sentado en la orilla. Las redes, sin embargo, seguirán la palabra: 'Arrojaré las redes por tu palabra' (Lc 5, 5). La palabra, por su parte, acreditará exactamente lo que había oído: "Lo hicieron y tomaron una gran cantidad de peces y sus redes casi se rompieron" (5:6). 

 

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Que es entonces la fiesta del tacto: "lo que contemplamos y que nuestras manos tocaron la Palabra de vida" (1 Jn 1, 1). Del Dios que hace contacto: intimidad, tacto, retoque, canto. Siempre tocará la Divinidad: serán alegrías y problemas a intervalos más o menos regulares. Golpes y ánimos: su toque hará que las montañas se hundan a medida que los valles se ensalcen, cierren y abran la boca, construyan y pongan sus manos de nuevo sobre sus edificios para restaurarlos. Cubrirá valles de huesos cosiéndolos sobre la carne, arrancará de las garras del león la vida mientras acaricia los ojos cegados hasta el extremo. Con las manos en la masa: un Dios artesano y alfarero, constructor y obrero, pescador y carpintero. Con las manos de padre, de madre y de Dios. Preferiblemente eligió artesanías al aire libre: aquellas que, por medio de toques y empujones, dejan ver callosidades, deforman sus dedos, ennegrecen sus uñas. Un Dios conmovedor: conmovedor y emocionante. Lo crucificarán un día.  Responderá a su manera, resucitando: la fiesta del gusto y el olfato. Memoria y placer. De lo que hasta entonces era una locura sólo por pensar en ello. De lo que quedó, a salvo del rechazo: "La luz brilla en tinieblas, y la oscuridad no la ha ganado" (Jn 1, 5). 

 

Incluso hoy en el mundo hay alguno que cuando se  lo cruza, lo deja pasar: el mundo entero se detiene cuando se encuentra con un hombre que sabe a dónde ir. Por esta razón algunos siempre le dan preferencia: ciertamente no por modestia o buena educación. Simplemente por miedo: miedo a tener que lidiar con su Luz.


Mn. Francesc M. Espinar Comas

Semana del 4 al 10 de enero.

 


Dena

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 20:00 horas.

Lunes: No habrá Misa

Martes: Por Luisa Padín Cacabelos y esposo

Miércoles: Epifanía del Señor. Misa a las 9:00 por las obligaciones del celebrante. Misa a las 12:30 por las obligaciones del Celebrante.

Jueves: Por Carmen Portela Lobato, esposo Manuel e hijo Manuel.

Viernes: A las Animas a intención del cepillo de Ánimas.

Sábado: Por Antonio Insua Camaño, Dolores Camiña Torres, Lolo Dozo Castro.

Domingo: Primera a las 9:00 por la Parroquia. Segunda a las 12:30 por Carmen Guerra y esposo

 

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Miércoles: Epifanía del Señor. Misa a las 11:00 por Ramón do Novello y difuntos de Casa.

Sábado: Por María Victoria Caneda Rey, Carmen Padín Míguez, Juan Luis Otero Fernández, de Revel, Eladio Otero Rodríguez, de Piñeiros, Manuel Suárez González, Elisa Buezas Bouzada, da Arnosa, Abino Crespo González, padre Antonio y hermano José.

Domingo: Misa a las 11:00 por Manuel Carballa Padín y difuntos de la familia.

domingo, 27 de diciembre de 2020

El sueño de Dios es un pesebre siempre vacío

 


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Me he detenido muchas veces ante el belén recién montado, atraído por los colores de las figuras, por las luces, por los ruidos, por las varias escenas de vida cotidiana de la pequeña aldea de Belén. Sin embargo, este año sólo he tenido ojos para el pesebre. No para el pesebre en cuanto tal, sino por ese “estar vacío” pronto para acoger a alguien. Aquel pesebre acogió al Señor: no hay lugar para Él en la posada. Los hombres no lo acogieron y el Hijo del Hombre encontró calor allí donde las bestias comen su heno. Únicamente los pañales en los que María lo había envuelto, a duras penas nacido, para calentarlo. ¡Qué extraña es la Navidad! Es la fiesta del rechazo de Dios y de la acogida que Éste, por su parte, hace del hombre.

 

Más me fijo en aquel pesebre más me doy cuenta que allí se encuentra todo el sentido de ese nacimiento, de la misión de Jesús: es el cumplimiento de las promesas de Dios, es la salvación hecha carne, es el Amor hecho hombre. El pesebre es el sueño de Dios, de Aquel Padre que desea devolver dignidad a la criatura que traiciona, mata, viola, genera injusticias y sufrimientos. Es el sueño de Dios que por nuestro amor se hace hombre en nosotros para recordarnos que nuestra verdadera identidad es la de ser como Él.

Es a aquel pesebre que hemos de volver para reencontrarnos a nosotros mismos, para ser verdaderos hombres. Es aquel sencillo y pobre pesebre que hemos de contemplar para recuperar nuestra autentica humanidad. Navidad es el sueño que Dios tiene de querer ver aquel pesebre siempre vacío, siempre libre, porque para cada hombre que nace, que viene a la luz, debería haber siempre un lugar cálido y acogedor en el que reposar. Y con pañales que lo envuelvan como un abrazo, venciendo así el frio de la indiferencia que mata. 

 

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Si para el Niño de Belén, el Hijo de Dios, no había lugar entre los hombres, para nosotros en cambio siempre habrá un lugar en el corazón de Dios, de aquel Dios que restituye dignidad y belleza a toda carne. Sin amor, sin Dios, el hombre experimenta el infierno en la tierra porque “infierno es allí donde no está Cristo”(Paul Claudel)

 

Hoy Jesús nace en el pesebre de tantas vidas destrozadas, de tantos corazones incomprendidos, rechazados, maltratados, endurecidos y embrutecidos por el pecado y el egoísmo, y a todos devuelve la luz, la paz, la fuerza, la valentía, el gozo, la libertad…

 

Jesús quiere nacer cada día en nosotros para envolvernos en los pañales de su amor, en el calor de su abrazo. ¡Pero el sueño de Dios no concluye aquí, no puede acabar así! Su sueño continúa y espera que todo hombre, toda criatura se haga pesebre, cuna, casa para sus hermanos.

 

Es verdad que cada año nos llenamos la boca de estas palabras altisonantes. Por Navidad parecen letanía de la obligada cantilena de “buenismos”, casi un antídoto a nuestras Navidades fiesteras y consumistas, mientras nuestro egoísmo nos vuelve cada vez más obesos e indiferentes. A menudo, también en nosotros, no hay lugar para el amor, para la acogida de aquellos últimos, en los que tú mismo a veces te has colocado. Libéranos, Señor, del fardo pesado de todo cuanto nos impide amar y ser libres. Devuélvenos, en esta Navidad, el gusto de las cosas simples que demasiadas veces damos por hechas, el gozo de lo esencial. Sorpréndenos una vez más y haznos descubrir que es bueno que Tú estés aquí, entre nosotros, débil e indefenso Niño, radiante y perturbador Misterio. Y susurra a mi corazón, a nuestro corazón en esta noche: es un regalo que estés aquí.

 

Mn. Francesc M. Espinar Comas