domingo, 22 de marzo de 2020

El arzobispo invita a rezar al Apóstol


Santo Apóstol Santiago,
a quien Cristo, “Camino, Verdad y Vida”,
mostró su predilección.
Tú presenciaste junto a Pedro y Juan
los grandes acontecimientos de su vida,
y fuiste testigo de la curación de tantos enfermos, que Él realizó.
En ti encontró la disponibilidad para “beber su cáliz”,
siendo tú el protomártir de los Apóstoles.
Como Patrono de España pedimos tu auxilio
para los afectados por el coronavirus,
fortaleza y sabiduría para el personal sanitario,
luz y acierto para quienes toman las decisiones
y cercanía generosa para quienes
están ofreciendo su colaboración.
Ponemos toda esta situación bajo la mano maternal
de Nuestra Señora de la Salud.
Y tú, como amigo del Señor, acompaña a los fallecidos
hasta el Pórtico de la Gloria
 e intercede por nosotros ante Él
para que nos veamos liberados de esta pandemia.
Amén

NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER


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Del pozo de Sicar -lugar de enamoramientos y confidencias amables- a la piscina de Siloé: parece como si Cristo, escogiendo la compañía de personajes defectuosos, se divirtiera en hacer explotar casos de escándalo nacional. Y no tanto por el placer de provocar, sino con la intención de despertar conciencias adormecidas, corazones acartonados, almas tan somnolientas y obstaculizadas en la carrera hacia el cielo. Si además lo hace en sábado -día de reposo, de fiesta y de brazos cruzados preceptuado por la ley- entonces el plato está servido. Y la Cruz, próxima. 
Siloé, en los bordes de una piscina. Como Sicar, también aquí agua: agua, palabras y salvación. En torno a un torrente de gente, la misma escena de cuando sucede un accidente en la carretera. Es como si advirtiesen en la propia piel que aquel Hombre -que en pocos días había suscitado simpatías y antipatías- estaba a punto de hacer una de las suyas: la enésima. Todas las miradas fijas en Él, pero no demuestra sentirse incómodo con ello. Mira al ciego -que no puede mirarle- escupe en el suelo, modela el barro con la saliva, se lo extiende en los ojos y le invita a marcharse: “Ve a lavarte”. Como si no bastase levantar los ojos al Cielo y salvarlo. No, Cristo quería palpar la tristeza de aquellos párpados, extender la mezcla de barro y saliva sobre aquellas persianas bajadas desde siempre, como excusándose por aquel apagón tan largo y fastidioso: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé”. En la piscina: delante de tantos, de cara a los biempensantes, a las claras del día. Y él va: vuelve y ve. Punto y aparte. 

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Piscina de Siloé
“¿Quién te ha abierto los ojos, desgraciado?” ¡Tú conoces bien aquel Hombre que se considera tan grande como para abrir los ojos a un ciego! Y justamente en sábado. Admítelo: es un impostor, un pecador, un disidente. 

Pero él esta vez ve. ¿Y qué le importan los desprecios de los corazones envidiosos?  Al fin y al cabo ¿quién es aquel Hombre? Sólo sabe que antes no veía y ahora ve. Si es un pecador no lo sé. Sé sólo que he sentido el calor en sus dedos, una caricia silenciosa. Nadie antes me había acariciado así. ¡Qué emoción! Yo también estoy sorprendido, me gustaría agradecérselo, pero no lo conozco. Quisiera conocerlo. Ayúdame a conocerlo. Yo únicamente sé que puedo jurar que era ciego. Era ciego y ahora veo. Pienso que quizás es un profeta. 

¡Sí, hombre, ahora todos son profetas! ¿Y nosotros quiénes somos? ¿Sabemos o no diferenciar lo justo de lo falso? Pon por caso que hubiese bajado del cielo: ¿por qué te escogería a ti, vagabundo? ¿Dónde están tu padre y tu madre? Y estos no se atreven a defenderlo, no se exponen. Lo máximo que dicen es que es mayor de edad y que se lo pregunten a él. 

Y le brindan la alternativa: ¡Habla, ciego! Explica de una vez por todas cómo ha sido posible. Lo ha explicado antes: quizá sean ellos los ciegos. Paciencia. Empecemos de nuevo. Por un milagro tan grande vale la pena tener la paciencia de repetirlo. Pero lo que ellos quieren es: o que diga que jamás fue ciego, o que siga diciendo que no ve. Y que jamás se encontró con aquel Hombre. Y además que ir en contra de ellos le puede costar caro.
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Pero después de haber saboreado la curación, las intimidaciones no valen. Para la salvación no hay que pagar comisiones ilícitas. Ni cobrar sobornos. Y continúan las trampas, los desprecios, las burlas, las presiones. Decid lo que queráis, pero yo veo. Ahora ya puede mirarse las manos y las arrugas, las sonrisas, constatar la tristeza en los rostros. Y además, rojo, naranja, amarillo, azul, verde. Mi padre, mi madre: ¡qué emoción!

El delirio de los celos: con la piel enrojecida por la furia, los rostros del odio: ¿pero qué tiene ese Hombre fastidioso?, ¿cómo te ha curado esos párpados malditos? Quizá malditos en otro tiempo. Ahora bendecidos, son los ojos de ellos los realmente ciegos. Los que ven mal, los que no quieren ver. 

C:\Users\Cesc\Desktop\escribas-y-fariseos-1.jpgEn este momento no sólo el ciego ve, también sabe hablar: la suya es una palabra, una voz, una profecía. Os lo he dicho una y otra vez: barro, saliva, manos, era ciego y ahora veo. “¿Quizás tenéis añoranza de ese Hombre? ¡Yo creo, Señor! ¡Vaya por Dios!: tocados y hundidos. Mira los ciegos. ¡Qué horror con aquellos que están cegados! Han entendido todo, es decir, que cuando se escupe al Cielo, uno sale derrotado a ultranza. Han entendido y quieren regular todo a su antojo. Y finalmente lo expulsan. La más antigua solución de los imbéciles y los cobardes. Si no entiendes, si no aceptas, si te molesta: expúlsalo. Hasta el más pequeño de los milagros resultará molesto para quien no soporta al Amor. También en los evangelios, especialmente en los evangelios, no hay peor ciego que el que no quiere ver. 

Mn. Francesc M. Espinar Comas

domingo, 15 de marzo de 2020

La fuente de agua viva


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Ni siquiera ella quizás sabía por qué se había dirigido hacia aquel pozo: por costumbre, quizás por necesidad. Más probablemente fue un sencillo gesto cotidiano que se repetía a menudo en su vida: ir y llenar, volver y vaciar. Para de nuevo partir con el cántaro sobre la cabeza al amanecer. “¡Dame de beber!”: es una voz varonil, son palabras adultas y secas, aquel Hombre viajante tiene sed. Él tiene sed, ella además de ser una mujer emprendedora está defectuosa: una mujer normal no aplaca fácilmente a seis maridos. Este es un extraño mediodía junto al pozo de Sicar -lugar de encuentro de amores y enamorados- en la tierra que fue del padre de Jacob. Normalmente es ella la que pide de beber, o son ellos -hombres de paso- los que lo hacen, con inmodestas maneras, bajo irónicas expectativas. ¿Son tantos los que se han saciado con ella, por ella, gracias a ella? “Has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es tu marido” Este es todo el sermón del Caminante: nada más que un pequeño recordatorio desde el corazón al corazón para hacerle comprender el motivo que la había guiado hasta el pozo. No habló aún de vida eterna: de entrada le hubiera interesado más una eterna juventud. Ardiente. 

C:\Users\Cesc\Desktop\pellegro-piola-cristo-e-la-samaritana-al-pozzo.jpgLa samaritana tiene sed y el Forastero no se burla de ella: simplemente busca entrar en su alma -tierra de caza furtiva, en tiempos pasados, para cazadores desalmados- buscando ensanchar el espacio de su corazón y encontrar lo que verdaderamente importa: aquel misterio audaz y enrevesado que esta mañana la puso en camino sin que ella siquiera se diese cuenta. San Agustín en su Comentario al Evangelio de San Juan, pinta tales movimientos de Cristo con palabras poéticas: “Jesús poco a poco se hace un lugar en su corazón (…) Aquel que le pedía de beber tenía sed del deseo de aquella mujer”. Hay un espacio para una intriga junto al pozo: el Amante, la amada y el amor. Lo que ella conoce -y quizás espera-, es que un día llegará el Mesías, aquel que nos hará conocer todo. Quién sabe cuánto ha soñado con él, saboreado anticipadamente, deseado entre mil amores de una vida perdida. Estaba entrenada para los hombres, quizás amargamente: bastaba el rumor de un paso, el devenir de un gesto, el encanto de una mirada, y todo en ella se iluminaba: luz, gusto y disgusto. Quizás incluso alardeaba de ello con las amigas, quizás en la oscuridad de la alcoba o ante el espejo coqueteando consigo misma con aquella perspicacia femenina. Y sin embargo esta vez es un Hombre el que la sorprende: “Soy yo el que te habla” Y esto es suficiente para que cese su estilo desafiante junto a aquel pozo de amoríos, para que refresque toda su feminidad, para que le entre el deseo de un agua diversa: que apague la sed, verdadera y fresca.  

C:\Users\Cesc\Desktop\caminoaJerusalem.jpgYendo al pozo a buscar agua, encuentra el Agua. Y pasa cuentas con aquel Hombre que le pide de beber. Que le ha dicho todo lo que ha hecho, todo lo que ha sido, todo en lo que podía convertirse de ahora en adelante. Fue una confidencia cara a cara, quizás una exigencia Suya. Poco importa que esperase justo el momento en que sus discípulos fueron a comprar víveres para abordarla, seducirla y llevarla paso a paso por las peripecias del corazón acostumbrado. ¿Los discípulos hubieran sido obstáculo? ¿Quizá se hubieran escandalizado de aquel encuentro el samaritano, el forastero, el defectuoso? Cristo prefirió no complicar las cosas: se arremangó y puso toda la carne en el asador haciendo de Dios. Los discípulos volvieron de la ciudad con los cestos a rebosar: comida y bebida. La mujer volverá a la ciudad: sin cántaro y olvidando el motivo por el que había ido al pozo, pero con el corazón lleno: de amor, de esperanza, de posibilidad. De sorpresa por aquel Hombre que le dijo todo lo que había hecho. Y lo más importante: todo lo que podía hacer de ahora en adelante.

Mn. Francesc M. Espinar Comas

sábado, 14 de marzo de 2020

El Valor infinito de la Santa Misa

Para todos los que quieran seguir la Santa Misa .




Escuchamos lo que decía el Santo Cura de Ars: «Sabéis ya que el santo sacrificio de la Misa es el mismo sacrificio de la cruz que fue ofrecido allá en el Calvario el Viernes Santo. Toda la diferencia está en que, cuando Jesucristo se inmoló sobre el Calvario, aquel sacrificio era visible, es decir, se presenciaba con los ojos del cuerpo; Jesucristo fue inmolado a su Padre, por manos de sus verdugos, y derramó su sangre; por esto se le llama sacrificio Cruento: lo cual quiere decir que la sangre manaba de sus venas y se la veía correr hasta el suelo. Mas, en la santa Misa, Jesucristo se ofrece a su Padre de una manera invisible; es decir, tal inmolación la vemos con los ojos del alma pero no con los del cuerpo. Ved, en resumen, lo que es el santo sacrificio de la Misa. Mas, para daros una idea de la grandeza y excelsitud del mérito de la santa Misa, me bastará deciros, con San Juan Crisóstomo, que la santa Misa alegra toda la corte celestial, alivia a las pobres almas del purgatorio, atrae sobre la tierra toda suerte de bendiciones, da más gloria a Dios que todos los sufrimientos de los mártires juntos, que las penitencias de todos los solitarios, que todas las lágrimas por ellas derramadas desde el principio del mundo y que todo lo que hagan hasta el fin de los siglos. Si me pedís la razón de esto, ella no puede ser más clara: todos estos actos son realizados por pecadores más o menos culpables; mientras que en el santo sacrificio de la Misa es el Hombre – Dios, igual al Padre, quien le ofrece los méritos de su pasión y muerte. Ya veis, pues, según esto, que la santa Misa es de un valor infinito.»



Aviso ante la situación actual (COVID-19)




Ante la situación preventiva que ha puesto en marcha la Xunta de Galicia para contener el coronavirus y el estado de Alarma decretado en toda España (COVID-19):

A partir de hoy, y hasta nuevo aviso, en la parroquias de Dena y Villalonga quedan suspendidas todas las actividades parroquiales, catequéticas o cualquier otra actividad.

Desde la parroquia nos pondremos en contacto con los padres de los niños de la catequesis para indicar los temas a trabajar mientras dure esta situación dada la cercanía de las Primeras Comuniones y de la Confirmación.

Por mandato del Sr. Arzobispo y la CEE quedan exentos los fieles del precepto de asistir a Misa. Sin embargo, los templos se abrirán y se oficiará la Eucaristía sin asistencia del pueblo.

 Quedan pospuestas sin día todas las intenciones, funerales, bodas o bautizos.
En caso de fallecimiento pónganse en contacto con las funerarias y posteriormente se acordara con los familiares el entierro en la intimidad y el funeral se pospondría hasta después de la crisis.

Como sacerdote y párroco deseo comunicar mi cercanía a todos, especialmente a los enfermos a los que tengo presente a diario en la oración personal y comunitaria, de modo más intenso estos días.

Para cualquier aclaración puede dirigirse al teléfono del párroco.

domingo, 8 de marzo de 2020

La transfiguración de Jesús


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Por un instante parece como si tirase su camuflaje de hombre. Ha cogido a tres: no los más santos, no los más loables y mucho menos los más mansos. Tres y no doce: ciertos cálculos del corazón permanecerán como elementos indescifrables hasta el final. Los coge y los conduce allá arriba, quizás era el monte Hermón, majestuoso y de belleza impresionante. Quizás el más humilde Tabor, de cresta más suave. Poco importa: sobre lo alto de un monte ellos, hombres de mar y llanura, cual sorpresa inesperada del Amigo. Quién sabe si los vio titubeantes en el umbral de aquella casa de Betania, quizás astuto descubrió en ellos aquel tono de incredulidad que les empañaba el corazón. Quizás aquel día Él se despertó y sintió la humana exigencia de mostrarse tal cual era de verdad: el Dios de las sorpresas, el Hombre de la Luz, el Sol de la Historia. 

Fue una especie de ensayo técnico para los días venideros, aquellos tempestuosos y desconcertantes de la Pasión que serán anticipación y preludio de los amables y confidenciales de la Resurrección. 
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Monte Hermón (Izquierda) y Monte Tabor (Derecha)

La Transfiguración es el ensayo técnico de la Resurrección: el deseo loco de Dios -que aquí aparece en toda su ordinaria cotidianidad-  a ver si caída la “máscara” de hombre, aquella amistad resistirá. Si aquellos hombres acostumbrados a verle haciendo milagros y pasar los días, sabrán conservar la amistad también después, también en otro lugar, incluso en la Eternidad. En resumen: también Cristo advirtió la necesidad de ensayar la fiabilidad de su historia de amor con ellos. ¿Me amarán de verdad? ¿También como Dios? ¿Aguantarán? Pensamientos casi pueriles de un espíritu juvenil como siempre conservó el Nazareno. De esta manera en un abrir y cerrar de ojos, mientras se adormecían “su rostro brilló como el sol y sus vestidos se volvieron resplandecientes y blancos como la luz”. De tal manera que al volver a abrir los ojos se parecían a aquellos jóvenes que los domingos se levantan cuando el sol despunta por el tejado de casa. Tarde, pillados y acogidos por la luz, a mediodía. 

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Para Él fue un ensayo técnico, para ellos un flash. La foto que les recordará aquel mismo instante en el que contemplaron al Amigo con una profundidad inesperada, como si el ojo hubiera conseguido posar sobre la intimidad de aquel Hombre. Resisten: mañana trabajarán, pasado mañana huirán, pero esta mañana aguantan. La amistad resiste: por la alegría de Él, por la alegría de ellos. Que es alegría desmedida. Se aguantan de tal manera que en su corazón hay un solo deseo: el de quedarse allí para siempre. ¡Y a quién le importan los demás! Y sin embargo no puede ser ese un privilegio para los privilegiados. “¡Levantad, vamos!”Exhortación a modo de garantía. Y mutis hasta la Resurrección. Todo amor guarda celoso un secreto que se revela sólo entre amantes y una foto en el bolsillo: la Suya, bellísimo, luminoso, cegador. Y más aún: digno de confianza. Una foto que dentro de poco habrá que desempolvar: en el momento de Judas, en el Huerto de los Olivos, al pie del Gólgota, bajo la Cruz, en el silencio ensordecedor del Sábado Santo. Aquella foto: para no olvidar, para no sucumbir, para no echar a perder todo lo vivido con Él. 

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Si se hubieran quedado en lo alto del monte hubiera sido como hacer el juego al Enemigo: la tentación siempre es la de quedarse en los momentos felices, de ser desmemoriados en  los lugares donde se alberga la tristeza. Él les impedirá quedarse allí arriba: hubiera acabado siendo como un privilegio de pocos. Injusto, derrochado, demasiado humano en los cálculos, los arrastró hasta la llanura -    Él con ellos- entre tribulaciones y sufrimientos, entre cotidianidad y polvo, en los cruces de caminos. Allí donde les había encontrado para conducirlos hacia arriba. Todo como antes, excepto aquella confidencia impresa en sus corazones que les había procurado la certeza de que Dios no va de farol: es lo que dice. Luz, resplandor, sorpresa: Presencia digna de crédito. El ensayo técnico de Dios. La foto de los tres. La Transfiguración: Dios no miente. 

Mn. Francesc M. Espinar Comas

Semana del 9 al 15 de marzo



Dena

Intenciones de las Eucaristías. De Martes a sábado a las 20:00 horas.

Lunes: A las 19:00 Misa por la Sra. Lola do Adro y difuntos de la familia; Pastora Pombo Padín y su padre Manuel Pombo.
Martes: Comienza la novena a San José. Sobre las 19:30 Rosario, Novena y Eucaristía.
Miércoles: Por Román Cousido Besada, padres y hermanos; victoria Padín Camaño e hijos fallecidos; José Cacabelos Gondar.
Jueves: Por las Vocaciones Sacerdotales y Religiosas.
Viernes: Por Elisa Arosa y esposo; Benjamín Castro Minguillo.
Sábado: Por Manuel Avelino Rey Martínez y esposa Argentina; Eladio Pombo Vidal; Obdulia Méndez Meis.
Domingo: Primera Misa a las 9:00 por la Parroquia. Segunda Misa a las 12:30 por los niños y jóvenes de la Catequesis.

Villalonga

Intenciones de las Eucaristías. Durante la semana a las 19:00 horas.

Martes 10: Por Celso Manuel González Tacón.
Jueves 12: Ejercicio del Santo Vía Crucis.
Sábado 14: Por Victoria Caneda Rey; Carmen García Carballa, da Tomada; Horacio Martínez Domínguez, da Bouza; Marina y Carmen Méndez Camiña.
Domingo 15: Misa a las 10:30 por Manuel Leiro Méndez y difuntos de la familia, da Arnosa; María Esther Troncoso Poceiro, da Vichona; Carmen Alfonso Sineiro, hija Isabel y suegra, de Piñeiros. Segunda misa a las 11:30 por la Parroquia.